La luz amarilla de la lámpara iluminaba la habitación de Andy con suavidad. No era un cuarto grande, pero sí familiar. Las paredes guardaban recuerdos del pasado: fotos del antiguo colegio, cuadernos usados, horarios viejos pegados con cinta. Todo hablaba de una etapa que estaba quedando atrás.
Andy estaba sentado en la cama, con la espalda apoyada contra la pared y las manos entrelazadas sobre las piernas. Miraba el techo sin realmente verlo, perdido en sus pensamientos. Mañana empezaba un nuevo colegio.
—Mañana… —susurró.
El solo pensarlo le provocaba un nudo en el estómago.
Sus amigos del antiguo colegio ya no estarían ahí. Cada uno había tomado un camino distinto: algunos se cambiaron a otros colegios, otros se mudaron, otros simplemente desaparecieron de su rutina diaria. Andy seguía en contacto con algunos, pero sabía que ya no sería lo mismo.
Se preguntó cómo sería su primer día. Si encajaría. Si lograría hacer amigos. Si terminaría sentado solo en los recreos, mirando su celular mientras el tiempo pasaba lento.
El miedo apareció, pero no se quedó solo. Andy también pensó en las posibilidades buenas. Tal vez conocería gente nueva. Tal vez alguien se acercaría a hablarle. Tal vez ese nuevo comienzo no sería tan malo.
—Puedo hacerlo —pensó, tratando de convencerse.
Se levantó, apagó la lámpara y se acostó. La oscuridad llenó la habitación. Cerró los ojos y, con los pensamientos aún girando en su mente, finalmente se quedó dormido.
El despertador sonó temprano.
Andy abrió los ojos de golpe y se sentó en la cama. Tardó unos segundos en reaccionar, hasta que recordó todo. Primer día. No podía llegar tarde.
Se levantó rápido, se dio una ducha y fue directo al armario. Eligió una camisa blanca y un pantalón negro de tela. Se colocó su reloj y tomó sus audífonos, como si eso le diera algo de seguridad.
Bajó a desayunar, pero apenas tenía apetito. Mientras comía, su mente empezó a imaginar escenarios.
Se vio caminando por los pasillos del colegio sin que nadie lo notara. Se imaginó solo, sin amigos, sin conversaciones. Luego, su mente cambió de idea y se vio hablando con alguien, riendo, sintiéndose parte de un grupo.
—No todo será malo —se dijo.
Tomó su mochila y salió de casa. El aire de la mañana estaba fresco. Subió al bus y se sentó junto a la ventana. Durante el trayecto, observó las calles pasar, cada vez más cerca de su nuevo colegio.
Cuando llegó, su corazón empezó a latir con fuerza.
Había mucha gente. Demasiada. Estudiantes por todas partes, risas, voces desconocidas. Andy respiró hondo y entró.
Caminar por ese lugar le resultaba extraño. Todo era nuevo: los edificios, los patios, los pasillos. Dio algunas vueltas sin rumbo, intentando orientarse.
Por los altavoces anunciaron que los estudiantes nuevos debían reunirse en una zona específica. Andy fue hacia allá, sintiéndose fuera de lugar.
Fue entonces cuando la vio.
Una chica con lentes y el cabello corto y negro. Estaba de pie, sosteniendo un bolso que parecía bastante pesado. No hablaba con nadie, solo miraba a su alrededor con timidez.
Andy la observó unos segundos. Su corazón empezó a acelerarse.
—Hazlo ahora —pensó—. Solo habla.
Se acercó despacio.
—E-eh… hola —dijo—. Disculpa… ¿ese bolso no te pesa?
La chica lo miró, sorprendida. Ajustó el bolso en su hombro y asintió levemente.
—S-sí… un poco —respondió en voz baja.
—Ah… ya veo —dijo Andy, nervioso—. Es que… se ve pesado.
Ella sonrió apenas, incómoda pero amable.
—Sí… traigo muchos cuadernos.
Andy quería decir algo más, pero no supo qué. El silencio apareció y lo incomodó. Antes de que pudiera reaccionar, un profesor empezó a dar indicaciones y ambos se separaron.
Andy se quedó pensando en lo ocurrido. No había sido perfecto, pero al menos había hablado.
Luego vino el momento cívico. Todos se formaron y Andy se integró donde pudo. Cantó el himno, tratando de calmarse.
Después, comenzaron a repartir a los estudiantes por cursos. Cuando Andy escuchó su nombre y avanzó, se dio cuenta de algo.
La chica de lentes estaba en su mismo curso.
Se sentó unas filas más atrás. Andy intentó no mirarla mucho, aunque sabía que estaba ahí.
No pasó mucho tiempo cuando alguien tocó su hombro.
—Hola —dijo un chico—. ¿Cómo te llamas?
—Andy —respondió—. ¿Y tú?
—Phillip. Mucho gusto. ¿Eres nuevo aquí?
—Sí, totalmente nuevo.
—Yo también —dijo Phillip sonriendo
—. Todo esto es raro, ¿no?
—Bastante —admitió Andy.
Conversaron un rato. Hablaron del colegio, de las materias, de lo diferente que se sentía todo. Phillip no parecía tener problemas para hablar, y Andy se sintió agradecido por eso.
Durante la clase, Andy miró hacia atrás sin darse cuenta. La chica seguía sola. Nadie le hablaba.
Las horas pasaron. Andy prestó atención, tomó apuntes y respondió cuando pudo. Cuando llegó el recreo, salió al patio y se sentó en un banco con un burrito que había comprado.
Mientras comía, la vio de nuevo. Estaba cerca, sentada sola.
El corazón le latía fuerte.
—Tengo que intentarlo otra vez —pensó.
Se levantó y dio unos pasos hacia ella.
—Hola… —dijo, con voz baja.
La chica levantó la mirada, se sorprendió y se puso de pie rápidamente.
—P-perdón… —murmuró, y se fue apresurada.
Andy se quedó quieto.
—Genial… —pensó—. Ahora sí la arruiné.
El recreo terminó y regresaron al aula. Andy decidió concentrarse en las clases. Respondió preguntas de historia, matemáticas y, sobre todo, de inglés.
Hasta que ocurrió.
La profesora de inglés le pidió traducir una frase. Andy sabía casi todo, pero un verbo se le escapó. Se quedó en silencio.
—¿Alguien quiere ayudar? —preguntó la profesora.
—Yo —dijo una voz suave.
Andy giró la cabeza.
Era la chica de lentes.
Respondió correctamente. La profesora asintió, satisfecha. Andy la miró sorprendido. Ella bajó la mirada, tímida.
En ese momento, Andy tomó una decisión. No importaba lo nervioso que estuviera. Hablaría con ella. Poco a poco. Los siguientes días.
Las clases terminaron. Andy salió del colegio cansado, pero satisfecho. Al volver a casa, el recuerdo de sus antiguos amigos apareció, provocándole nostalgia.
Los extrañaba.
Miró por la ventana del bus.
—Tal vez este nuevo comienzo no sea tan malo —pensó.
Y, por primera vez, sintió algo parecido a esperanza.
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Belong
RomanceEsta historia esta inspirada en mi vida junto a la de mi noviecita :3 Post: Esta historia la hago principalmente para que ella pueda leerlo y disfrutarlo
