1- Castaño Oscuro

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La noche de Medellín siempre tenía ese aire eléctrico, pero a las siete de la noche, trotando por los alrededores Yeimy Montoya sentía que la ciudad le pertenecía de una forma distinta. El viento frío golpeaba su rostro, haciendo que su nuevo cabello castaño oscuro, ahora más largo y brillante, ondeara con cada zancada.
Se sentía imparable, luce rejuvenecida, hermosa y SANA. Había sido un día "full", de esos que no dan tregua; entre reuniones con patrocinadores y los preparativos para el aniversario de la fundación, apenas le quedaba aliento. Pero el ejercicio era su ritual de paz, el único momento donde podía ser simplemente ella,
De repente, su celular sonó. Al ver el nombre en la pantalla, una sonrisa automática iluminó su cara. Era Alma. Yeimy bajó el ritmo, recuperando el aire con elegancia, y presionó el manos libres.
-¿Mami? ¿Falta mucho? -la voz dulce de su hija inundó sus oídos-. Papi ya está terminando de preparar la cena y te estamos extrañando mucho. ¿Ya vienes?
Yeimy sintió un calorcito en el pecho que ninguna carrera le podía dar. Se detuvo un momento, con el corazón lleno de orgullo.
-¡Eh, mi amor! Pero cómo sos de linda, mi princesa -respondió Yeimy con ese acento paisa arrastradito y tierno-. No sabés la falta que me hacés vos también. Ya terminé por hoy, mi vida; justamente voy saliendo para la casa a encontrarme con mis dos tesoros.
-¡Súper! Apurate que esto huele delicioso -respondió Alma emocionada.
-Ya voy volando, mi reina hermosa. Te amo con toda mi alma, y decile a tu papá que ya voy para allá, que los amo -se despidió Yeimy, sintiendo que el cansancio de todo el día de reuniones desaparecía de golpe.
Guardó el celular todavía sonriendo, y subió al auto a retomar el camino a casa.
A medida que avanzaba, el ruido habitual del tráfico fue reemplazado por un estruendo de pitos, gritos y el eco seco de cacerolas golpeadas con rabia. Al doblar la avenida principal, se topó de frente con una muralla humana. El paso estaba casi bloqueado y el tráfico avanzaba a paso de tortuga.
-¿Y esto qué pues? -se preguntó Yeimy, frunciendo el ceño mientras maniobraba el auto con cuidado.
Bajó un poco el vidrio y el sonido de la indignación la golpeó de frente. Alcanzó a leer las pancartas pintadas con letras desesperadas: "QUEREMOS LAS VIVIENDAS QUE NOS PROMETIERON", "DEN LA CARA, ESTAFADORES", "JUSTICIA PARA LA COMUNA".
Yeimy sintió un apretón en el pecho al entender lo que significaba que le robaran el sueño de un techo a la gente, pero el cansancio de un día "full" de reuniones le ganaba la partida. "Nooo, esto sí es mucho hijoemadre, ¡qué pesar! ¿Quiénes serán responsables de esto? Ojalá puedan resolver", pensó con pesar mientras lograba salir del embotellamiento y tomaba rumbo definitivo a casa.
Al abrir la puerta del apartamento, el olor a cena casera la recibió como un abrazo.
-¡Heeeeeyyyy, mis amores! ¡Aquí estoy! -exclamó Yeimy, dejando las llaves y el bolso en la entrada-. ¡Vengo muerta del cansancio y del hambre!
Charly se asomó desde la cocina para saludar a su reina, con ese estilo que solo él tenía, y Alma corrió a recibirla. Los tres se acomodaron en la mesa, pero antes de que Yeimy pudiera siquiera mirar el plato, la pequeña la detuvo con una autoridad que la dejó fría.
-¡Mami! ¡Momento! -dijo Alma, señalándola con el dedo índice y una sonrisita seria-. Recordá lavarte las manos, que venís de la calle y hay que ser responsables.
Yeimy se quedó congelada a mitad de camino hacia la silla. Miró a Charly, que aguantaba la risa, y luego volvió a mirar a su hija.
-¡Eh, pero miren pues a esta reina! -respondió Yeimy soltando una carcajada orgullosa-. ¿Ustedes están viendo esto? Me salió más juiciosa y responsable que el mismísimo Ministerio de Salud. ¡Venga para acá, mi doctora preferida! Así me gusta, que cuide a su mamá.
Después de cumplir con el ritual del lavado de manos, Yeimy se sentó y suspiró al ver la comida.
-Oye, amor -dijo mirando a Charly mientras empezaba a probar bocado-, sabés que me encontré con un alboroto tenaz ahí en la calle. La gente estaba atacada y enojada, bloqueando casi todo el paso. Alcancé a leer algo de unos terrenos, estafas y esas cosas... Me dio un pesar, Charly.
-Charly hizo una mueca de indignación mientras le servía un poco más de jugo-. ¿No me digás? ¿En serio? Con razón te demoraste tanto, princesa. Es que la calle está que arde, algo escuché en las noticias. Pero mirá, que esa mala energía se quede por allá. Aquí en esta mesa solo hay amor y esta comida que me quedó -hizo un gesto de beso con los dedos- ¡una chimba! No dejés que esos estafadores te quiten también el hambre, que para eso estamos nosotros aquí para consentirte. ¡Eh, ave María, qué injusticia tan brava jugar así con la gente! -dijo Yeimy. Pero bueno, ojalá eso se les solucione pronto porque se veían muy desesperados.
Sacudió la cabeza para espantar la mala energía y cambió el tono, haciendo que sus ojos brillaran otra vez.
-¡Pero bueno! ¡Ceeeeenaaa, mis amores! ¡Que estoy que me ceno hasta los cubiertos, jajajaja!

La Reina del Flow 4 -El Legado- Stories to obsess over. Discover now