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Los primeros pasos

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El poder y el deber pueden ser armas de doble filo. Al nacer bajo la sombra de un gran linaje, la grandeza se convierte en grilletes invisibles; pesadas cadenas de oro que dictan cada paso. El clan Mitharion, pilar del equilibrio elfico, es la evidencia de ello ¿Podrás encontrar tu propio camino, incluso en contra de la tradición o estamos condenados a ser el eco de un mundo que poco a poco es olvidado?

El clan está formado por la simbiosis de tres familias; la rama principal liderada por los Hirimithiel llamados también los sabios; Los Stormgard, quienes controlan la rama secundaria, son guerreros arcanos protectores del clan; La rama terciaria, los Saelendil, son los administradores, aquellos que conectan al clan con el resto del mundo. Nacer en él es un privilegio pero también una condena silenciosa.

Cuando lord Arashel y lady Meleth, miembros de la rama principal, presentaron a su hija, la pureza de su sangre prometía un nuevo amanecer para una casa que menguaba. Una delicada princesa elfica con piel de porcelana y ojos que roban el azul del firmamento, coronada con un velo azabache, parecía que la bendición del cielo no los había abandonado.

Sus primeros pasos en el clan fueron un presagió de como sería su vida. A pesar de ser solo una niña debía cumplir con las reglas y las tradiciones del clan. Pronto aprendió que una ceremonia podía durar horas y que guardar silencio era sagrado, especialmente su tu voz aún no tiene el peso de los años en ella. Mostrar talento en el aprendizaje solo significó mayor exigencia de parte de sus padres y maestros. Su carácter amable y sereno era bien visto por sus mayores, a diferencia de otros niños del clan, ella aceptaba e intentaba cumplir a cabalidad con sus tareas, sin cuestionarles por lo tediosas o agotadoras que fueran.
Un día, mientras estaba estudiando con un anciano sobre teoría mágica y los hilos que tejen la realidad ella pregunto inocentemente:
—¿Mis hilos serán tan azules como los de mi padre o serán brillantes como los de mi madre?—
El anciano se quedó pasmado, por la sorpresa, un no despertado no podría ver el color de la magia de otros, pero ideo una prueba simple para ver si su talento era tan grande, extendido su mano y con cuidado recitó en su mente un hechizo, llenando el cáliz de la mesa frente a ellos con ambrosía.
—Dígame princesa ¿Qué fué lo que hice?—
la niña se levantó y tomando el cáliz se acercó a él, miraba el líquido en su interior con fascinación, moviendo su contenido en un remolino.
—multiplicaste lo que quedaba del líquido en su interior—
—pude haberlo invocado de otro lugar también, ¿Por qué estás tan segura que lo multiplique?—
—porque se pueden ver los trazos mágicos en el líquido, ya casi no se ven, pero están ahí, desde la fuente hasta lo que se multiplicó.—
este pequeño incidente solo significó más estudios para la pequeña, un talento tan magnífico debe ser moldeado para que no se pierda.

Su escaso tiempo libre lo pasaba en el jardín, disfrutaba leer bajo los grandes sauces junto al río, las mariposas solían posarse en sus vestidos de seda y lino elfico, ella leía por horas, mientras la brisa movía las ramas del sauce en un suave vaiven. La naturaleza la acogía como una hija más dándole una conección con su entorno que le brindaba un respiro de las existencias de su casta.

El primer amigo, el joven Varian.

Una de esas tardes pacíficas de lectura fue interrumpida por una voz desconocida
—¿Otra vez con ese libro? -se escuchó entre las ramas del sauce -es como la quinta vez está semana que te veo leyéndolo.—

La joven elfa se sorprendió, por lo general nadie molestaba su paz en ese lugar. De pronto vió bajar de las ramas a un joven elfo de largo cabello castaño y unos vivases ojos miel que la observaba con curiosidad, sus movimientos eran gráciles mientras llegaba al suelo a su lado.
—veo que te asusté —dijo algo avergonzado, se inclino frente a ella con una reverencia —Soy Varian Stormgard, miembro de la segunda rama, es un gusto conocerla princesa Elda.—
—¿Cómo sabes mi nombre? —respondió ella confundida.
—Es una de las pocas princesas del clan y seamos sinceros, no es como que existan tantos elfos jóvenes como nosotros aquí, es fácil de deducir quien es usted.—
La joven se levanta y hace una reverencia ante él muchacho.
—tus suposiciones son correctas, soy Elda de la casa Hirimithiel, hija de Arashel y Meleth, es un honor conocer a un miembro de la segunda rama—
La joven elfa lo queda mirando algo incómoda, el joven frente a ella no se aparta, más bien la observa atentamente con una sonrisa, la chispa de sus ojos la intimida, no sabe cómo actuar frente a alguien con tanta confianza.
—Y?— dice el joven impaciente —me dirás la razón por la qué estás tan pegada con ese libro?—
—oh —exclama entendiendo finalmente —esto? Es un relato de un sabio del clan, habla sobre la frecuencia de las almas y de como se conectan a las fuerzas de la naturaleza... Pero hay partes faltantes y no las he podido desifrar, es un libro antiguo que el tiempo no ha tratado bien—

El joven suspira
—Ustedes los de la primera rama son iguales, siempre con la cabeza hundida en los libros -lo que ofende un poco a la joven pero él no lo nota y sigue hablando —deberías salir a ver el mundo, la naturaleza tiene mucho que enseñarte, no todo se aprende leyendo-
—el conocimiento práctico es igual de valioso que la palabra escrita, no puedes tener uno sin el otro, lo sé, pero también el conocimiento de los antiguos que ya experimentaron lo que nosotros estamos descubriendo es preciado y no debe ser olvidado—

La joven se levanta y acomoda sus vestidos.
—Creo que esta conversación ha terminado por ahora, tengo asuntos que atender con mi padre— comienza a caminar hacia el sendero en dirección a su palacio.
El joven se levanta de un salto y la sigue
— porfavor, no puedes dejarme solo hablando aquí, hay suficiente tiempo para divertirnos, podemos recorrer los jardines o buscar algo que hacer en otro lado.—
— Agradezco la oferta, pero de verdad debo retirarme, quizás podamos hablar en otro momento — le sonríe tímidamente —pero ahora no quiero hacer esperar a mi padre.—
Sigue su camino sin mirar atrás.
El joven se queda parado en el lugar, una sonrisa tan dulce como ella piensa feliz de haber conseguido una reacción.
—Es una promesa— le grita mientras ella se aleja— nos veremos aquí la próxima vez.—

La dama de cristal Stories to obsess over. Discover now