No sé qué pasó. De repente, todo cambió. Tengo las manos atadas y en el alma un miedo gélido...
Tocando la fina cadena de plata con el guardapelo, rezó por una sola cosa que sus padres estuvieran vivos. Porque todos los que conocía o amaba habían muerto hacía tiempo. Todo estaba destruido, hasta la última pizca de esperanza. Hogwarts había caído, Dumbledore estaba muerto, los aurores que quedaban se contaban con una mano. E incluso los magos que seguían escondidos en sótanos polvorientos no tenían fuerzas para resistir, ninguna voluntad de vivir. El mundo mágico estaba acabado, al igual que los muggles, pues ya no había nadie que los protegiera.
Las ratas, incapaces de escapar, corrían de un rincón a otro. Presintieron el peligro, que las volvió locas, obligándolas a seguir ciegamente sus instintos, buscando desesperadamente una salida. Era tan humano. Draco conocía esa sensación, cuando un velo nubla su visión y su corazón aumenta espasmódicamente su ritmo, intentando liberarse de su pecho, ese momento en que todos los pensamientos se evaporan en su cabeza, y todo lo que queda de emoción es una desesperación sorda e incontrolable. Conocía esa sensación; le devoraba el corazón como un gusano en una manzana podrida.
Draco estaba en un sótano oscuro y húmedo, atado de pies y manos con cadenas, abandonado a la espera de su muerte, y Voldemort, Draco estaba seguro, no lo mataría rápidamente. Para empezar, intentaría saborear su dolor, animándolo con fuertes gritos y súplicas de pronta liberación. Y todo lo que podía hacer era esperar que todo terminara pronto, que tuviera suerte por una vez en su vida. Pero no tuvo suerte. Nunca había tenido suerte en esta maldita vida. Había durado tanto que Draco ya no estaba seguro de no haberse vuelto loco. Quizás ya ha bía sucedido; no lo sabía. Sacó el guardapelo de debajo de su camisa y lo aferró con manos temblorosas, como el último tesoro que le quedaba.
Draco no creía en el futuro; no podía verlo. No tras el velo de fuego y los destellos de las maldiciones asesinas. Su pecho seguía doliendo dolorosamente, sobre todo cuando pensaba en Potter. Se le hizo un nudo en la garganta y respirar se volvió tan difícil, como si alguien invisible le rodeara el cuello con los brazos, cortándole el suministro de oxígeno. En esos momentos, apretaba los puños con tanta fuerza que se le clavaban las uñas en la piel, intentando evitar un ataque de histeria, porque era agotador. Intenso. Y cada vez, algo en su interior se rompía, aunque parecía que ya no quedaba nada que romper. Potter había luchado en la batalla, y Draco también. Malfoy había visto el fuego que no se detenía ante nada. La gente gemía de dolor y miraba con lágrimas en los ojos lo que quedaba de Hogwarts. El olor a carne quemada llenaba el aire, y no había escapatoria del humo sofocante, así que solo podía ahogarse y contemplar la derrota, la muerte, las sonrisas de los enemigos que ahora gobernaban las ruinas del castillo. La desesperación le llenaba el pecho y un vacío se formaba en su alma.
El mundo mágico había anhelado la victoria que Harry Potter se suponía les traería. Pero la esperanza por sí sola no podía ganar una guerra. Malfoy aún recordaba como si fuera ayer.
Recordaba, en las ruinas de Hogwarts, cuando Harry se enfrentó a Voldemort. Ambos oponentes gritaron "¡Avada Kedavra!" y su magia colisionó, formando una poderosa corriente. Todos los que presenciaron ese momento contuvieron la respiración, esperando un milagro. Pero el milagro no ocurrió. El destello verde se acercó gradualmente a Harry, desplazando su magia roja. Y Potter resistió hasta el final, hasta que fue completamente aplastado. Y cuando el rayo de Voldemort lo atravesó, el joven Gryffindor cayó de rodillas. Sus ojos brillaron con una luz viva por un instante, solo un instante. ¿Tuvo tiempo de comprender que había perdido? ¿Que estaba muerto?
Era imposible describir lo que Draco sintió en ese momento. Fue como si una ola lo hubiera inundado. Dio un paso ligeramente vacilante hacia Harry, sin creer que estuviera muerto, y se sintió abrumado por la ira hacia el Gryffindor por no haber cumplido la promesa que le hizo a él. La desesperación apareció, gritándole en su cabeza que esto no podía estar pasando, porque era imposible, no era real, que solo estaba teniendo una pesadilla interminable. Le temblaban ligeramente las piernas, pero Draco seguía moviéndose. Y Potter seguía tendido en el suelo, con la mirada perdida en el cielo oscuro.
ŞİMDİ OKUDUĞUN
Pesadillas
Hayran KurguHarry muere en la guerra y, con su caída, el mundo mágico se desmorona; Draco es señalado como traidor y cae en manos de Voldemort, quien lo somete a torturas físicas y mentales hasta quebrarlo, pero en medio del dolor descubre una forma de alterar...
