Prólogo

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Siempre me ha parecido curioso lo mucho que los humanos hablamos de los dioses… y lo poco que realmente sabemos de ellos.

Quiero decir, si lo piensas un momento, llevamos miles de años discutiendo exactamente lo mismo. Si existen. Si nos escuchan. Si se preocupan por nosotros. Si somos algo más que un accidente en medio de un universo demasiado grande para entenderlo.

Hay gente que cree con una fe inquebrantable. Personas que rezan cada noche con la seguridad de que alguien, o algo, está escuchando. Que hay un orden. Un plan. Un sentido.

Luego están los que dicen que todo eso es absurdo. Que los dioses no son más que historias que inventamos los humanos cuando todavía no entendíamos los rayos, las mareas o por qué el mundo podía ser tan cruel sin motivo aparente.

Yo nunca he sabido muy bien dónde colocarme.

No recuerdo haber sido una niña especialmente religiosa, mas tampoco una escéptica convencida. Siempre he estado en ese punto incómodo entre creer y no creer, como si mi mente fuera una puerta entreabierta que nunca termina de decidir si quiere cerrarse o dejar pasar algo del otro lado.

Todas esas historias de dioses con poderes imposibles. De seres que gobiernan el cielo, el mar o el inframundo. De criaturas que castigan a los humanos por orgullo, celos o simple aburrimiento. Mitologías enteras llenas de guerras divinas, profecías y héroes trágicos.

Si lo miras desde fuera, parece más una colección de dramas familiares gigantescos que un sistema serio para explicar el universo... Y, sin embargo, esas historias han sobrevivido miles de años.

Civilizaciones enteras desaparecieron. Imperios se levantaron y cayeron. Idiomas se extinguieron. Pero los dioses, o al menos sus nombres, siguieron aquí.

Zeus. Atenea. Poseidón. Hades.

Nombres que todavía hoy se estudian en los libros de historia como si fueran simples personajes de cuentos antiguos.

Pero hay algo que siempre me ha molestado de esa idea.

Porque si los dioses nunca existieron…
¿por qué tantas culturas diferentes inventaron cosas tan parecidas?

Dioses del trueno, del mar, de la muerte.

Historias que aparecen una y otra vez, separadas por océanos, siglos y civilizaciones que jamás llegaron a conocerse.

Tal vez sea coincidencia.

Tal vez el ser humano simplemente tiene una imaginación demasiado activa.

O tal vez… solo tal vez…

Los humanos no estábamos inventando esas historias.

Tal vez solo estábamos intentando explicar algo que ya estaba aquí.

Algo antiguo.

Algo poderoso.

Algo que, si soy completamente sincera, preferiría que siguiera siendo un mito.

Porque lo que yo viví en ese campamento, una vez supe la verdad, me cambió la vida por completo.

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