Fue difícil contener la alegría burbujeante en su pecho, y es que aún no podía creerlo. Después de cuatro largos años, volvería a encontrarse con su hermano mayor. El tiempo de su servicio había finalizado, al igual que su entrenamiento como futuro gobernante, lo que significaba que podía volver a casa sin ningún tipo de inconveniente.
—Mi príncipe, sé que está feliz, pero no puede abandonar sus clases ni siquiera hoy —murmuró la doncella con una pequeña mueca, sin dejar de peinar el sedoso cabello negro del omega, quien la miró a través del espejo con evidente descontento.
Jeongin deseaba protestar, pero no tenía sentido, así que tuvo que darle la razón con un deje de tristeza.
Tendría clases de bordado y una reunión con el comité para organizar la celebración de bienvenida de su hermano. En otra ocasión, le habría encantado organizar un baile, pero no cuando sabía que su hermano odiaría la idea, sin importar que fuera en su honor.
Sus padres, lenta pero progresivamente, le habían estado cediendo responsabilidades cada vez más grandes y aquello lo hacía sentir orgulloso, aunque también ansioso por complacerlos y alcanzar sus altos estándares.
Al inicio, se sintió sorprendido cuando su padre omega lo invitó a sus reuniones con el pueblo, o cuando comenzó a pedir su opinión para organizar el menú de la semana, escoger las flores del palacio o las telas de sus vestidos. También había empezado a enseñarle más acerca de sus responsabilidades como reina, lo cual lo invadía de una incertidumbre enorme. Jeongin nunca tuvo aspiraciones de gobernar porque esa era la tarea adecuada para su hermano, Hyunjin. Por esa razón, estaba confundido ante el empeño de sus padres en prepararlo.
Jeongin había tenido una educación exquisita, más que suficiente para ser envidiado por cualquier noble o plebeyo. Era perfectamente consciente de que, algún día, se casaría con un duque o un noble adinerado.
Su deber con el reino era claro: casarse y forjar una relación beneficiosa para la nación.
No podría convertirse en reina y tampoco lo deseaba porque Hyunjin sería un gobernante perfecto. Por lo que, aquello abría un nuevo temor para el omega: ¿pensaban sus padres enviarlo al exterior, a un reino extranjero, para enlazarse con un alfa que lo alejaría de todo lo que amaba? Pese a que era un tema que no dejaba de preocuparlo, Jeongin tuvo que apartarlo de su mente, encogiéndose y aceptando las enseñanzas dadas.
No podría negarse si eso era lo que su padre, el Rey, había decidido para su vida. Los omegas no tomaban decisiones de ese tipo.
—Auch —se quejó, mirando sus dedos pinchados.
El omega a su lado frunció el ceño.
—Está muy distraído hoy, alteza —señaló con suavidad mientras le ayudaba a recoger sus cosas del suelo.
Jeongin se mordió el labio inferior, alegrándose de que la mañana estuviera a punto de terminar y, con ella, sus aburridas clases de bordado. Era ágil y bueno en las manualidades, pero no eran su pasatiempo favorito; eran más un trabajo, una obligación.
Repentinamente, los omegas que estaban en su compañía comenzaron a murmurar entre sí, mirando de reojo en una dirección específica mientras sus aromas se cubrían de una excitación emocionada y curiosa. Jeongin lo encontró extraño hasta que levantó la mirada, saliendo de sus pensamientos y abandonando el cuidadoso bordado que había estado practicando, para encontrarse con una vista que lo golpeó. Durante un par de segundos se quedó en silencio, paralizado por el asombro y la incertidumbre.
Dudó más de lo que esperaba, pero lo reconoció: era él. Definitivamente era Hyunjin. Su hermano.
El ejército lo había cambiado. Habían sido cuatro largos años lejos, fuera de casa, preparándose para ser el hombre que era hoy. Dejándose llevar por un impulso, se levantó tirando sus cosas a un lado, lo que atrajo la atención del resto de su compañía. Los omegas parecían confundidos por su reacción, y tenía sentido porque la mayoría de ellos no conocían a Hyunjin y el resto no habían sido lo suficientemente cercanos para reconocerlo ahora que era un hombre maduro, y no el adolescente que se marchó.
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Derecho de nacimiento
FanfictionDespués de cuatro largos años separados, cumpliendo con las obligaciones de sus títulos, Jeongin y Hyunjin vuelven a encontrarse. Las cosas han cambiado entre los hermanos. Es difícil para Jeongin reconocerlo.
