Azul

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-Es que siempre es lo mismo Nik, nunca puedes salir temprano de esta casa

Hablaba mi madre mientras me veía correr por la cocina. Era mi primer día en la pasantía por la que luché meses y ya iba con el tiempo contado para llegar a la ciudad. Mi familia siempre había vivido en la periferia y, aunque la estación de tren no era tan lejana, costaba un poco llegar a la zona de altos edificios a los que tenía que ir.

Salí con prisa abrochando mi abrigo; el frío de enero aún causaba estragos. Además, la noche anterior había helado, por lo que el camino al tren estaba resbaloso y, con los tacones que había decidido utilizar, se estaba complicando mi viaje, pero tenía que llegar. El primer tren partía en exactamente 7 minutos y tenía el tiempo medido.

Después de subir y bajar las colinas inglesas que me separaban de la vieja estación del pueblo donde vivía logré llegar al andén, estaba lleno de estudiantes y personas que trabajaban en una de las grandes urbes de Europa por lo que tuve que apretujarme entre la multitud para lograr entrar en un vagón y decidí no sentarme para no arrugar la falda que tanto trabajo me había costado planchar.

El olor a café inundó mis fosas nasales mientras me ponía los audífonos, varios chicos se repartían una taza mientras que una chica con un uniforme médico sacaba libros de su mochila, siempre me había encantado tomar el tren porque durante 45 minutos podía observar la vida de otras personas, me intrigaba saber como tantos caminos podían encontrarse una mañana lluviosa y fría para separarse y no volver a chocar después de llegar a la estación.

Cuando bajé del tren mi estómago se apretó aún más y sentía como la saliva en mi boca aumentaba producto de los nervios, podía vomitar en cualquier momento y eso que había decidido no desayunar, pero siempre era lo mismo cuando me ponía ansiosa pero apreté el paso hasta que pude ver mi destino.

El edificio donde tenía que presentarme era una vieja fábrica que habían reacondicionado para ser la oficina central de la empresa en la que esperaba ser contratada, había salido de la carrera hacía ya 3 años y mis trabajos en ese tiempo eran en cafés y restaurantes locales ayudando con la administración, era la primera vez que iba a tener algo en mi campo laboral y esperaba quedarme con el empleo.

-Buenos días- La chica detrás del escritorio de recepción se veía amigable, llevaba el uniforme del lugar y un peinado que recogía todo su cabello en una coleta alta- ¿En qué puedo ayudarte cariño?

-Vengo al programa de becarios, Veronique de Brissac

Me dió una sonrisa mientras tecleaba en su computadora pero luego su cara cambió a una mueca de confusión.

-Lo siento linda pero no tengo a nadie con ese nombre en específico, ¿No te registraste con algún apodo o tu segundo nombre?

-Podríamos intentar con Nike pero no se si aparezca

Tecleó de nuevo y no dijo nada mientras llamaba a alguien a través de su extensión, su expresión había pasado de ser sumamente amable a una seriedad extrema.

-Buen día Sr. Sviatoslavich, su becaria ha llegado ¿Desea que la envíe directamente con usted?- Ese apellido, lo había escuchado con anterioridad pero no recordaba muy bien donde, la actitud de la chica había cambiado y se había vuelto temerosa, ¿Sería que mi jefe era muy estricto?- Señorita de Brissac, lamento la espera déjeme acompañarla a la oficina del Sr. Sviatoslavich

Me abrió la entrada de cristal desde su escritorio y nos encaminamos al elevador, pude ver como durante todo el trayecto se enfocó en acomodar su uniforme de manera impecable y cuando el elevador marcaba el piso 40, enderezó su postura aún más.

-Hasta aquí llego yo- dijo deteniéndose afuera del elevador- Si necesita algo no dude en pedirmelo, puede llamarme presionando el 0 del teléfono que le darán, es cruzando las puertas de cristal hasta el fondo

Subió de nuevo al elevador para retirarse y cuando las puertas se cerraron aún me sentía observada, un escalofrío recorrió mi columna y aunque intentaba mantener la compostura, la realidad era que sentía que iba a vomitar en los próximos pasos; a través de las ventanas la luz del sol me acompañó por el pasillo, parecía estar solo y pasé por un escritorio vacío que supuse será el mío, entonces crucé las últimas puertas de cristal y lo vi, Vladimir Sviatoslavich, la razón por la que mi corazón latía cada día en la universidad.

-Vaya, pensé que renunciarias en cuanto supieras que yo te estaba dando esta pasantía

Solo alzó la vista un momento cuando entre, pero cuando sus ojos se encontraron con los míos sentí un chispazo que hizo mis rodillas temblar, Vladimir era hipnotizante, su piel era muy blanca, casi antinatural y contrastaba con el cabello negro que solía caer por su frente, esta versión madura de el se peinaba con cuidado haciendo que cada hebra quedara posicionada con elegancia, pero sus ojos azules no habían cambiado, seguían siendo como ver el agua del caribe, no podías apartar la vista de ellos.

-No sabía que eras tú, pero me retiro, lamento si causé algún inconveniente en tu trabajo

-Ni se te ocurra Veronique, tenemos cuentas pendientes tu y yo así que siéntate- me dejé caer en mi lugar de nuevo como si la gravedad hubiera actuado de momento para que siguiera su instrucción.

Pensar en Vladimir siempre me hacía sentir intimidada pero ahora que lo tenía frente a mí, me sentía aplastada por su presencia.

-Mira Vladimir, yo sé que han pasado más de 6 años desde esa noche pero entendería si no quisieras saber nada de mí, no es tu obligación- dió un manotazo en la mesa haciéndome callar.

Sus ojos se encontraron con los míos, siempre había considerado que tenía una apariencia irreal, casi divina o demoniaca dependiendo de como lo vieras pero después de compartir la universidad con él, sabía que por lo menos poseía una parte humana.

-Veronique, lo que sea que esté pensando tu cabeza loca dejalo ir, salimos de la carrera hace varios años y solo estás aquí porque sé que puedes, confío en que no vas a arruinarlo, dime, ¿Sigues con Gale Labrigen?

La pregunta tornó el ambiente más tenso de lo que ya estaba, sabía a dónde se dirigía con esto, ahora todo tenía sentido

-No voy a hablar de eso, ni de nada que tenga que ver con la universidad, si crees que puedo entonces eso no es relevante

-Bien- dijo mientras se ponía de pie y caminaba en mi dirección- Me comprometo a ignorar todo lo relacionado con el accidente si tu me prometes no decir mentiras, ¿Estamos?

-¿Dónde empiezo?

Vladimir me llevó al que sería mi escritorio donde ya tenía mis claves de acceso y su agenda, también tenía una lista de pendientes que me llevarían lo que quedaba del día y sabía que era exigente, no por nada el emporio Sidorov mantenía su lugar en el top global, había mucho trabajo detrás pero una parte de mi no podía parar de regresar a lo que recordaba de esa noche.

8 años antes

-¡Nike! ¡Nike! ¡Nike!

La multitud coreaba mi nombre mientras sostenía el balón entre mis manos, llevábamos la ventaja en el partido y si lográbamos marcar un fuera más, la victoria estatal era del equipo de voleibol, solo tenía que hacer un buen saque.

Respiré profundo y lancé el balón al aire para darle el golpe que lo llevaría al otro lado de la cancha, pero me vi interrumpida por el sonido de la alarma de incendios, el pánico se desató en segundos y aunque intenté salir con el resto de las personas, terminé encerrada entre llamas con Vladimir Sviatoslavich.

-¡Nike! No me hagas esto por favor, no cierres los ojos, no de nuevo mi ángel

Solo recordaba su olor, la sensación de sus brazos abrazándome y el rojo de sus ojos producto del fuego que se acercaba a nosotros, desperté en el hospital y no recordaba nada más que eso, inclusive había perdido meses de mi memoria y los doctores no sabían por qué, solo me aconsejaron seguir con mi vida y eso hice o al menos eso parecía. 

Quédate conmigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora