El bosque estaba inquieto esa noche.
Ayla Thorn lo sintió incluso antes de cruzar el último tramo de tierra que separaba el pueblo de las laderas. El aire era más denso, como si algo invisible se hubiera asentado entre los árboles.
No era la primera vez que caminaba por ahí.
Pero sí la primera vez que sentía tantas presencias al mismo tiempo.
Desde lo alto, oculto entre sombras y raíces, Clockwork la observaba en completo silencio. La había visto crecer a distancia. Había aprendido su ritmo, sus horarios, sus rutas.
Y no era el único que la había notado.
—Está demasiado cerca —gruñó Ticci Toby, apoyado contra un tronco, con la cabeza ladeada—. Es omega.
—Lo sé —respondió Clockwork sin apartar la vista—. Y no es territorio libre.
Un poco más atrás, una figura alta y antinatural observaba la escena sin necesidad de acercarse. Slenderman no hablaba a menudo, pero cuando lo hacía, todos escuchaban.
—No debe ser tocada —ordenó—. No aún.
Entre las sombras más bajas, una risa suave se deslizó como una cuchilla.
—Qué aburrido —murmuró Jeff the Killer, limpiándose las manos manchadas de sangre—. No todos los omegas necesitan protección.
Clockwork giró lentamente la cabeza hacia él. No dijo nada. No hacía falta. Jeff era omega, sí... pero nadie en su sano juicio lo subestimaba.
Más cerca del límite del bosque, una pantalla distorsionada parpadeó brevemente.
—Está interfiriendo con la red —comentó Ben Drowned, con voz calmada—. Su presencia altera cosas.
—Porque no pertenece a este lado —añadió Eyeless Jack, observando desde la distancia—. Pero tampoco es una presa común.
Ayla, ajena a la conversación que se desarrollaba sobre su destino, avanzó unos pasos más. El instinto le gritaba que se detuviera, pero no entendía por qué.
Había otro cuerpo en el pueblo. Lo sabía. La noticia no había sido pública, pero los rumores siempre encontraban la forma de llegar.
—Aquí hay algo más —susurró, sin darse cuenta.
Clockwork tensó los músculos.
Otros alfas ya estaban inquietos. Otros territorios se estaban moviendo. Y si alguien rompía la orden de Slenderman...
No habría vuelta atrás.
—Yo me encargo —dijo finalmente Clockwork, bajando de las sombras—. Si cruza el límite, la saco.
—¿Por qué tanto interés? —se burló Jeff, ladeando la cabeza.
Clockwork no respondió.
Porque ni siquiera ella tenía una respuesta clara.
Ayla se detuvo en seco, con el corazón acelerado. Juraría que había escuchado algo... metal rozando metal.
No vio a nadie.
Pero en la oscuridad, más de un asesino ya había decidido algo importante:
Esa omega no estaba sola.
Y quien intentara tocarla, tendría que enfrentarse a todos.
CONTINUARA
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Clockwork x OC fem
FanfictionEn este mundo, la naturaleza de cada persona se revela a los ocho años: alfa, beta u omega. No es un secreto. Es una sentencia. Ayla Thorn, una omega que se niega a vivir bajo las reglas que otros decidieron por ella, crece en un pueblo rodeado de b...
