El aire del estudio tenía ese olor particular de los lugares donde todo está preparado para ser visto, pero nada está hecho para quedarse. Una mezcla leve de cables calientes y el rastro casi imperceptible de algún perfume que alguien usó horas antes y que todavía flotaba, diluido, en la atmósfera cerrada. Jairo llevaba un rato sentado cuando las cámaras aún no grababan, con la postura tranquila de quien aparenta estar cómodo, aunque por dentro se encuentre midiendo cada segundo como si fuera un pulso.
No estaba nervioso. O al menos no de la forma visible.
Había aprendido hace tiempo que la incomodidad real no se nota en las manos ni en la voz, sino en la respiración, y la suya salía lenta, profunda, demasiado controlada para ser casual. Sus dedos descansaban juntos, apenas tocándose, como si la piel recordara algo que la mente prefería no revisar todavía. Frente a él, el entrevistador repasaba preguntas con una concentración silenciosa que parecía inofensiva, pero que en realidad tenía el peso de alguien que sabe cuándo una conversación va a cambiar de temperatura.
La luz encendida frente a Jairo no era molesta; era fija, blanca, limpia. Aun así, hacía que cada gesto mínimo se volviera visible: el leve movimiento de su garganta al tragar saliva, el cambio casi imperceptible en la tensión de su mandíbula cuando pensaba una respuesta, la forma en que su mirada se detenía medio segundo más de lo normal antes de contestar algo personal.
—¿Listo?
Jairo levantó apenas la vista y asintió.
La grabación empezó con naturalidad. Preguntas sobre música, proyectos, planes. Su voz salía tranquila, estable, con esa seguridad que no necesita elevarse para sostenerse. Respondía con precisión, sin apurarse, dejando pequeños espacios entre frase y frase como si eligiera con cuidado qué dejar salir y qué guardar.
El ambiente se sentía cómodo, casi relajado, como si la conversación caminara por un terreno donde nada podía torcerse. Pero las entrevistas tienen algo parecido a las mareas: incluso cuando la superficie parece quieta, siempre hay un momento en que el movimiento cambia.
El entrevistador bajó la mirada a sus notas. Sus ojos se detuvieron en una línea. No habló de inmediato. Ese silencio breve no fue incómodo, pero sí lo suficientemente perceptible para que algo en la atención de Jairo se afinara apenas, como si una parte de él hubiera reconocido un sonido lejano que el resto todavía no oía.
Cuando habló, lo hizo con un tono tranquilo, casi casual.
—Jairo.. Hay algo que siempre te preguntan… —dijo—. ¿Te reconciliarías con algún artista con el que hayas tenido problemas? .
El nombre no apareció.
No hacía falta.
Algo en la expresión de Jairo cambió, aunque solo lo suficiente para notarlo si uno sabía dónde mirar. No fue un gesto evidente ni dramático; fue un ajuste mínimo en su mirada, una pausa microscópica antes de responder, como si dentro de su cabeza se hubiera abierto una puerta antigua y una corriente de aire frío hubiera cruzado el recuerdo.
Durante ese instante breve, no estuvo realmente en el estudio.
Las luces frente a él seguían encendidas, el equipo técnico seguía observando en silencio, el entrevistador seguía esperando la respuesta, pero su mente había retrocedido hacia un punto donde el sonido era distinto, más áspero, más cargado. Un escenario, voces superpuestas, una tensión que no tenía nada que ver con música y todo que ver con orgullo, palabras dichas con demasiado filo y miradas que no se olvidan porque no terminan cuando el momento termina.
El cuerpo siempre recuerda antes que el pensamiento.
Por eso su respiración tardó apenas un segundo en acomodarse otra vez, como si hubiera tenido que atravesar algo invisible antes de volver al presente.
Los problemas… ya son pasado. —respondió al fin, con voz serena—. El tiempo responde por mi.
Dijo.
Soltando una pequeña risa.
YOU ARE READING
DUBAI - JJ
Fanfiction"Yo se que no a olvidao' por más que tu quieras.. Y en la troka montado, recordandote..."
