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              Mikelett

El timbre de la escuela todavía resonaba en los oídos de Scarlett cuando salió por la puerta principal

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El timbre de la escuela todavía resonaba en los oídos de Scarlett cuando salió por la puerta principal. El sol de Hawkins se colaba entre los árboles, dibujando sombras alargadas en el estacionamiento. Ella ya tenía la patineta bajo el brazo, lista para deslizarse hasta la casa de Wheeler, pero Lucas se le plantó delante con una de esas miradas que no admitían discusión.

—Nada de patineta —dijo, sujetando el manillar de su bicicleta—. Vas conmigo.

—Lucas, son solo diez minutos.

—Y en esos diez minutos puedes caerte, torcerte un tobillo o que te atropelle algún imbécil que no te vea. Así que no.

Scarlett puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar una sonrisa. Lucas Sinclair era la única persona que podía ordenarle algo sin que ella sintiera ganas de mandarlo al carajo. Quizás porque él nunca lo hacía para sentirse superior, sino porque genuinamente se preocupaba.

—Está bien, mamá —dijo, subiéndose a la parte trasera de la bicicleta con la patineta atravesada en la mochila.

Mike iba adelante con Dylan y Will, los tres caminando junto a sus bicis mientras discutían sobre la campaña de D&D de la semana anterior. Dustin se colocó al lado de Lucas, y los tres últimos formaron su propio grupo.

—¿Y si hoy me toca ser el mago? —preguntó Dustin, ajustándose la gorra—. La última vez Mike me puso de clérigo y es un embole.

—A ti todo te parece un embole si no puedes lanzar bolas de fuego —respondió Lucas.

—Porque las bolas de fuego son geniales.

—Son predecibles —intervino Scarlett desde atrás, agarrada a la cintura de Lucas con una mano—. Un buen jugador sabe que a veces un hechizo de ilusión cambia más las cosas que una explosión.

—Eso lo dices porque tú siempre quieres ser la elfa ilusionista —se quejó Dustin.

—Porque es mejor que ser el elfo curandero que siempre me asigna Mike.

—Ah, ¿sigue con eso? —preguntó Lucas, girando la cabeza un momento.

—Siempre. Cree que por ser la única chica debo querer curar a todo el mundo.

—O quizás solo quiere que no te mueras en los primeros cinco minutos —dijo Dustin con una risa.

—Pues que aprenda a protegerme mejor entonces.

Lucas soltó una carcajada y pedalearon más rápido, dejando atrás a Mike y los otros.

—¿Qué pasa si hoy me pongo de mago? —propuso Dustin—. Tú puedes ser la ladrona, Scar.

—¿Ladrona?

—Eres ágil, rápida, te gusta hacer trampa en los juegos de mesa...

—No hago trampa.

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