OTRA OPORTUNIDAD

0 0 0
                                        

El abuelo de Millie se encontraba sentado a la mesa.

Frente a él, una bandeja con galletas horneadas hace ya un rato desprendía un ligero vapor dulce que llenaba la cocina.

Las había preparado para su nieta.

Pero Millie no aparecía.

La casa estaba en completo silencio.

El abuelo observó las galletas durante un momento más, esperando escuchar los pasos apresurados de la chica emocionada corriendo en dirección al olor de galletas recies horneadas como solía hacerlo.

Nada.

Los minutos pasaron lentamente.

El reloj de la pared marcó cada segundo con un tic suave y constante.

El abuelo dejó escapar un ligero suspiro.

Justo entonces...

¡CLANG!

Un estruendo metálico rompió el silencio de la casa.

El sonido parecía provenir del taller.

El abuelo se levantó de la silla de inmediato, alerta por el ruido repentino.

En el taller, las colecciones del abuelo permanecían exactamente donde siempre. Cómics antiguos, cartas y pequeñas figuras cuidadosamente acomodadas en un estante. En una de las paredes colgaban las placas de autos y viejos rines metálicos que reflejaban débilmente la luz y en la otra se encontraban los palos de béisbol y raquetas de tenis gastadas por los años.

Cerca de la puerta de entrada al taller la armadura decorativa, imponente e intimidante quien montaba guardia acompañada del lado opuesto por el lince disecado.

Sentado en una esquina del taller...

Estaba el oso de color blanco y rosa desgastado.

Un enorme oso robótico.

Su cuerpo metálico ocupaba casi toda la esquina. Sus brazos extendidos descansaban rígidamente sobre el piso, como si hubiera quedado congelado en medio de un movimiento.

En ese momento, el animatrónico pareció tener una convulsión acompañada del tintinear de la luz de los ojos del animatrónico y un sonido metálico producto de su caja torácica estampándose contra el suelo. Pequeños chillidos provenían dentro del gran ser de metal junto a una respiración agitada.

Desde adentro algo se arrastraba. 

Unos brazos se asomaron, seguidos de una cara. Millie sintió una leve brisa recorrer su cara y sus brazos los cuales no eran cubiertos por su ropa rasgada, producto a la posición en la que se puso para evitar ser decapitada. En vez de que su cabeza rodara, su ropa termino pagando el precio. Entumecida por el frio, producto de su piel haber estado en contacto durante horas con el metal helado dentro del robot.

Millie siguió arrastrándose unos pocos centímetros más, ya con parte de sus brazos fuera del robot. Se arrastro un poco más hasta caer de espaldas contra el suelo. Aun en shock, Millie no apartaba su vista de la inmensa creatura metálica en la que había estado dentro durante un tiempo prolongado e incierto que pareció una eternidad en la cual la estuvo atormentando.

Los ojos brillantes de la creatura seguían tintineando y viéndola fijamente, inmóvil.

Sin apartar la vista de los ojos de la creatura sintiendo que, si dejaba de hacerlo se abalanzaría sobre ella o algo por el estilo, Millie fue retrocediendo de espaldas, así durante un poco rato, se detuvo al sentir que chocaba contra algo, volteo, era la caja torácica del animatrónico. Se dio cuenta en ese momento, había apartado la mirada. Nuevamente giro la cabeza, para su fortuna, seguía manteniéndose inmóvil.

After Count The Ways.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora