Cap1: El Golpe que Cambió Todo

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El despertador sonó a las 7:00 en punto.
Eyris Vorn abrió un ojo con evidente desagrado. Durante unos segundos se quedó mirando el techo de su habitación, intentando reunir la fuerza necesaria para levantarse. La luz del amanecer entraba suavemente por la ventana, iluminando el escritorio lleno de libros y el pequeño reloj digital que insistía en recordarle que el mundo no se detenía solo porque ella quisiera dormir cinco minutos más.
-Cinco minutos... -murmuró.
Pero sabía que si volvía a cerrar los ojos, esos cinco minutos se convertirían en media hora.
Con un suspiro, estiró el brazo y apagó la alarma.
La mañana comenzaba.
Después de vestirse con el uniforme del instituto, bajó a la cocina. El aroma del café llenaba el aire.
Su madre estaba sentada frente a la mesa con una taza entre las manos.
-Buenos días, dormilona -dijo sin levantar mucho la voz.
-Buenos... -respondió Eyris mientras tomaba una tostada.
La televisión estaba encendida en el fondo de la cocina. Un presentador hablaba con tono serio.
"Las autoridades continúan investigando las desapariciones ocurridas durante las últimas semanas. La policía no ha encontrado todavía ninguna explicación clara..."
Eyris miró la pantalla unos segundos.
En ella aparecían imágenes de calles acordonadas y fotografías de personas desaparecidas.
-Otra vez lo mismo -dijo.
Su madre suspiró.
-Ya van más de veinte casos.
-Seguro que exageran.
-No lo creo.
Eyris se encogió de hombros mientras terminaba su desayuno.
-Seguro que es algún loco haciendo cosas raras.
Su madre no respondió.
La noticia continuó unos segundos más antes de cambiar a otro tema.
Pero algo en la forma en que el presentador había hablado dejó una pequeña sensación incómoda en la mente de Eyris.
Algo que no podía explicar.
El instituto estaba tan ruidoso como siempre.
Estudiantes caminando por los pasillos, mochilas golpeando taquillas, conversaciones cruzándose por todas partes.
Eyris llegó justo antes de que sonara el timbre.
-¡Eyris!
Giró la cabeza.
Una chica de cabello corto se acercaba entre la multitud.
-Lena -dijo Eyris.
-Pensé que llegarías tarde otra vez.
-Hoy hice un esfuerzo heroico.
Lena rió.
-¿Has visto las noticias?
-Sí.
-Dicen que algunas personas desaparecieron en plena calle.
-Eso suena imposible.
-Pues pasó.
Eyris apoyó la espalda contra una taquilla.
-Seguro que hay alguna explicación.
-Eso dices ahora, pero si mañana desaparezco no vengas a llorar.
-Si desapareces lo primero que haré será quedarme con tus videojuegos.
-¡Oye!
Las dos rieron.
Era una conversación normal. Un día normal.
Pero algo interrumpió ese momento.
Un escalofrío.
Fue rápido.
Pero lo suficientemente extraño para que Eyris frunciera el ceño.
-¿Pasa algo? -preguntó Lena.
-No... nada.
Eyris miró alrededor.
El pasillo estaba lleno.
Estudiantes caminando.
Profesores hablando.
Todo parecía completamente normal.
Y aun así...
La sensación persistía.
Como si alguien estuviera mirándola desde algún lugar.
Sacudió la cabeza.
Seguramente estaba imaginando cosas.
Las clases pasaron lentamente.
Matemáticas.
Historia.
Literatura.
Nada fuera de lo común.
Pero varias veces durante el día Eyris volvió a sentir lo mismo.
Ese frío.
Esa sensación de incomodidad.
No era miedo exactamente.
Era más bien... intuición.
Como si algo estuviera ligeramente fuera de lugar.
Durante el descanso, Lena volvió a sacar el tema de las desapariciones.
-Dicen que anoche desapareció otra persona.
-¿Dónde?
-Cerca del centro.
Eyris frunció el ceño.
-Eso está bastante cerca de aquí.
-Exacto.
-Bueno... seguro que la policía lo resolverá.
-Eres demasiado optimista.
-Alguien tiene que serlo.
Pero incluso mientras hablaban, Eyris notó algo raro.
Las luces del pasillo parpadearon una vez.
Solo una.
Luego todo volvió a la normalidad.
Nadie más pareció notarlo.
El timbre final del día sonó poco después.
Los estudiantes comenzaron a abandonar el instituto en grupos.
Eyris se colgó la mochila al hombro.
-¿Vas directa a casa? -preguntó Lena.
-Sí.
-Yo voy al centro comercial con unas amigas.
-Diviértete.
-Nos vemos mañana.
-Si no desaparezco antes.
-¡Muy graciosa!
Eyris salió del instituto con una pequeña sonrisa.
El cielo estaba empezando a teñirse de naranja.
El aire era fresco.
Durante unos minutos caminó tranquilamente mientras revisaba su móvil.
La ciudad estaba llena de vida.
Coches pasando.
Personas caminando.
Tiendas abiertas.
Nada extraño.
Pero después de varias calles, el ambiente comenzó a cambiar.
No fue algo repentino.
Fue... gradual.
Primero notó que había menos gente.
Luego que el ruido del tráfico se alejaba.
Después el viento comenzó a soplar con más fuerza.
Eyris levantó la vista.
-Qué raro...
Una sensación incómoda recorrió su espalda.
Era el mismo escalofrío que había sentido antes.
Pero esta vez era más fuerte.
Mucho más fuerte.
Miró a su alrededor.
Las farolas empezaban a encenderse.
Las sombras se alargaban sobre la calle.
Todo parecía normal.
Y sin embargo...
Algo no encajaba.
El silencio.
Era demasiado profundo.
Como si el mundo hubiera bajado el volumen de repente.
Eyris disminuyó el paso.
El aire se volvió más frío.
Respiró hondo.
-Estoy imaginando cosas...
Pero su instinto le decía lo contrario.
Siguió caminando.
Un paso.
Luego otro.
Y entonces lo sintió.
Algo.
Justo detrás de ella.
Se detuvo.
Su corazón comenzó a latir más rápido.
Giró lentamente la cabeza.
La calle estaba vacía.
-¿Hola...?
Nadie respondió.
El viento sopló entre los edificios.
Eyris exhaló lentamente.
-Genial... ahora me estoy asustando sola.
Se dio la vuelta para seguir caminando.
Y entonces ocurrió.
Algo cambió.
No fue un sonido.
No fue un movimiento claro.
Fue más bien... una sensación.
Como si una presencia hubiera aparecido de repente en el mundo.
Eyris no sabía cómo explicarlo.
Pero estaba segura de una cosa.
No estaba sola.
El frío aumentó.
El aire se volvió pesado.
Muy despacio, levantó la vista hacia el final de la calle.
Y lo vio.
Al principio parecía solo una sombra más.
Pero esa sombra... no se comportaba como las demás.
Se movía.
Muy lentamente.
Como si estuviera formándose dentro de la oscuridad.
Eyris sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
-¿Qué...?
La figura se alzó un poco más.
Era alta.
Demasiado alta.
Su cuerpo parecía hecho de humo negro que cambiaba de forma constantemente.
Como si no tuviera una estructura fija.
Dos puntos brillaron dentro de la oscuridad.
Ojos.
En ese instante, una comprensión aterradora recorrió la mente de Eyris.
Aquello no era humano.
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
La criatura dio un paso.
El suelo no hizo ningún sonido.
Pero Eyris sintió claramente el movimiento.
Era como si su mente estuviera percibiendo algo que sus ojos apenas podían entender.
-No...
La criatura avanzó otro paso.
El aire alrededor de ella se deformaba.
Y entonces Eyris sintió algo más.
Hambre.
Una sensación profunda y horrible.
Como si aquella cosa estuviera mirando directamente su vida.
Como si quisiera consumirla.
-¿Qué eres...?
La criatura inclinó ligeramente la cabeza.
Por un instante extraño, Eyris tuvo la sensación de que la estaba observando con curiosidad.
Como si algo en ella le resultara... interesante.
Y entonces ocurrió.
La figura desapareció.
Simplemente se desvaneció.
Eyris abrió los ojos con sorpresa.
-¿Qué...?
Y de repente...
Apareció justo delante de ella.
Demasiado cerca.
Eyris ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar.
Una fuerza invisible atravesó su pecho.
El impacto la lanzó hacia atrás.
El mundo giró violentamente.
Sus piernas cedieron.
Cayó al suelo.
El cielo sobre ella se volvió borroso.
El sonido de la ciudad parecía muy lejano.
Muy... muy lejano.
La figura oscura seguía allí.
Observándola.
Eyris intentó moverse.
Pero su cuerpo ya no respondía.
El frío se extendía lentamente por sus brazos.
Por sus piernas.
Por todo su cuerpo.
Su respiración se volvió débil.
En ese momento, un pensamiento cruzó su mente.
Una pregunta que no podía ignorar.
"¿Por qué... podía verlo?"
La criatura dio un último paso hacia ella.
Y entonces...
Todo se volvió negro.

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