Capítulo 1: La chica en la puerta

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El lunes llegó más rápido de lo que el equipo esperaba.
El gimnasio de Nekoma estaba lleno del eco habitual de zapatillas contra el suelo y balones chocando contra las manos. Kuroo acababa de bloquear un remate de Lev cuando la puerta corrediza se abrió con un suave clic.
Todos miraron por reflejo.
En la entrada había una chica con el uniforme impecable, sosteniendo una carpeta contra el pecho. Sus ojos recorrían el lugar con mezcla de nervios y determinación.
—Eh… disculpen —su voz fue suave, pero clara—. ¿Es aquí el club de voleibol?
Kuroo fue el primero en reaccionar.
—Depende —dijo caminando hacia la red con una sonrisa ladina—. ¿Vienes a espiar o a unirte al mejor equipo de Tokio?
Yaku le lanzó una mirada de advertencia.
—Ignóralo —intervino el libero acercándose—. Sí, este es el club. ¿Vienes por lo de la entrevista para mánager?
La chica asintió.
Kenma, desde el fondo de la cancha, levantó apenas la mirada. Sus ojos se detuvieron en ella unos segundos más de lo normal antes de volver a su consola.
—Llegó —murmuró, casi para sí mismo.
—¿Cómo te llamas? —preguntó Yaku con tono evaluador.
Ella respiró hondo.
—Me llamo (Tu Nombre). Soy de primer año… y me gustaría ser la nueva mánager de Nekoma.
Silencio.
Lev fue el primero en susurrar:
—Es linda.
—¡Lev! —Yamamoto le dio un codazo.
Kuroo inclinó ligeramente la cabeza, estudiándote.
—¿Sabes algo de voleibol?
—No demasiado… pero aprendo rápido. Y soy organizada. —levantaste la carpeta—. Traje notas sobre hidratación, horarios y estadísticas básicas del equipo.
Eso llamó la atención.
Kenma volvió a levantar la vista, esta vez dejando la consola a un lado.
—¿Estadísticas? —preguntó.
Tú asentiste y abriste la carpeta, mostrando hojas con anotaciones detalladas.
—Vi algunos de sus partidos grabados.
Ahora sí el gimnasio quedó completamente en silencio.
Kuroo sonrió, pero esta vez no era su sonrisa de broma. Era una sonrisa interesada.
—Vaya… parece que tenemos competencia seria.
Yaku cruzó los brazos, observándote de arriba abajo.
—Bien. Entonces quédate a ver el entrenamiento. Si sobrevives a esto, veremos.
El silbato sonó.
El entrenamiento continuó… pero el ambiente había cambiado.
Porque desde el fondo de la cancha, Kenma no apartó la vista de ti ni una sola vez.
Y por primera vez en mucho tiempo… parecía intrigado.

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