Capítulo 1: Acecho

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¿Qué podría llevar a una persona a renunciar a sí mismo? Existen varias causas. Por ejemplo, alguien renuncia a sí mismo cuando está enamorado de una manera incorrecta. Aquel que está gobernado por sentimientos románticos, nublando todo uso de razón, vive para la persona a la que dice amar, transformándose completamente para alegrarlo. Otros olvidan quienes fueron cuando algo nuevo y positivo entra a su vida, por ejemplo, un suma grande de dinero y fama de golpe pudieran ser las razones de que uno ignore sus valores. Por último, el mundo laboral es el causante de extraviar a muchos. Este último factor, a veces, es inevitable.

Santiago es una de esas personas que se deja llevar por la manipulación de los empleos. Constantemente se queda con pocas horas de sueño, tiene que cumplir con tareas complicadísimas y desgastantes y, para colmo, aceptar una cantidad mínima de dinero por sus sacrificios. Pero ¿Qué más puede hacer? Su abuelo recientemente entró en cuidados intensivos debido a una enfermedad crónica y necesita dinero.

Aunque su hermana, Gloria, le ha dejado claro que no debería de trabajar como si él fuera el único en tener esa deuda con el hospital, Santiago no ha cedido sus esfuerzos en seguir trabajando en empleos injustos. La mecánica familiar consiste en un ciclo que se compone en Santiago llegando a su límite, Gloria obligándolo a dejar el trabajo y, nuevamente, Santiago obteniendo un nuevo empleo. Ahora mismo es el momento donde el ciclo ¨vuelve a empezar¨.

La famosa tienda de ropa y accesorios llamada ¨Boutique Leah¨ requería de un vigilante nocturno. Aunque es conocido por todos en la zona que ese lugar necesita usualmente guardias en ese turno, indicando el posible mal ambiente de trabajo, a Santiago le dio igual. Además, esto era un respiro; tan solo tenía que cubrir el turno de la noche con una buena paga.

Santiago está en su primera noche como guardia nocturno de Boutique Leah. La sensación de haber encontrado un ¨buen trabajo¨, mezclado con el cansancio habitual, hace que estar encerrado en un cuarto a las afueras de la tienda sea lo más regenerador posible. Como no podía faltar, Santiago también llevó una vela aromática, se sirvió un delicioso café con crema de la cafetera que hay ahí, agraciadamente para él, y tan solo se limitaba a ver las cámaras. Esa tranquilidad no podía ser rota ni por la llamada de su hermana en plena noche.

-¿Pasó algo con el abuelo?

-¡¿Qué te pasa?! ¡Obvio que no, tonto! No entiendo cómo puedes ser tan catastrófico. Además ¿Por qué lo preguntas así? Ni parece que te importe.

-Perdón, ahora mismo me siento muuuy relajado.

-Menos mal ¿Y qué tal? ¿Al final no resultó ser una empresa estafadora?

-No... Hasta hay café y, en general, tengo muchas libertades.

-¿Y por qué la gente renuncia?

-Eso no lo sé, quizás por la paga y el horario, pero no lo veo mal la verdad.

Santiago y Gloria ya habían hablado sobre ese nuevo trabajo antes de la primera noche. Claramente, Gloria estaba disgustada con la idea de que su pobre hermano fuera a meterse a otro lugar con muy malas reseñas, otra vez... Pero ahora que no había problemas a la vista, parecía esperanzador para ambos.

-Solo que me dejaron indicaciones, mmm... ¿Interesantes?

-¿Como cuáles?

-Que no entrara a la tienda tal cual, que solo vigilara el perímetro y, como máximo, el almacén. Pero eso sí: me recalcaron muuucho que no entrara a donde está la ropa.

-Sus razones tendrán, pero que raritos. Quiero decir, si vas a trabajar como ¨guardia¨ debería de tener acceso a todo el lugar.

-Lo peor es que sí tengo acceso. Me dejaron las llaves, incluidas las del piso de venta.

-Pues para no tener problemas, ni asomes tus narices ahí.

-Ya, ya, sí entiendo.

Mientras Santiago revisaba las notas del escritorio, se dio cuenta de que había una caja que decía ¨En caso de emergencias¨.

-¡Oye, me dejaron algo en caso de-

Al voltear a la pantalla tranquilamente, notó que 2 personas encapuchadas estaban saltando la barda del local, en la parte trasera. Lo ocasionó la interrupción de la llamada fue que uno de esos encapuchados miró a la cámara, dejando helado a Santiago.

-¡A-ahora te llamo! ¡Y-y p-por favor, si no contesto en media hora llama a la policía!

-¡Pero qué sucede, quién-

Santiago no deja terminar de hablar a su hermana. Busca por todos los cajones del escritorio hasta dar con una pequeña llave, la cual estaba destinada a ser el acceso a la caja ¨En caso de emergencia¨ que le habían dejado. Asustado, apenas podía insertar la llave en la cerradura. Cuando logró abrir la caja, se percató que había un revolver pequeño y, al lado, balas. Santiago estaba impactado por lo que tenía ahora en sus manos ya que no estaba capacitado para disparar un arma de fuego, aunado el hecho de que no le habían avisado que tendría un arma como defensa. Para él, el tiempo corría; los encapuchados ya habían entrado por la puerta trasera de la tienda, por el lado del almacén. Incrustando las balas con el mismo nerviosismo, Santiago salió corriendo de su espacio de trabajo a las afueras del lugar. El lugar estaba hermoso y cuidado, era un jardín muy elegante. De nada servía la apariencia del lugar debido a que estaba tan apurado que no prendió ninguna luz, dirigiéndose a las amenazas a ciegas.

Pese a la respiración forzada, Santiago no estaba haciendo ningún ruido. Entró al lugar con todo el miedo del mundo. El almacén era un caos de cajas, maniquís y ropa cubierta de plástico colgadas en estructuras de metal. No había rastro de vida por ahí, pero sí veía que al fondo estaba la puerta que, aparentemente, conectaba al piso de venta. Esa era la única luz que veía alrededor; una cálida iluminación que se veía en el medio cerrar de la puerta. Al llegar hasta ahí para después asomarse, se quedó extrañado y congelado: Miraba a las 2 encapuchados, que resultaban ser mujeres. Pero, además, notó a otras 2 figuras más. Eran hombres altos, uno más fuerte y espaldudo, mientras que el otro era delgado. Estos hombres vestían la ropa fina y elegante de la tienda. Todos los de ahí parecían tener su atención en uno de los maniquís del centro.

Cuando Santiago empujó un poco la puerta, esta rechinó. Volteó rápidamente al pistón de arriba de la puerta que había rechinado, pero después miró a los que estaban ahí, otra vez. Lamentablemente, todos se habían percatado de su presencia. Cuando quiso huir al dar media vuelta, alguien lo tomó del hombro estrujándolo con mucha fuerza y fue noqueado con un golpe.

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⏰ Last updated: Mar 18 ⏰

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