LA BIOSFERA. Episodio 1: El Libro.

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Alejandro Rocha Narvaez

Episodio 1: "El Libro"

La joven cruzó la calle hacia la pequeña plaza en las afueras de la universidad. El crepúsculo dejaba caer lentamente su manto de frio y oscuridad. Pero ella se sentía muy cómoda con su cabello rojo ordenado en trenzas, sus bonitos anteojos, su vestido azul y sus tacos elegantes. Sonreía como si fuera a encontrarse con amigos en una esperada fiesta. Se detuvo ante la pileta y, luego de mirar en todas direcciones, se sentó en uno de los bancos.

Empezaba la hora más peligrosa en la plaza. Contra el fondo de la música en los pubs, figuras solitarias y grupos extraños iban apareciendo en los rincones con más penumbra. En adelante, todo podía suceder, y sucedería. No pasaba noche sin que ocurriera una riña, o alguien fuera asaltado y golpeado, o inclusive uno o dos cuerpos ensangrentados fuesen encontrados la madrugada siguiente.

Dos o tres miradas torvas se habían fijado en la indefensa figura solitaria, sentada en el centro de la plaza. Enfundados los rostros en sus sudaderas, resoplando malignamente mientras inundaban el aire con el humo de sus porros, varios caminaron hacia ella con decisión. Cuando los vio acercarse, los finos labios de la niña se estiraron en un gesto de súbita satisfacción.

Al verla tan sonriente y confiada, los tipos se miraron. Empezaban a imaginar cómo aprovecharse de su presa, cuando otro se adelantó de entre ellos y le preguntó:

- ¿Cuánto querí?
- Quiero El Libro -Le respondió ella.

Luego del pasmo que les causó la demanda de la niña, el grupo soltó una carcajada en medio de nuevas emanaciones de macoña. Pero toda la escena tenía otro testigo. Debajo del gorro de su sudadera y entremedio de su larga melena ensortijada, no perdía detalle de lo que estaba pasando bajo la plena luz de las luminarias que recién se habían encendido en la plaza. Y justo cuando uno de los tipos estiraba el brazo para rozar insolentemente el rostro de la niña, saltó lejos del árbol en que se escondía, gritando: "¡Oye!".

Lo miraron, asustados, preparados para emprender la huida. Pero, al ver que estaba solo, se indignaron por su audacia y se abalanzaron sobre él para masacrarlo. El joven sonrió, satisfecho de haber logrado que se alejasen de la niña. Pero una fracción de segundo después, se dio cuenta de lo que había desatado. Abrió los ojos enormes. Y, sin pensarlo más, echó a correr hacia las sombras que ya inundaban el campus de la universidad, perseguido por la turba furiosa.

Entretanto, el insolente se había quedado al lado de la chica, nada dispuesto a dejarla ir. Ella, no menos sorprendida por la súbita intervención del joven, seguía sonriendo como si todo eso le divirtiera un montón.

- ¡Ya puh! -Le dijo ella, con el semblante alegre, cuyos hermosos y finos rasgos quedaban plenamente expuestos a la luz- Necesito El Libro. Dime dónde está. O llévame a donde lo tengan.

La mirada torva del tipo se fijó en ella con perplejidad. Luego, mostró sus dientes carcomidos, cual si celebrara lo loca que debía estar, y dejó caer dos frases soeces en anuncio de lo que le haría a continuación. Ella lo miró, frunciendo las finas y cuidadas cejas, en un gesto de fingida pena.

-Hmm. Entonces, eres uno que no tiene idea. ¡Qué lástima!

Le ofreció la pálida mejilla, como si le pidiera un beso, y el tipo no dudó en acercarse para iniciar su abuso. Pero se detuvo. Había sentido un golpe seco en el cuello, y un agua cálida chorreándole por el pecho. Y lo último que pudo ver fue a la chica, riendo a carcajadas, con los ojos desorbitados y un afilado puñal curvo entre los dedos, mientras se sentía empujado hacia atrás con su pie, antes de hundirse en la tiniebla.

LA BIOSFERAWhere stories live. Discover now