Primera segunda impresión

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Victoria Ramirez
(Young Miko)

Estaba frente al espejo de mi habitación, con el rizador todavía caliente en la mano y una mechita rebelde negándose a quedar en su lugar.

Respiré hondo.

No era un show.
No era una alfombra roja.
No era una entrevista.

Y aun así, estaba más nerviosa que antes de subirme a un escenario.

—Tranquila, Vicky… es solo una comida —me dije en voz baja.

Pero no era solo una comida.

Sabrina me había invitado a pasar la tarde en un restaurante pequeño, discreto, de esos a los que casi nadie va a buscar fotos ni escándalos. Según ella, sería un encuentro tranquilo entre amigos del medio, gente de bajo perfil… y algunas personas a las que yo respetaba mucho.

Eso ya me ponía un poco tensa.

Lo que realmente me tenía hecha un desastre por dentro… era otra cosa.

Billie.

Billie estaría ahí.

La misma Billie que había conocido meses atrás en México, durante una entrevista cruzada para un medio internacional. Recuerdo perfectamente el día. El estudio era pequeño, el aire acondicionado estaba demasiado fuerte y ella llevaba una sudadera enorme que le cubría casi las manos.

Hablamos poco.
Lo justo.

Pero fue suficiente.

Después de eso, nos seguimos en Instagram.
Luego en Twitter.
Luego en casi todas las redes.

Y, para mi sorpresa… ella también me siguió desde una cuenta privada.

Eso me había dejado completamente descolocada.

A veces hablábamos.

Bueno…

A veces era una forma bonita de decir que habíamos hablado solo tres veces por chat.

Pero esas tres veces…

Habíamos hablado mucho.

Conversaciones largas. Audios. Risas escritas en mayúsculas. Mensajes que se quedaban flotando cuando una de las dos tardaba en responder.

Y yo… bueno.

Yo me había lanzado.

Tres veces.

Coqueteos suaves.
Respuestas a sus historias.
Un comentario que no era tan inocente como parecía.
Un “te queda increíble” aquí.
Un “esa canción suena mejor con tu voz” allá.

Nada demasiado directo.

Pero suficiente para que se entendiera.

Ella, para mi alivio —y para mi desgracia emocional—, siempre me devolvía el trato.

Likes.
Respuestas cortas.
Un comentario con un emoji que yo analizaba durante veinte minutos.

Así que sí.

Ahora estaba nerviosa.

Muy nerviosa.

Porque en el chat yo era chistosa, suelta, rápida.
Tenía tiempo para pensar.
Para borrar.
Para editar.

En persona no.

Y necesitaba ser igual de viva. Igual de natural. Igual de… yo.

No quería que pensara que todo lo que escribía era solo pura palabra.

Complicated LoveWhere stories live. Discover now