Era una fría mañana en el colegio Edupac. Las clases acababan de comenzar y todos los alumnos asistían al acto de bienvenida. Entre ellos estaba Estefanía, una chica alta de pelo corto. Aun así, no dejaba de sentir que algo faltaba, ya no se sentía tan entusiasmada por ir al colegio como antes.
En ese momento, un recuerdo cruzó su mente aquel chico que lograba alegrarle las mañanas con solo aparecer. Renato. Pensó en el por un instante, hasta que la realidad la alcanzó de golpe… ese chico ya no estudiaba en ese colegio.
El sonido del timbre cortó sus pensamientos de golpe. Estefanía parpadeó varias veces y volvió a la realidad. Los alumnos comenzaron a moverse, hablando y riendo mientras se dirigían a sus salas. Ella caminó junto a sus amigas, Alejandra y Catalina, intentando sonreír como si todo estuviera en orden.
Durante las clases, el tiempo pareció pasar lento. Estefanía copiaba en su cuaderno, pero su mente estaba lejos, perdida entre recuerdos que no quería revivir. Aun así, la compañía de sus amigas hacía que todo fuera un poco más ligero.
Cuando llegó el recreo, los tres se reunieron como siempre en el patio con Alonso, un chico de un año menor que ellas. Desde un año eran un gran grupo, inseparables, compartiendo risas, bromas y secretos. Con ellos, Estefanía lograba olvidarse por momentos de ese vacío extraño que sentía desde hacía tiempo.
Las horas avanzaron y, finalmente, el último timbre anunció el fin de la jornada. Estefanía se despidió de sus amigos y comenzó a caminar sola hacia su casa. El aire frío de la tarde le rozaba el rostro mientras avanzaba por la vereda, con la mochila colgando de su hombro.
Fue entonces cuando lo vio.
A unos metros de distancia, caminando en dirección contraria, estaba Renato.
Su corazón se detuvo por un segundo.
