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Declaración previa: 

Esta historia la subí a X originalmente, pero desde ahí he desarrollado más capítulos, que no tienen un orden cronológico, pero lo protagonizan estos dos. He decidido subirlas aquí para no perderlas y subir otras si es que a mi neurona se le ocurren más.

Espero les guste. 




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Cansado de su última reunión y suspirando pesado cuando entra a su oficina, Myungjun se recargó contra la puerta apenas está se cerró. Tener que lidiar con inversionistas extranjeros que quieren imponer sus propias condiciones, a como dé lugar, pasando por alto sus indicaciones y/o peticiones, sin apertura al diálogo y a la negociación es algo que lo agota por más preparado que vaya.

- Hasta que al fin llegas Señor Importante, me estaba aburriendo - pero esa voz le cambió el ánimo. Su corazón dio un brinco de felicidad, pues ese hombre era un shot de energía a su vida.

En su silla, con los pies sobre su escritorio lo esperaba Jinjin. Serio, con cara de hastío, hasta podría decirse que enojado por cómo crispaba sus cejas y lo miraba con ganas de matarlo, pero hermoso y sensual con esa camiseta negra sin mangas, sus pantalones de cuero ajustados y esas cadenas plateadas que adornaban lo que se asomaba de su fornido pecho y sus caderas estrechas. Con todo ese aire de malandro pandillero que a Myungjun le encantaba.

- Mi jefe de pandilla favorito ha venido a verme. ¡Qué honor! - a zancadas llegó rápido hasta su escritorio y apoyando su brazo en el espaldar de la silla donde estuviera sentado el rubio se acercó a centímetros de su rostro - ¿deseas algo de beber o me deseas a mí?

Myungjun llegó hasta donde está por su personalidad y descaro. Una mente brillante para los negocios y un carisma que voltea a todo el mundo a su favor. Excepto a Park Jinwoo. Su desafío y deseo más personal.

- Apártate idiota - Jinwoo se paró rápido para deshacerse de esa cercanía. Y se encaminó al centro de la oficina. Myungjun le siguió pero conservando una distancia prudente, bien lo conocía y sabía que era como un león rabioso... podía saltarte encima para destrozarle a la más mínima provocación, aunque esa idea le parecía fascinante y tentadora de probar.

- ¿A qué viniste? - sin embargo, por cautela, prefirió desviar su incipiente enojo antes que seguir provocando a su "cachorro de león" como gustaba de llamarle.

- A advertirte que el nuevo edificio que construirás molesta a mí negocio. Interviene mi territorio.

Pero hablamos de Myungjun, un hombre que no se queda con las ganas.

- Pues no pienso dar pie atrás - alzó la barbilla en claro desafío, con una chispa traviesa en la mirada.

Jinjin ya cabreado lo agarra de la solapa de su caro traje y lo jala hacia sí.

- No te estoy avisando, te estoy exigiendo que te retires.

Mj en vez de asustarse por esa acción del pandillero, sonríe de medio lado y en sus ojos se expande esa chispa de diversión y desafío.

- Yo creo que solo viniste a jugar para tenerme así de cerca, ¿cierto?

Jinjin lo suelta de un empujón como si la tela de algodón italiano de su traje quemara. Le exaspera su coquetería y desfachatez.

- Contigo no se puede hablar.

- Claro que podemos hablar, aunque contigo prefiero pasar a la acción.

- Estoy hablando en serio, Mj - le reprochó Jinjin apretando los puños, aguantando las ganas de borrarle esa estúpida sonrisa que tenía a punta de puñetazos.

- Yo también Jinjin, más si vienes con esos pantalones de cuero que te marcan perfecto las piernas y el culo.

Y para coronar le agarra una nalga.

Jinjin le aparta la mano de un manotazo, pero Mj esta vez intenta picanearle el pecho, Jinjin lo esquiva y comienza a retroceder, sin embargo ya venía otra mano a tocarle. Es así que comienza un forcejeo o seudo pelea que termina con Jinjin recostado sobre el escritorio y Mj sobre él.

- ¿Estás seguro que no lo quieres arreglar de otra forma en lugar de a los puños y manotazos? Total... - sus ojos negros por el deseo lo recorrieron de arriba a abajo - ya estás debajo de mi.

- Suéltame - exigió en un tono grave y con la mandíbula apretada.

- Pues libérate, no te estoy presionando - aclaró alzando una ceja desafiante, pues era cierto que no lo cargaba al sostener su propio peso sobre sus brazos que descansaban a ambos costados del torso del rubio.

- Eres molesto - reclamó Jinjin apartando la mirada del empresario, pero sin moverse de su posición.

Myungjun, con una sonrisa triunfante, se estiró por sobre él para marcar en el altavoz: - Secretaria Lee, que suspendan todas mis actividades del día, estaré ocupado.

Siempre fue así desde niños.

Ambos se conocieron en el hogar. Tristes, vulnerables, con un futuro incierto y sin familias. Los padres de Myunjun murieron en un accidente automovilístico y nadie quiso hacerse cargo de él. Jinwoo con su padre encarcelado de por vida y una madre drogadicta que se suicidó en un viaje de sobredosis. Forjaron una amistad extraña, pero cómplice, donde siempre Myungjun, alegre y divertido a pesar de su desgracia, protegió y cuidó al pequeño, rabioso de la vida y peleonero Jinwoo.

Se separaron entrados a su adolescencia, cuando el abuelo de Myungjun vino por su único heredero. Por eso, el moreno perdió todo contacto con el menor, pues por imposición de su abuelo debió estudiar y prepararse en el extranjero para hacerse cargo de la empresa porque al viejo le quedaba poco tiempo. Lo hizo, siguió todo lo que le ordenó el anciano, siempre con el objetivo claro de volver y hacerse cargo de su cachorro. Pues estando lejos de él, se dio cuenta que lo quería mucho más allá de una amistad.

Regresó a sus veintiún años, para el funeral de su abuelo. El cadaver ni se enfriaba aún cuando fue corriendo al hogar para ir por Jinwoo, pero éste se había "marchado" hace años y no sabían nada él.

Contrató un investigador privado, que logró dar con su paradero pasado un par de años.

Emocionado y ansioso, fue a la dirección que le dieron, un bar venido a menos en los barrios bajos y marginales de la ciudad. Con el corazón desbocado y con 6 guardaespaldas de incógnito infiltrados en el lugar, entró a buscarlo. Lo reconoció al instante, aunque ya no era un muchacho flacucho, ya no era su cachorro tierno y gruñón. Era todo un hombre y ¡Qué hombre!... cayó aún más enamorado de lo que ya profundamente estaba.

Fue difícil en principio, pues Jinwoo seguía siendo tan tosco, genio corto y malhumorado como siempre. Se había convertido en el dueño de varios bares, prostibulos y burdeles; además del jefe de la mafia que manejaba varios negocios ilícitos de la ciudad, pues el jefe anterior lo había adoptado y criado como un hijo.

Pero Myungjun no llegó hasta donde está por rendirse fácilmente. Lo que quería siempre lo obtenía. Se sabía atractivo; dueño de un carisma, encanto y pachorra dignos de envidiar y que potenció con los años. Era un estratega brillante en las negociaciones más difíciles, por lo que hasta el arisco y frío Jinwoo cedió con el tiempo.

Juntos dominaron e hicieron suya la ciudad. Myungjun con sus negocios legales y admirado por todos. Jinwoo con los ilegales, ocultó en las sombras y de bajo pérfil. Su trato amistoso de negocios y camaradería, por férrea voluntad y coquetería del moreno, pronto pasó a ser una relación amorosa. Donde la diversión constante de Myungjun era exasperar y hacer enojar al rubio para luego llenarlo de besos, mimos y tensión sexual, que después disipaban en largas sesiones en su mansión. Era su propio y perfecto lenguaje amor.

- Eres un idiota ¿No tienes llenadera? - se quejó Jinwoo cuando sintió sus manos colarse bajo su camiseta negra.

- ¿De ti? Nunca mi cachorro. 

Algodón italiano, cuero ahumado.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora