La niebla cubría el lago cercano a la frontera entre Yunmeng y Gusu. El silencio era espeso, apenas roto por el suave chapoteo del agua contra las barcas.
Jiang Cheng observaba el horizonte con el ceño fruncido.
—Esta energía resentida no es común —dijo, sosteniendo a Zidian con firmeza—. No se dispersa aunque la purifiquemos.
A su lado, Lan Xichen mantenía la mirada serena, aunque sus ojos reflejaban preocupación.
—Es como si estuviera siendo alimentada desde algún punto oculto —respondió con suavidad—. Tal vez no estamos buscando en el lugar correcto.
Jiang Cheng chasqueó la lengua.
—¿Insinúas que mis discípulos no revisaron bien la zona?
Lan Xichen negó ligeramente con la cabeza.
—Jamás dudaría de la diligencia del Clan Jiang. Solo creo que esta perturbación... es diferente. Más emocional que espiritual.
Jiang Cheng guardó silencio. Sabía que Lan Xichen rara vez hablaba sin pensar.
Caminaron hasta un viejo templo abandonado, cubierto de enredaderas. La energía resentida era más fuerte allí.
—Qué irónico —murmuró Jiang Cheng—. Un lugar olvidado, lleno de rencor.
Lan Xichen lo miró de reojo.
—Los lugares olvidados suelen guardar lo que nadie quiso enfrentar.
Jiang Cheng apretó la mandíbula.
—No todos tenemos el lujo de retirarnos cuando las cosas se vuelven difíciles.
El comentario quedó suspendido en el aire. Lan Xichen bajó la mirada, comprendiendo el significado detrás de esas palabras.
—Tienes razón —dijo con honestidad—. Me aparté cuando mi clan necesitaba firmeza. No fue digno de un líder.
Jiang Cheng lo miró sorprendido. No esperaba una respuesta tan directa.
—No dije eso —respondió con tono más bajo—. Solo... todos cargamos con errores. Algunos más pesados que otros.
Un rugido espiritual emergió del templo, obligándolos a actuar. Lucharon espalda con espalda, combinando la precisión elegante de Gusu con la fuerza implacable de Yunmeng. Sus movimientos parecían complementarse sin necesidad de palabras.
Cuando finalmente la energía resentida se disipó, el templo quedó en ruinas, pero el aire se sentía más ligero.
Jiang Cheng respiró hondo.
—No estuvo mal... trabajar contigo.
Lan Xichen sonrió apenas.
—Podría decir lo mismo. Tu determinación es admirable.
Jiang Cheng desvió la mirada, incómodo ante el elogio.
—No necesito admiración. Solo resultados.
—Aun así —insistió Lan Xichen con suavidad—, eso no significa que debas cargar todo solo.
El viento agitó las túnicas moradas y blancas. Por un instante, el silencio entre ellos no fue tenso, sino tranquilo.
—Lan Xichen —dijo Jiang Cheng, sin mirarlo—. Si decides volver a Gusu... asegúrate de hacerlo como líder. No como alguien que huye.
Lan Xichen lo observó con atención.
—¿Es una orden del líder Jiang?
Jiang Cheng bufó levemente.
—Considéralo... un consejo.
Lan Xichen inclinó la cabeza.
—Entonces lo aceptaré. Y, si el líder Jiang lo permite, me gustaría visitar Yunmeng en el futuro. No solo por asuntos oficiales.
Jiang Cheng sintió que su corazón se tensaba de forma inesperada.
—Yunmeng no rechaza a sus aliados —respondió, intentando mantener su tono firme—. Mientras no rompas nuestras reglas.
Una leve risa escapó de Lan Xichen, suave como campanas de viento.
—Haré mi mejor esfuerzo.
Mientras el amanecer teñía el cielo de dorado, ambos comprendieron que la perturbación espiritual no era lo único que había cambiado aquella noche.
Por primera vez en mucho tiempo, ninguno de los dos se sentía completamente solo.
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Entre Lotos y Nubes
RandomTras los años turbulentos de guerra y pérdidas, el mundo de cultivación por fin disfruta de una paz frágil. Jiang Cheng, ahora líder firme y solitario del Clan Jiang, carga con el peso de reconstruir Yunmeng y de proteger lo poco que le queda. Aunqu...
