Eran casi las dos de la madrugada.
Toda tu casa estaba en silencio.
El tercer piso dormía.
Tus papás.
Las luces apagadas.
El mundo quieto.
Y tú...
Sentada en tu cama.
Con el celular en la mano.
Esperando.
"Ya voy", te había escrito.
Tu corazón latía rápido.
No de miedo.
De emoción.
Te levantaste despacito.
Abriste la cortina del segundo piso.
Y empujaste la ventana apenas lo suficiente.
El aire frío entró.
Y unos segundos después...
—Pssst...
Lo viste.
Sirius.
Parado afuera, con una sonrisa traviesa, el cabello despeinado, y una mochila colgada al hombro.
—Estás loca —susurró—. Me hiciste escalar.
—Cállate —le respondiste bajito—. Entra rápido.
Le estiraste la mano.
Él la tomó.
Fuerte.
Seguro.
Y con cuidado...
Entró.
Cayó suave sobre el piso.
Sin hacer ruido.
Ambos se quedaron quietos.
Escuchando.
Nada.
Silencio.
Se miraron.
Y sonrieron.
— Misión cumplida —susurró.
— Bienvenido a mi casa clandestina —bromeaste.
Caminaron despacio por el pasillo del segundo piso.
Todo estaba oscuro.
Las puertas cerradas.
Los cuartos vacíos.
La sala pequeña en penumbra.
Encendiste una lamparita tenue.
— Podemos quedarnos aquí... —dijiste—. O en uno de los cuartos.
— Donde tú quieras —respondió—. Contigo todo es bonito.
Te ruborizaste.
— Tonto...
Entraron a uno de los cuartos vacíos.
Solo había una cama, una silla y una ventana por donde entraba la luz de la luna.
Se sentaron en el borde.
Cerca.
Muy cerca.
— Extrañaba verte —dijo Sirius en voz baja.
— Yo también...
Hubo un silencio cómodo.
De esos que no incomodan.
Solo acompañan.
Él tomó tu mano.
Despacio.
Como preguntando permiso.
— ¿Estás bien? —te preguntó.
— Sí... —sonreíste—. Solo cansada.
— Siempre te esfuerzas mucho...
Te apoyaste en su hombro.
— Y tú siempre vienes a rescatarme.
— Es mi trabajo.
Se rió bajito.
Te pasó un brazo por los hombros.
No apretó.
No invadió.
Solo estuvo ahí.
Presente.
Protector.
— Me gusta tu casa —murmuró—.
Se siente... como tú. Tranquila.
— ¿Tranquila yo? —susurraste.
— Conmigo sí.
Te miró.
Y tú lo miraste.
A centímetros.
Sin prisa.
Sin presión.
Solo cariño.
Apoyaste la frente en su pecho.
— Gracias por venir...
— Gracias por confiar en mí.
Se quedaron así.
Escuchando la noche.
Respirando juntos.
Sin hacer ruido.
Sin necesidad de más.
Porque en ese cuarto vacío...
Estaban completos.
💙🌙✨
