Entre coronas y espadas

1 0 0
                                        

Mi rey se tenia que casar, para que el reino existiera para poder seguir con su reinado me dolía porque siendo su caballero mas cercano debo estar ahí junto con el, mientras mi corazón se estrujaba de melancolía Tengo la espada para protegerte pero no la corona para tenerte además ese tipo de matrimonios la iglesia lo veía mal y podían mandarte a decapitarte y eso no quiero para mi rey. Te tenias que casar con una princesa de cabellera rosadas y ojos verde como la primavera, ya estaba la fecha, el tiempo contando de cuanto podía verte y estar a tu lado con tu amante.
-Lancelot, ¿Qué tanto piensas cariño?- Dijo con una sonrisa para ponerse a su lado
-Ah? N-no es nada mi rey- Dije saliendo de mis pensamientos. Solo sonreíste y me miraste con esos ojos llenos de amor y brillantes, parecían unas esmeraldas brillantes me perdía en ellos cada que miraba tus ojos
-Bueno, entonces ¿podemos dar una vuelta en el jardín no?- Dijiste para después acercar un poco tu mano a la mía
-Con gusto majestad- Dije para después tomar tu mano y besarla. Reíste y salimos juntos hasta el gran jardín donde ponías tu lirios y lavandas y una que otro rosal o flor que te cautive, suspiraste calmado viendo al rededor.
-Como desearía que esto nunca se acabe, estar una eternidad a tu lado lans- dijiste para mirarme algo melancólico.
-Yo también mi rey pero es imposible- Dije con una voz algo fría, los feudales ya dieron ordenes. La eternidad es un lujo que los reyes no poseen, y los caballeros solo encuentran en la muerte. Al besar su mano, no solo juraba lealtad al trono, sino que despedía silenciosamente al hombre que amaba. Solo bajaste la mirada y seguimos con el paseo, entre nosotros nunca hubo un silencio incomodo o forzamos a entrabar una conversación así que era normal pasar en silencio por horas. Los días se fueron rápidos y no te separaste de mi, sabias que se acabaría pronto y querías disfrutarlo hasta el ultimo segundo. Un día llegaste corriendo a mi, no sabia lo que pasaba y fui hacia ti
-Mi rey ¿Qué le sucede?- Dije para tomar sus manos para que no te callera
-Lans tienes que seguirme rápido, ahora!- Dijo para después agarrar mi mano y llevarme corriendo hasta su jardín, donde estaba algo silenciosa y... ¿Marchito? Lo seguí sin entender hasta que llegamos a un lugar donde no había nadie
-¿Que sucede mi rey?- Dije mirándolo a los ojos.-El matrimonio fue adelantado... Me caso mañana.- Dijiste para después ver tus ojos cristalizados. Me quedé helado. El peso de mi espada nunca se sintió tan real como en ese momento; una herramienta para la guerra que no servía de nada contra una orden nupcial. Arthur apretaba mis manos con una fuerza desesperada, como si yo fuera el único ancla que lo mantenía en este mundo antes de ser arrastrado por sus deberes.—Mañana... —susurré, y la palabra supo a ceniza en mi boca—. Pero los preparativos, los nobles... se suponía que teníamos una semana más.—No les importa el tiempo, Lans. Solo les importa el linaje —respondió él con la voz quebrada.
Una sola lágrima rodó por su mejilla, brillando como una esmeralda herida bajo la luz de la luna—Mañana seré un esposo. Mañana seré solo un Rey. Pero esta noche... por favor, esta noche solo quiero ser tuyo.- Lo atraje hacia mí. No como un caballero abraza a su soberano, sino como alguien que intenta proteger un tesoro que sabe que va a perder. El olor a lavanda de su capa se mezclaba con el olor a tierra seca del jardín.
—Siempre has sido mío, Arthur —le dije al oído, rompiendo por primera vez el protocolo de llamarlo por su título—. Aunque mañana me obliguen a ver cómo le entregas tu mano a ella, mi lealtad y mi corazón no se moverán de tu lado.- Él se separó apenas unos centímetros para mirarme. Sus labios temblaban.
—Prométeme una cosa, Lancelot. No dejes de mirarme durante la ceremonia. Si tus ojos están sobre mí, podré fingir que el altar es solo un sueño y que tú eres mi única realidad- Dijo quebrándose un poco. Solo lo puse en contra de mi cuerpo y dándole un beso suave en los labios
-Te lo prometo mi rey.- dijo sin saber si podría cumplirlo. Tus ojos esmeraldas no dejaban de brillar pero no ese brillo alegre no, era uno triste como si en cualquier momento llorarías.
-No me dejes Lancelot, por favor no me dejes- Dijo quebrado. Tus manos buscaban donde aferrarse pero no tenia donde, mi armadura le impidió como recuerdo que no podíamos estar juntos o soñar al menos en un mañana para los dos. Agarre sus mano y lo llene de besos como nuestro ultimo encuentro, nuestra despida. Ese día levante temprano camino a la catedral, sentía frio y un peso en la armadura pero tenia que cumplir con mi promesa, llego la hora y tu ya estabas en el altar esperando a la señorita de radiante sonrisa y ojos cautivadores, como si nunca hubiera sufrido una desdicha en su vida. Cruzábamos miradas, tus ojos solo brillaban un poco al encontrar nuestra miradas, llego la señorita con un largo vestido blanco y unas amapolas rosas en el pelo. El padre empezó la ceremonia yo solo me aferraba a mi espada con fuerza viendo como empezaron los votos y cuando toco el intercambio de anillo no pude, me retire de manera silenciosa, fui a tu jardín ahora marchito y me quede solo viéndolas y ver nuestra historia pasar. Llegaste corriendo entre lagrimas, me sorprendí pero solo te recibí en brazos
-Majestad, ¿Qué ocurre? ¿No debería estar en el altar en estos momentos?- Dije sorprendido mirándolo con una expresión algo preocupada-Lancelot no puedo, no quiero estar con ella!- Dijo llorando, escondiéndose en su cuello mientras las lagrimas no cesaban.
-Majestad... esto traerá consecuencias..- Dijo preocupado por el. sintiendo su respiración en contra de mi armadura
-No me importa Lancelot, no quiero estar lejos de ti!- Dijo aferrándose a mi cuello con fuerza. Solo lo abrace y nos quedamos así por unos minutos, solo escuchaba como su respiración se tranquilizaba y cesaba el llanto, solo éramos los dos sin nadie mas, dos almas que se amaban y anhelaban con ansias su por venir juntos el momento arruinado por el sonido de trompetas y galopes de caballo viniendo
-Arthur...- Dijo sabiendo el por venir, la sentencia final de ambos, intento alejarlo para que no sufriera consecuencias atroces pero el opuesto no quería, se aferraba a su cuello con fuerza
-Arthur tienes que irte!.- Dijo preocupado mirando la entrada del jardín.
-No me quiero ir, no quiero irme de tu lado... Hay que huir Lancelot- Dijo mirándolo con los ojos enrojecidos por llorar. Lo miro y después a la entrada, guardo su espada y agarro la mano de su rey con delicadeza para salir corriendo para otra entrada del jardín. Corría sin freno alguno agarrando a su rey con firmeza yendo a el bosque, las vestimentas elegantes de su rey se fueron desgarrando, dejándolo sin nada, su corona cayo iniciando el bosque donde huíamos entres los arboles hasta un sauce llorón. Su refugio temporal porque no sabían hasta cuando duraría su sueño, su historia de amor que debía culminar en algún momento, cuando se detuvieron Lancelot lo cubría con su cuerpo mientras se quitaba su casco para mirar mejor, solo sus respiraciones se oían hasta que se miraron por unos momentos analizando que acaba de pasar
-¿Que debemos hacer ahora amado mío? Nos quedamos sin nada- Dijo bajando un poco su rostro, sintiendo algo de culpa por su decisión apurada.
-No lo se, amarnos y ser felices hasta donde podemos y sin bajar el rostro- Dijo para agarrar su mentón y darle un beso sincero. Sonrió el opuesto, feliz por tenerlo con el a su lado, por tener a su caballero a su lado, se refugio en su pecho
-Si nos matan esta noche no me importaría porque pude conocerte y amarte libremente.- Dijo alegre. Se quedaron ahí por unos momentos amándose y demostrando el amor que se guardaron por mucho tiempo.
La noche llego y Lancelot hizo una pequeña fogata para estar calientes, Arthur estaba en su pecho ya sin la armadura de siempre pasaba sus manos por el pecho de su amado disfrutando de el momento para ellos
-Lancelot... Que hacemos si nos encuentran mañana?- Dijo preocupado. Aferrándose un poco a el.
-Aceptar nuestro destino y que iba a pasar en cualquier momento.- Dijo algo serio. Lancelot no era alguien risueño como su rey que a veces fantaseaba.
-Entonces... Quiero entregarme a ti.- Dijo mirándolo a los ojos. Lancelot se sonrojo y debió la mirada, no podía hacerlo por mucho que lo haya soñado no podía hacerlo, Arthur al darse cuenta entrelazo sus manos.
-No tengas miedo, igual moriremos mañana...- Dijo sonriéndole miro y suspiro era una petición de su rey no podía negarla. esa noche de luna llena, bajo las estrellas se entregaron físicamente para jamás separarse. Al día siguiente, al atardecer fueron encontrados, a Lancelot lo agarraron, lo iban a decapitar por traición y secuestro, Arthur batallaba para hacer que lo suelten cuando lo logro empujo a todos y se puso al frente de su amado.
-Si lo matan, a mi también mátenme!.- Dijo seguro de si mismo.
-Pero majestad este es un traidor y no hay cargos contra usted.- Dijo el señor feudal acercándose a el
-Si hay uno!... Amar a mi solado, el fue mi amante!.- Dijo seguro. Se sorprendieron todos los presentes, mirándolo con asco, el señor feudal enojado mando a ejecutarlos a los dos. Agarraron y amarraron a el rey, Lancelot lo miro sorprendido y preocupado pero Arthur solo sonrió una ultima vez y antes de morir ambos decapitados susurro.
-Quiero encontrarme contigo en otra y todas las vidas que me siguen..- Dijo por ultima vez.
Miro a su soldado y le sonrió para después morir ambos decapitados por una espada. El sonido de las espadas cesó, dejando tras de sí un silencio que el reino de Camelot no olvidaría jamás. El señor feudal y su comitiva se retiraron satisfechos, creyendo que el orden había sido restaurado y que la historia de aquel amor prohibido se perdería con el viento. Regresaron a sus castillos de piedra, dejando los cuerpos de los amantes bajo la sombra del sauce que los vio amarse por última vez. Sin embargo, la tierra tiene mejor memoria que los hombres. Tiempo después, en el lugar exacto donde cayeron, la hierba creció más verde que en cualquier otro rincón de Inglaterra. De la tierra brotaron dos rosales: uno de rosas azules, profundas como el cielo de medianoche, y otro de rosas rojas, vibrantes como el fuego y la sangre. Con el paso de los años, los tallos no crecieron hacia los lados, sino que buscaron encontrarse. Se enredaron con tal fuerza que era imposible decir dónde terminaba uno y dónde empezaba el otro. Las espinas se abrazaban y las flores se mezclaban, creando un espectáculo de color que desafiaba a los inviernos más crudos. Era la prueba final de que, aunque el acero pudo separar sus cuerpos, no hubo ley ni espada capaz de desatar sus almas. La corona de Arthur se perdió en el polvo, y la armadura de Lancelot se deshizo con el tiempo, pero los rosales permanecieron, floreciendo eternamente para recordar que el amor más puro es aquel que no teme a la muerte.

Primer one-shot completa

1896 palabras.

Kamu telah mencapai bab terakhir yang dipublikasikan.

⏰ Terakhir diperbarui: Feb 18 ⏰

Tambahkan cerita ini ke Perpustakaan untuk mendapatkan notifikasi saat ada bab baru!

One-shots SonadowTempat cerita menjadi hidup. Temukan sekarang