Capitulo 1: Inicio de unas leyendas

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El vacío del universo, un lienzo inmenso de oscuridad helada y silenciosa, solía ser el refugio de las deidades, el telón de fondo para sus juegos de poder y su indiferencia ante la insignificancia de los mortales. Mundos enteros nacían y morían; sistemas solares colapsaban, y la vida, en sus infinitas formas, se extinguía o florecía en un ciclo eterno de violencia y renovación.

Pero había algo que, por primera vez en eones, erizaba la esencia misma de los Dioses Antiguos, inquietaba a los arcángeles más estoicos y sembraba pánico entre las legiones demoníacas.

No era una supernova.

Ni el despertar de una entidad cósmica.

Era un diminuto punto azul y verde, un planeta vibrante y frágil donde la vida se aferraba con obstinación:  AINKNOW 

En aquel mundo, la atmósfera se había vuelto un torbellino de presagios. Los cielos, normalmente serenos, rugían con truenos que desgarraban las nubes, iluminando la noche como un millar de soles furiosos. Rayos púrpura y escarlata se clavaban en la tierra, los vientos huracanados arrancaban árboles centenarios de raíz y el océano, embravecido, devoraba la costa con olas del tamaño de montañas.

Era una tormenta apocalíptica.

Una manifestación elemental del terror... y de la expectación.

En el corazón de aquel cataclismo, en una fortaleza ancestral oculta en lo profundo de un valle que desafiaba el caos, una madre estaba a punto de dar a luz.

Su nombre era Kariuji Namura, una mujer de voluntad inquebrantable y de un linaje tan antiguo como la luz y la sombra.

Pero no era el nacimiento de un simple mortal lo que hacía temblar el cosmos.

Era la energía que irradiaba el ser que crecía en su vientre.

Una energía oscura, densa y primitiva que hacía que las auras de los ángeles más cercanos se desvanecieran y que los demonios más sanguinarios se estremecieran.

—El niño... es la reencarnación —susurraban las voces en el Averno—. El Primigenio ha vuelto.

Minju Namura, el padre, un guerrero cuyo nombre era sinónimo de "imparable" entre los clanes más antiguos y respetados entre las naciones, sentía esa verdad en lo más profundo de sus huesos.

Conocía el peso de ese poder.

Había visto sus ecos en leyendas y antiguos pergaminos.

Su hijo no sería un mero bebé.

Sería un evento.

Una promesa de guerra y desequilibrio.

Y todos lo sabían.

Con determinación fría, Minju había preparado la cámara de nacimiento. Era una sala reforzada con runas arcanas y sellos de sangre, custodiada por los guerreros más leales del Clan Namura.

Fuera de las puertas, el aire crepitaba con magia defensiva.

Sabía que ese día...

sería el día del ataque.

Y Minju no huía de la amenaza.

La esperaba.

Envuelto en una armadura ceremonial de ébano y acero, con su katana ancestral Ryuuken, la Hoja del Dragón, atada firmemente a su espalda, miró por última vez a su esposa.

—Esta vez no perderé a mi hijo... como lo hice antes. Lo defenderé hasta la muerte.

Giró la cabeza y salió al patio.

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⏰ Last updated: Mar 11 ⏰

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