El puton de Yokohama

31 3 40
                                        

En los bajos fondos, donde las alianzas se sellan con sangre y los secretos valen oro, existía un hombre que no necesitaba armas para conseguir lo que quería. Le bastaba con una mirada lánguida y el desabrochar estratégico de un par de vendajes.

Los amigos le dicen:"marica"
Y su nombre es Rosario, pero todos le llamamos
"El Putón del barrio"


Dazai caminaba por la sede de la Port Mafia con una sonrisa que sacaba de quicio a los altos mandos. Akutagawa lo miraba con una mezcla de horror y adoración, mientras que los subordinados desviaban la vista, sabiendo perfectamente que el ejecutivo no solo era peligroso por su habilidad, sino por su falta total de pudor.

"Dazai-san ha vuelto a salir de 'misión'", murmuraban, sabiendo que esa misión probablemente incluía las sábanas de alguien importante.

Se encamó con el de la despensa
Y con el comisario
Y así fue que le quedó
"El Putón del barrio"


Todo empezó por conveniencia. Para obtener los planos de la ciudad, Dazai no hackeó el sistema; simplemente invitó al Comisario de Policía a una cena privada que terminó en un hotel de mala muerte. El comisario salió temblando y Dazai salió con un USB y el cuello ligeramente (muy)marcado.

Incluso el pobre hombre que regentaba la tienda de víveres cerca de la Agencia de Detectives cayó en sus redes. Dazai nunca pagaba el cangrejo enlatado. En su lugar, desaparecía tras el mostrador durante veinte minutos, dejando al tendero con las piernas flojas y a Dazai con la bolsa llena de comida gratis.

Mi mamá es una mujer sensible
Y cariñosamente
Como vive frente a casa
Le dice: "El Putón de enfrente"


Incluso la gente "de bien" de los edificios residenciales de Yokohama lo conocía. Las señoras mayores, como la madre de algún agente novato de la Agencia, lo observaban desde sus balcones. Veían cómo Dazai llegaba a las tres de la mañana, a veces bajándose de coches de lujo, a veces escoltado por oficiales de alto rango.

-Es un chico tan guapo -decía la mujer mientras regaba las flores-, pero es un poco vulgar,aún que saluda con tanta gracia cuando se sube la bragueta...

Se la hacía a un monaguillo
Cuando iba al confesionario
Rezando el Ave María
El Putón del barrio


Hubo una vez que Dazai decidió "limpiar su alma". Entró en una pequeña iglesia, vestido de una forma "gótica"(no tenía nada de gotico), pero el aburrimiento le ganó a la fe. El monaguillo que estaba allí para asistir al padre terminó encerrado con él en el confesionario. Mientras el joven intentaba recitar las oraciones con voz temblorosa, Dazai le susurraba cosas que no estaban en ningún libro sagrado.

El "Ave María" se convirtió en un jadeo cortado, y el chico jamás volvió a ver un Rosario de la misma manera.

Le chupó la media a un director
Del banco hipotecario
Y así le salió la casa
Al Putón del barrio


Cuando la Agencia necesitó nuevos fondos para un piso franco, Kunikida estaba al borde de un ataque de nervios por la burocracia. Dazai solo pidió la dirección del Banco Hipotecario. Se presentó con su mejor traje y una corbata linda que, media hora después, estaba colgada del perchero del despacho del Director General.

A la mañana siguiente, las llaves del piso estaban sobre la mesa de Kunikida. El director del banco, por su parte, llamó tres veces para preguntar cuándo volvería el "joven de las vendas" a discutir los intereses.

Le salió por tanto chaca-chaca
Un cáncer al ovario
Dijo en el bar el doctor
Del Putón del barrio


En el bar Lupin, el ambiente estaba cargado. Mori Ougai, con su bata blanca y una mirada de reproche médico, suspiró frente a su antiguo pupilo.

-Dazai-kun, tu ritmo de vida es insostenible. Tienes un agotamiento... "físico" que roza lo patológico. Tanta actividad fuera de relación con media ciudad te va a matar antes que cualquier intento de suicidio -advirtió el doctor mientras servía una copa-. Tu reputación está por los suelos, y tu cuerpo también.

Dazai solo soltó una carcajada melancólica.

-¿Qué mejor forma de morir que por exceso de amor, Mori-san?

Y como no quise quedar
Triste y solitario
Yo me tuve que casar
Con el Putón del barrio

Chuuya Nakahara estaba harto. Harto de los rumores, harto de ver a Dazai coquetear con el enemigo para robarles la cartera y harto de que todo Yokohama supiera cómo gemía el detective. Pero, sobre todo, Chuuya estaba harto de estar solo en su ático, bebiendo Petrus y pensando en el imbécil de su ex-compañero.
Una noche, Chuuya irrumpió en el dormitorio de Dazai, pateando la puerta.

-¡Ya basta! Si alguien va a tener que aguantar tus estupideces y tus mañas de andar de fácilote, voy a ser yo. ¡Nos casamos, maldito desperdicio de vendas! No pienso dejar que sigas de ofrecido con un comisario de cuarta cualquiera.

Dazai sonrió con una ternura genuina que nunca le había mostrado a los demás. -Vaya, Chuuya... tardaste mucho en pedirlo.

Y lloro siempre al recordar
En cada aniversario
Que mi esposa una vez fue
El Putón del barrio


Años después, en su lujoso apartamento frente al mar, Chuuya suspira mientras mira las fotos del aniversario. Dazai está a su lado, luciendo un anillo de oro y una expresión de satisfacción absoluta.
A veces, cuando caminan por Yokohama y ven al carnicero, al banquero o al comisario bajar la cabeza con nostalgia al ver pasar a Dazai, Chuuya siente un nudo en la garganta. No sabe si es rabia o una extraña forma de orgullo.

-Eres un descarado -masculla Chuuya, dándole un sorbo a su vino.

-Pero soy tu descarado y así me quieres -responde Dazai, guiñándole un ojo.

Y Chuuya, aunque a veces quiera llorar de la pura ironía, sabe que no cambiaría a su esposo por nadie, aunque todo el mundo sepa que, una vez, fue el Putón del barrio.

.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.

Y bueno,espero les haya gustado el libro,quiero decir que este será probablemente el último que publique ya me decidí no escribir más,sin más espero que disfruten su lectura

El puton de YokohamaStories to obsess over. Discover now