Hay cosas que uno aprende a hacer con el tiempo.
A calcular distancias. A leer un monstruo por sus movimientos antes de que ataque. A no perder la cabeza cuando todo a tu alrededor se está desmoronando. Años de esto te vuelven eficiente, casi mecánico, y eso no siempre es malo. A veces es lo único que te mantiene vivo.
Pero hay cosas para las que no existe entrenamiento.
Kim Rok Soo estaba recostado contra la pared del fondo, en el pequeño espacio que habíamos encontrado para escondernos. Su abdomen... no voy a describirlo. No puedo. Cada vez que intento ordenar las palabras en mi cabeza me quedo en blanco, como si mi mente decidiera que hay cosas que simplemente no merecen ser dichas en voz alta.
Estaba vivo todavía. Se estaba esforzando por seguir estándolo.
El monstruo rugió afuera, a unos metros, demasiado cerca para mi gusto. Pero no era lo que más me importaba en ese momento.
Choi Jung Soo estaba al otro lado de Rok Soo, y lo primero que hizo fue gritarle. Desesperado, con esa voz que se le quiebra cuando está asustado de verdad y no cuando simplemente está molesto.
"¡No te mueras! ¡Escúchame, no te—!"
"Le quedan aproximadamente dos tercios de energía," dijo Rok Soo.
Pausa.
"Al monstruo," aclaró, como si hiciera falta. "Basándome en el patrón de movimiento que estuve observando. Tiene un ciclo de ataque de unos ocho segundos antes de necesitar reposicionarse. El flanco izquierdo es más lento que el derecho, probablemente una lesión anterior o una debilidad estructural. Si se aprovecha ese intervalo—"
"¡Cállate!" La voz de Jung Soo se quebró en algún lugar entre el grito y algo que no quería nombrar. "¡Guarda tus fuerzas, idiota, cállate!"
Pero Kim Rok Soo no se calló.
Siguió hablando. Con esa voz tranquila, medida, que usaba cuando estaba procesando información importante. Como si no tuviera una herida en el abdomen. Como si no estuviéramos ahí los tres, sabiendo perfectamente lo que los tres sabíamos.
Que no iba a sobrevivir. No con esa herida. No aquí.
Lo sabíamos. Y él lo sabía más que nadie.
Empecé a hablar. No sé bien por qué, o tal vez sí lo sé. Le agradecí la información. Le dije que era útil, que lo íbamos a usar, que teníamos que anotarlo en algún lugar. Jung Soo me miró como si me hubiera vuelto loco, con esa expresión de '¿ahora hablas de eso?' que normalmente habría hecho que me justificara.
Pero yo sabía lo que estaba haciendo Rok Soo.
Se estaba esforzando. Cada palabra que decía era un esfuerzo físico concreto para mantenerse consciente el tiempo suficiente para darnos algo útil. Era su forma de hacer lo único que sabía hacer bien cuando no podía hacer nada más: ser útil de todas formas.
Y yo podía al menos reconocerlo.
La culpa no llegó de golpe. Llegó despacio, que es peor. Se instaló en el pecho como algo que ocupa espacio, como algo que no debería estar ahí pero que de alguna manera tiene más derecho que yo mismo.
Kim Rok Soo no debería morir. No aquí. No así. Era demasiado joven, demasiado... y yo había estado ahí, había estado en posición de hacer algo distinto en algún punto, y había tomado otras decisiones, y ahora estábamos aquí.
Si hubiera podido cambiarme por él no lo hubiera dudado. Lo pienso y sé que es verdad. Sin dudarlo.
Me acerqué.
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Fragmentos de tu corazón. (TCF)
FanfictionPequeños OneShorts y TwoShorts, de los distintos shipps que posee Cale Henituse.
