El contrato

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Duncan sostenía su CV con fuerza, arrugándolo, estaba nervioso, necesitaba el trabajo. Si bien su plaza como maestro de primaria en el pueblo era un buen ingreso, se había vuelto insuficiente cuando su papá adoptivo Arlan enfermó gravemente. Llevaba días buscando una oportunidad que se acomodara con su trabajo actual cuando se topó el anuncio "Se busca maestro particular" en el periódico, no tenía muchos detalles, pero al llamar al número escrito le ofrecieron un sueldo tan alto que parecía hasta que lo iban a secuestrar.

Normalmente habría dudado, pero estaba tan desesperado que se presentó a la oferta. Grande fue su sorpresa al ver una mansión con el logo del dragón de las empresas Targaryen, eso tenía más sentido con el sueldo ofrecido, seguro era para darle clases privadas a algún niño consentido, igual no le molestaba, era bueno con los niños naturalmente y en verdad necesitaba el dinero.

—Duncan Elalto, pase por favor

Al escuchar la voz de la mujer, se levantó dejando ver que ese apellido le iba muy bien, dejando incluso hasta la asistente sorprendida. Sin esperar lo guio dentro de una gran habitación donde estaban un niño pequeño y el que parecía su padre, un rubio con expresión severa que le indicó que se sentara.

—Duncan eh, 5 años trabajando de maestro de primaria, 10 años de entrenador de Rugby incluso... ¿si ya tienes un empleo porque buscas otro? — cuestionó directamente, viéndolo con duda.

—Muchas gracias, señor por la oportunidad — carraspeó, y sonrió levemente tratando de no verse nervioso.

—Tengo un nuevo gasto en puerta y necesito juntar más dinero, vi la oportunidad y verá a mí me gustan mucho los niños, siempre quise ser una figura de apoyo, yo nací en un lugar muy humilde y... —

Duncan parloteo nervioso, historias que a Maekar no le importaban para nada era el gerente general de las empresas más prestigiosas de la ciudad, las historias de gente de clase baja no le interesaban, incluso le parecían molestas, y se notaba, alzó una ceja y volteó a ver a su hijo, el más joven, apodado Egg. Para su sorpresa el niño se notaba curioso por el profesor, incluso atento. Y era la primera vez que notaba algo así. Rascó su barba, pensó por un rato, sin escuchar una palabra del postulante y tomó la decisión. Estuvo a punto de decir algo cuando Egg tomó la iniciativa.

—Profesor Duncan, no es necesario que explique tanto, a mi papá no le interesa, solo quiere que no lo moleste en las tar.. —

Al igual que el castaño, el pequeño comenzó a hablar, hablar y hablar. Hubo un click entre ambos, eran parecidos, bonachones, tontos incluso

Maekar rojo de molestia al escuchar a su hijo menor, golpeo la mesa.

—Basta— grito.

—¿Quiere el trabajo o no profesor Duncan?—
—Sí, por favor, muchas gracias— Emocionado ofreció su mano a Maekar, pero este sólo le hizo el ademan de que se retirara, ya tuvo suficiente de los dos. Egg también se emocionó, tenía un buen presentimiento sobre Duncan.

—Mi asistente le dará una lista de reglas y por menores del empleo. Nos vemos mañana.

Duncan asintió con emoción, caminando de espaldas para mostrar respeto a su nuevo empleador, estaba tan inmerso en su papel que no notó a un joven de cabello plateado con el que estaba por estrellarse.

—Fíjate, estúpido—, grito un joven notoriamente más bajo que Duncan, pero definitivamente con un aire más terrorífico. Enojado usó ambas manos para empujarlo hacia un lado, el castaño estaba confundido y no pudo meter ni las manos, aquel empujón le hizo dar la vuelta en medio de tanto movimiento y terminó cayendo sobre el joven rubio.

Ambos cuerpos yacían en el suelo, pegados, el peso del profesor sobre el joven desconocido; Maekar se levantó exaltado y la risa de Egg retumbó el lugar.

—Es perfecto papá — el niño casi se fue hacia atrás de la risa y el gusto de ver cómo el odioso de su hermano Aerion era aplastado por aquel hombre tan alto. Duncan estaba como tomate, intentado levantarse sin lastimar más al hombre, mientras se disculpaba muchas veces. Fue entonces que ambas miradas se cruzaron, y por instante pareció que no había nada al rededor más que ellos. Duncan se quedó pasmado con el bello rostro del rubio, tanto que ignoró por completo la mirada asesina que Aerion le dedicó.

—Ya quítate maldito cerdo— gritó el heredero, sacando al profesor del transe, quien avergonzado se levantó y ofreció la mano para ayudarle, pero como es de familia, Aerion le ignoró y chasqueando los labios se levantó, limpiándose lo más que pudo. No dijo más nada, solo rodó los ojos y se fue, no era normal en él no buscar algún tipo de represalia, pero, aunque no lo había demostrado, a sí mismo no pudo ocultar que también había sentido un presentimiento con ese maestro de cuarta.

El dragón bajo el olmoStories to obsess over. Discover now