PANIC

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Los gritos de Jessica aún resonaban en la cabeza del abogado. Tenía las manos entumecidas, sudaba frío y sentía que el suelo se desvanecía bajo sus pies. Levantó la vista buscando un rostro familiar, no para pedir auxilio, sino para salvar las apariencias, pero incluso si el mismísimo Mike Ross se hubiera plantado frente a él, no lo habría reconocido; su visión era una mancha borrosa. Cada paso retumbaba en su cráneo como un seísmo imparable. Al divisar una figura junto a la entrada de su despacho, asumió que era Gretchen y la ignoró, siguiendo su errático camino.
Le faltaba el aire, la garganta se le cerraba y el estómago le daba vuelcos. Entró empujando la puerta, intentando mantener la compostura a pesar de sus pasos torpes.
—Harvey, necesito hablar contigo —dijo Mike, dándose la vuelta al verlo entrar.
—Ahora no —respondió él con dificultad; sentía que la corbata lo asfixiaba.
—Sé que estás molesto, pero necesito...
—¡He dicho que ahora no! —lo interrumpió con aspereza. Hizo girar su silla de un manotazo mientras, con la otra mano, forcejeaba por aflojar el nudo de su cuello.
—Harvey, ¿qué te está pasando? —Mike se acercó, alarmado, sacando las manos de los bolsillos.
—No pasa nada —logró decir mientras rodeaba el escritorio—. Necesito agua.
—¿Qué rayos tienes? —insistió Mike, cuya preocupación crecía por momentos. Se situó al lado del mayor, observándolo con fijeza.
Harvey intentó servirse un poco de agua, pero el temblor de sus manos hizo que la mayor parte acabara fuera del vaso. Su corazón golpeaba sus oídos con la fuerza de una detonación. Cerró los ojos con fuerza y bebió el poco líquido que logró rescatar en el cristal.
—Voy a llamar al 911 —sentenció Mike con un nudo en el estómago. Jamás había visto a su mentor en ese estado; el miedo empezaba a contagiarlo.
—No lo harás —replicó Harvey con una firmeza forzada, intentando servirse de nuevo.
—Podría ser un infarto, Harvey —el menor ya sostenía el teléfono con dedos trémulos.
—No es un infarto —insistió, vaciando el vaso una vez más.
—¡Tú no puedes saber eso! —Mike comenzó a marcar.
—Es un ataque de pánico —confesó Harvey, acercándose al joven. Mike bajó el brazo lentamente, procesando las palabras.
Al rubio jamás se le ocurrió que alguien como su jefe pudiera quebrarse de esa manera. Era una idea absurda, pues Harvey era humano, pero nunca lo había imaginado así: frágil. El mayor se apoyó contra el escritorio, sosteniéndole la mirada.
—¿Estás bien? —Mike no sabía cómo reaccionar; los nervios y la compasión se mezclaban en su pecho.
—No —admitió Harvey dándose la vuelta. Caminó hacia los sofás y se dejó caer con la mirada clavada en el suelo.
Mike reaccionó de inmediato. Tomó el vaso del escritorio y se arrodilló a su lado, estudiándolo con una angustia que nunca antes había sentido por él. Puso una mano sobre su pierna, intentando transmitirle calma, acariciando la tela del pantalón con el pulgar. El mayor soltó un suspiro tembloroso y cubrió la mano de Mike con la suya. El contraste entre ambos era evidente. Harvey imitó el gesto, acariciando el dorso de la mano del rubio.
—Necesi... —el mayor intentó articular una palabra, pero Mike lo silenció suavemente.
—Yo me encargaré de todo. Tú solo descansa —le aseguró con una pequeña sonrisa, acortando la distancia entre ambos.
Una lágrima solitaria escapó de los ojos de Harvey. Sin detenerse a pensarlo, Mike llevó su mano a la mejilla del abogado y la borró con el pulgar, dejando que sus dedos se demoraran en una caricia.
—Estoy contigo —susurró. Harvey cerró los ojos, rindiéndose por fin al contacto.
Los golpes en la puerta de Mike retumbaban con tal fuerza que parecían sacudir todo el edificio. Se apresuró a abrir y echó un vistazo por la mirilla: era Harvey, apoyado contra el marco y ocultando el rostro entre las manos. Con el corazón en un puño, Mike retiró los seguros. Al abrir, se encontró con la mirada perdida y los ojos vidriosos de su jefe.
Harvey levantó la vista y sus ojos se encontraron. Tenía el cuerpo entumecido, el pulso acelerado en la garganta y la respiración entrecortada. Intentó hablar, pero las palabras se quedaron atrapadas; solo pudo suspirar y bajar la cabeza, derrotado.
—Harvey...
Mike lo rodeó por el cuello en un abrazo repentino que tomó al mayor por sorpresa. Harvey se quedó un instante con los brazos suspendidos, pero la calidez del cuerpo de Mike —esa calidez que tanto ansiaba y que le recordaba a la protección de su padre— lo venció. Rodeó la cintura del rubio con fuerza, hundiendo el rostro en su cuello mientras las lágrimas brotaban sin control.
En ese momento, Mike parecía ser el único remedio para todos sus males. Harvey nunca lo había visto como algo más que un colega, pero tras el enfrentamiento con Jessica, una idea se había instalado en su mente: Mike no podía estar lejos. No quería soltarse jamás de sus brazos.
Se separó apenas unos milímetros y depositó un beso delicado en la mejilla del joven.
—No me dejes —suplicó con voz quebrada—. Promételo.
Mike cerró los ojos con fuerza y suspiró. Se separó lo justo para mirar a Harvey a los ojos, se puso de puntillas y dejó un beso suave en su frente.
—Te lo prometo.

Ataque de Pánico / Marvey - Suits / One ShotStories to obsess over. Discover now