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El bar no estaba lleno, pero sí lo suficiente para que el ruido se volviera una muralla cómoda contra los pensamientos. Robby se reía con Abot al otro lado de la mesa con la botella sudando entre sus manos.

-Te juro que ese residente va a matar a alguien un día de estos -decía Abot, negando con la cabeza. -Nah, primero se desmaya él - respondió Robby, llevándose el vaso a los labios.

Era una de esas noches raras donde el hospital parecía lejos. Donde ser médico no pesaba tanto. Donde podía ser solo... alguien.

Entonces la puerta del bar se abrió. Robby miró y no supo por qué. El tipo que entró no era llamativo en el sentido obvio. Nada exagerado. Camisa oscura, mangas arremangadas, el cansancio pegado a la postura como si fuera parte de su ropa.

Se sentó solo en la barra, pidió algo fuerte sin mirar el menú. Pero había algo en él, algo callado. Contenido, como alguien que está acostumbrado a sostener demasiado. Robby no se dio cuenta de que lo estaba mirando hasta que Abot habló.

-¿Conoces a ese tipo o...?- se quedo observándolo atento a su respuesta -¿Qué?- Robby parpadeó, desviando la vista- No

Pero volvió a mirar y esta vez el desconocido también. No fue una sonrisa. No fue un gesto. Solo un cruce de miradas que duró un segundo más de lo socialmente normal.

Suficiente.

-Voy por otra ronda - dijo Robby, levantándose con una excusa que ni él mismo creyó. Se apoyó en la barra a dos asientos de distancia, silencio primero, el ruido del lugar alrededor

- Larga noche - murmuró el desconocido, sin mirarlo. Su voz era grave pero no tanto. Cansada y Honesta.

Robby soltó una pequeña risa nasal.

-Siempre lo son-

Esa fue la única verdad que intercambiaron sin filtros. El hombre giró levemente el vaso entre los dedos.

-¿También trabajas demasiado o solo tienes cara de cargar el mundo?- Robby lo miró de lado. - ¿Y tú tienes cara de juzgar desconocidos o es talento natural? -

Una esquina de la boca del otro se alzó apenas. Primer quiebre en la armadura.

-Touché.

No se preguntaron nombres.

No hablaron de trabajos.

Hablaron de cosas triviales,
de turnos que nunca terminan,
de lo extraño que es no querer volver a casa.

Se rieron más de lo que esperaban.

Y en algún punto, sin darse cuenta, los hombros dejaron de estar tensos.

Cuando las manos se rozaron al tomar la misma servilleta, ninguno se apartó rápido.

Fue esa clase de conexión que no hace ruido.
Pero se siente... como caer en algo tibio después de estar demasiado tiempo a la intemperie.

-No suelo hacer esto -murmuró Robby después, más cerca ahora.

-Yo tampoco -respondió el otro.

Mentira compartida.
Acuerdo silencioso.

No era sobre deseo solamente.

Era sobre: no estar solos esa noche,
no pensar demasiado,
no llevarse el peso a la cama.

Cuando salieran del bar, la noche estaria fría.

Pero ellos no.

Robby vuelve a la mesa con las bebidas, pero ya no está tan presente. Se sienta, pero su atención sigue anclada en la barra. Abot lo nota al segundo. Obvio.

Falling Off ScriptTahanan ng mga kuwento. Tumuklas ngayon