En lugar de dispararle al enemigo, la protagonista se disparó a ella misma para acompañar a su amado.
Ese fue el final del podcast trágico que se reproducía en los audífonos de Dion mientras salía del metro.
Caminaba distraída en el teléfono, pero se aseguró de levantar la mirada para no seguir chocando con las personas. Cuando su mirada se encontró con una pared, un grafiti.
La tinta se chorreaba, aunque no había señales de alguien cerca que pudiera ser el creador de aquel graffiti.
A Dion le había llamado la atención esos ojos pintados con tinta roja y negra en la pared. Porque eran incómodos, inquietantes.
Por un momento tuvo la ilusión de que las pupilas se movían para seguirla.
Entonces se detuvo para observarlos mejor, y decidió tomarle una foto con su teléfono.
Algo le decía que debía guardarlo consigo, pero ella no quería seguir viendo como la tinta roja chorreaba, como si los ojos estuvieran llorando sangre.
El graffiti no parpadeaba, y aun así Dion sentía su mirada sobre ella de alguna u otra forma.
No sabe desde hace cuánto tiempo el graffiti comenzó a seguirla, pero definitivamente lo hacía cuando retomó su camino.
Cruzó la calle y lo que sonaba en sus audífonos ahora era confuso, la canción se trababa hasta ser reemplazada totalmente por una simple y vacía estática.
Levantó su celular para ver si los audífonos se habían desconectado, pero el reflejo en la pantalla negra de un chico recargado a un lado del graffiti la hizo girar la mirada.
En su mano giraba una lata de aerosol con tapa roja, y había otra en el piso con tapa negra.
La observaba, también el graffiti lo hacía.
Hace un momento los ojos estaban mirando hacía el frente, ahora estaban a una dirección diferente, la de ella.
La manera en la que sus ojos estaban puestos en ella.. se sentía como una amenaza.
Pero también se sentía como una invitación.
De repente, la estática resonó en sus oídos casi tan dolorosamente que tuvo que arrancarse los audífonos. Los observó, estaban rotos. Parecía que la bocina había explotado.
Maldijo en voz baja y volvió a levantar la mirada, el chico ya no estaba, lo cual no le sorprendió mucho.
Pero lo que sí la descolocó un poco fue que el graffiti tampoco estaba. Ni un solo rastro.
Recordó la foto que había tomado instantes antes, sus dedos se movieron rápidamente por la pantalla hasta llegar a la galería de fotos.
El graffiti estaba en la foto, tenía que haber desaparecido. Pero, ¿en qué momento?
Dion comenzó a preguntarse en qué otros lugares podría encontrar el mismo graffiti. Algo le decía que tenía que encontrarlo, aunque ella tuviera la sensación de que no quería ser buscado, no debía ser buscado.
Una frase que leyó alguna vez retumbaba en su cabeza: Algunas cosas no llegan para advertirte, sino para quedarse. Así como también no aparecen solo para ser vistas, sino para ser perseguidas.
Dion no tenía la menor idea de donde podría estar el graffiti o el chico, ni el porqué habían desaparecido. Pero sabía que no podía ignorarlo.
Definitivamente iba a buscarlo, incluso si no debía encontrarlo.
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Red Ink
RomanceMuerte, vida y un engaño. Ese grafiti, un muro cualquiera. Pero los ojos rojos pintados ahí no eran normales: La miraban, la seguían, la eligieron. Detrás de ese grafiti está él. Un chico en coma que regresa aunque sea por momentos, para vengarse d...
