capitulo 0

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Estaba rodeado por el verde césped, aquel que tan bien recordaba, sintiendo el aroma único del campo y el sonido del viento que anunciaba la llegada de la primavera. Escuché los ladridos de aquel día que no logro sacar de mi cabeza. Mi mirada cayó sobre nuestro perro, un border collie llamado Ki, y el pequeño conejo blanco que de él huía.

Giré mi cabeza, viendo a mi querido abuelo sentado en una banca cercana, un señor de 86 años que por más que el mundo lo tire abajo el sigue manteniendo aquellos valores que hace mucho me enseño.

Él me miró con la dulce sonrisa que era usual en su rostro y con una suave sonrisa se levantó. El ruido de sus pasos y el golpeteo de su bastón sobre la dura y vieja madera del suelo me traían una paz inexplicable, una paz qué nunca volví a sentir. Se sentó junto a mi en el desgastado suelo y comenzó a hablarme con una voz tan lenta y suave que brisa en el océano...

- Escúchame, mi pequeño Aester -

Aester, hace cuanto no oigo ese apodo. Aún recuerdo la mañana de primavera en el que me lo puso, el niño peliazul que como capullo florecía...

- Cada criatura, buena o mala, debil o fuerte, merece una oportunidad en este mundo -

Aun puedo repetir esas palabras sin equivocarme. Aquella primavera del 98, aquellos días que junto a él podía pasar...

- Y es nuestro deber como personas ayudar a que puedan aguantar y sobrevivir a este caótico mundo -

Recuerdo que ese dia freno a Ki, recogio al conejo y me lo poso en brazos. Ese pequeño conejo, aún puedo sentirlo dormido en mis manos.

- Y permitirles mostrar su belleza para asi verse brillar. -

Ese recuerdo hasta el día de hoy resuena en mi mente, ojalá el estuviera aquí para contárselo. Almenos conservo su collar, el decía que era tradición familiar y que le daba suerte, aunque yo no le creía.

justo entonces el ruido de la alarma me despertó, al igual que el resto de mañanas. Era temprano, la luz del sol penetraba en la cortina. Me levanté como todos los días y me dirigí hacia abajo a desayunar.

En cuanto bajé vi a mis padres, preparando el desayuno, lo cual era inusual ya que ellos solían trabajar hasta tarde...

- ¿Ustedes no deberían estar en el restaurante? - les pregunté...

- Cerramos por hoy, no queríamos perdernos su gran día - me respondieron...

Gran día, me había olvidado que era hoy. Hoy sería el gran día en el que entraríamos a la institución más prestigiosa del país. Mi familia lleva años ahorrando para permitirnos a mi y a mi hermana estudiar, hablando de mi hermana... ¿donde esta ella?

Entonces mi hermana entró con su maleta y al verme despierto me abrazo. ¡ES HOY, ES HOY! Gritaba emocionada, aunque no puedo decir que compartía la misma emoción que ella. Luego me percate de un detalle, un detalle vital...

¡La maleta! Grite, me había olvidado de preparar la maleta. Estuve a punto de salir corriendo a prepararla, pero mi madre me frenó con una maleta en mano...

- Sabíamos que te olvidarías - me dijo con su cálida voz - Así que te la preparamos nosotros -

Agradecí a nuestros padres, si no fuece por ellos hubiese tenido que hacer en un par de minutos lo que por semanas he postergado. Mi madre al percatarse que no tenía puesto el collar me pregunto si no lo pensaba llevar...

- claro que lo voy a llevar - le respondí - lo deje aquí, sobre la mesa... ¡¡¡el collar!!! -


El alma casi se me va al ver que el collar de mi abuelo, lo unico que de el conservava, no estaba sobre la mesa. Busqué por toda la casa pero no encontré nada. La respiracion se me corto y el corazon se me acelero. Tuve que salir a regañadientes sin él, aunque no podía entender donde había acabado si yo lo deje sobre la mesa, lo recuerdo vividamente.

Llegamos a la parada y fuimos a la boletera a comprar los boletos para el viaje. Mi hermana estaba muy emocionada, pues era su primera vez viajando en tren. Saqué la billetera, pero antes de pagar mis manos chocaron contra algo metalico ¡el collar estaba en ella!. El collar estaba en la billetera junto a él resto de cosas que en ella habían.

No puedo explicar lo bien que me sentí al recuperar el collar que por años me ha acompañado. Pronto llego el tren y yo, junto a mi hermana, nos subimos, sin saber aun el destino que nos deparaba.

ushinawareta tamashiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora