Sinceramente, hace tiempo dejé de escribir fanfics, pero amo imaginar tramas, así que decidí que esta vez no solo pasaría en mi mente. Bienvenidos a una historia corta de Eddie Munson, mi personaje favorito de Stranger Things, y un male OC.
Esta his...
Eddie siempre había escuchado hablar de Alex. Desde que se hizo amigo de Dustin, el nombre de su hermano mayor aparecía de vez en cuando en las conversaciones. Incluso lo había visto en algunas fotos familiares durante sus visitas a casa de los Henderson. Dustin nunca le contaba demasiado sobre él, pero las pocas anécdotas que compartía bastaban para dejar claro que eran bastante cercanos.
En un principio, solo sabía que Alex ya no vivía en Hawkins, pues se había mudado a Chicago para estudiar Ciencias Políticas en la University of Chicago. Sabía que el chico tenía su misma edad y que su aspecto físico no era muy distinto al de Dustin. Sin embargo, como las únicas fotos que había visto eran de cuando Alex era pequeño, no sabía con exactitud cómo lucía ahora; solo tenía la vaga idea de que compartían los mismos rizos castaños.
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Eddie solía pasar por casa de Dustin después de la escuela. Ese día, al tocar la puerta, esperaba encontrarse con su amigo como siempre. Sin embargo, quien apareció al otro lado lo dejó completamente anonadado.
Frente a él estaba el chico más lindo que había visto en su vida. Tenía su misma estatura y llevaba unos lentes de marco fino que resaltaban los ojos más bonitos que Eddie había visto jamás. El impacto fue tan fuerte que, durante un segundo, olvidó incluso por qué estaba allí. Se quedó inmóvil, con la mano todavía suspendida en el aire.
—Ah... hola. ¿Está Dustin? —preguntó, cambiando el peso de un pie al otro por puro nerviosismo.
El chico arqueó una ceja, examinándolo con curiosidad.
—¿Tú eres...? —soltó, con un tono de duda.
—Soy amigo de Dustin —dijo él, enderezando la postura mientras la confianza regresaba a su cuerpo para rescatarlo—. ¿Y tú eres...?
El desconocido estaba a punto de contestar, pero en ese momento Dustin apareció de un brinco, metiéndose entre los dos y rompiendo el contacto visual.
—¡Hola, Eddie! —saludó Dustin con su sonrisa de siempre, ajeno a lo que pasaba.
Un silencio repentino se instaló entre los tres. Dustin se quedó quieto, moviendo la cabeza de uno al otro, tratando de averiguar el porqué de esas expresiones de curiosidad. Al darse cuenta de la tensión, abrió la boca en un gesto de sorpresa mientras asentía para sí mismo.
Se aclaró la garganta con una tos exagerada para llamar la atención de ambos.
—Eddie, este es Alex, mi hermano —Dustin alzó la mano y señaló a Alex con el dedo índice—. Y Alex, este es Eddie, mi amigo de la escuela.
De repente, el cerebro de Eddie hizo un completo cortocircuito. Las pocas veces que había imaginado a Alex, lo había hecho como una réplica de Dustin, pero más alto; jamás se le pasó por la cabeza que pudiera ser alguien tan atractivo.
—Un gusto, Eddie —Alex rompió su ensimismamiento al alzar la mano para saludarlo.
Eddie reaccionó rápido y se la estrechó al instante. El contacto duró poco, ya que Dustin salió de la casa y se paró a su lado, dándole un pequeño empujón con el brazo para indicarle que debían irse.
—Bueno, nosotros ya nos vamos —anunció Dustin, interrumpiendo el momento al agarrar a Eddie de la chaqueta para que empezara a caminar—. ¡No vuelvo tan tarde, guárdame de cenar! —le gritó a su hermano, dándose la vuelta apenas pisó la acera de enfrente.
El más alto solo alzó una mano en señal de despedida mientras empujaba la puerta con suavidad hasta que el pestillo hizo clic.
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—Podrías haberme dicho que tu hermano había vuelto, ¿sabes? —se quejó Eddie, soltándose del agarre de Dustin con un bufido.
Dustin frunció las cejas, indignado por el reclamo.
—Volvió hoy, hace apenas unas horas; hasta para mí fue una sorpresa —explicó Dustin, apurando el paso mientras se acomodaba la gorra—. Así que no podremos estar en mi casa —añadió, mirando hacia el cielo con un suspiro-. Mi mamá no quiere nada de alboroto porque dice que Alex necesita descansar de él.
Eddie frunció los labios, entrelazando las manos detrás de la cabeza sin disminuir el paso.
—¡Vamos! Sabes que odio estar en mi casa, prometo que no haré nada de ruido.
—Ajá —devolvió Dustin, con total incredulidad.
—Hablo en serio, Henderson.
El menor rodó los ojos; para él, Eddie era sinónimo de ruido, así que no podía creerle ni una sola palabra.
-¡Por favor! —suplicó Eddie, tomándolo por los hombros para sacudirlo de un lado a otro.
—¡Ya, suéltame! —protestó Dustin, intentando quitarse las manos de Eddie de encima sin dejar de avanzar—. Me vas a zafar un brazo.
Eddie lo liberó, pero no se dio por vencido; se colocó justo delante de él, caminando de espaldas para no perder el contacto visual.
—Hablo en serio, Henderson. Seré una tumba. Ni tu hermano ni tu mamá notarán que estoy ahí.
Dustin resopló, esquivándolo para no tropezar con él, aunque una pequeña sonrisa delató que le ganaba la insistencia.
—Bueno... Está bien, está bien —cedió por fin Dustin, acomodándose la chaqueta mientras lo señalaba con el índice—, pero te advierto que al mínimo ruido nos botan de la casa.
Eddie tuvo que morderse el interior de la mejilla para contener la sonrisa. En su cabeza ya comenzaban a surgir distintas maneras de ganarse al hermano mayor de Dustin.