Domingo.
7:30 a.m.
El despertador sonó con su pitido insistente, compitiendo con el canto de los pájaros que entraba por la ventana entreabierta. La luz de la mañana se filtraba en tonos dorados, dibujando líneas suaves sobre las paredes cubiertas de pósters.
Mim abrió los ojos lentamente.
Parpadeó. Miró el techo.
—Cinco minutos más… —murmuró, aunque sabía que no volvería a dormir.
Estiró el brazo y apagó el despertador.
Se quedó acostada unos segundos, escuchando la brisa mover las hojas del árbol frente a su casa. Era una mañana tranquila. Una de esas mañanas que parecían prometer algo bueno.
Finalmente se levantó.
Caminó hasta el baño con pasos arrastrados. Encendió la luz. Se miró en el espejo.
Se quedó en silencio.
Luego abrió los ojos más de lo normal.
—Mi cabello está hecho un desastre… —dijo, acercándose al espejo—. Parece que peleé con un perro. Y perdí.
Su cabello estaba completamente desordenado, en todas direcciones posibles. Intentó acomodarlo con la mano, pero solo lo empeoró.
Suspiró.
—Definitivamente necesito bañarme.
El agua caliente cayó sobre su cabeza y, poco a poco, el sueño terminó de irse.
Mientras se bañaba, pensaba en lo que había leído el día anterior en una revista musical: “Nuevo álbum de The Cranberries disponible este domingo”.
Eso era lo único que necesitaba para que su día tuviera sentido.
Minutos después salió del baño envuelta en una toalla. Fue directo a su tocadiscos. Tenía una pequeña colección ordenada por géneros y estados de ánimo.
Sacó un vinilo de Bonnie Tyler y lo colocó con cuidado.
La aguja bajó.
Y entonces comenzó a sonar “Total Eclipse of the Heart”.
La habitación se llenó de aquella melodía dramática y profunda.
Mim cerró los ojos.
Esa canción la hacía sentir…
comprendida. Como si alguien, en algún lugar del mundo, hubiera escrito exactamente lo que ella sentía sin saber explicarlo.
—Así debería empezar cada domingo… —susurró.
Se vistió con calma: jeans claros de tiro alto, top gris de tirantes, chaqueta de mezclilla combinando perfectamente con el pantalón. Se puso sus tenis blancos impecables y los calcetines blancos con líneas rosas. Se miró una última vez al espejo.
—Mucho mejor.
Tomó su collar favorito y lo acomodó sobre su pecho. Luego bajó a la cocina.
El olor a huevo con tocino la recibió antes que cualquier palabra.
—Buenos días, papá.
Su padre estaba sentado con el periódico abierto, los lentes ligeramente bajos sobre la nariz y una taza de café humeante al lado.
—Buenos días, hija. ¿Cómo dormiste?
—Bien… soñé que estaba en un concierto.
—¿Otra vez? —rió él.
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En un Bazar (ViewMim)
FanfictionEn los años 90, cuando la música se escuchaba en walkman y los sentimientos se guardaban en cassettes grabados a mano, Mim se encuentra en una pequeña tienda de vinilos algo más que sus artistas favoritos. Lo que comienza como recomendaciones y tard...
