-Haz un trío conmigo y Theo -declaró Draco como si fuera la cosa más normal del mundo.
Neville sintió que el aire se atascaba en su garganta. No fue solo lo que dijo, sino la forma en que lo dijo: tranquilo, seguro, con esa arrogancia elegante que Draco Malfoy llevaba como si fuera parte de su uniforme de Slytherin. Su mirada no tenía duda, ni vergüenza, ni rastro de estar bromeando.
Era la mirada de alguien que estaba completamente seguro de sí mismo... y de la reacción que iba a provocar.
-¿Q-qué...? -intentó responder Neville, pero su voz apenas salió, débil y temblorosa, traicionándolo por completo.
Draco Malfoy era el príncipe de Slytherin. Hijo de una de las familias más importantes de los Sagrados Veintiocho. Seguro, elegante, orgulloso. Siempre caminaba como si el mundo fuera suyo y los demás solo estuviéramos de paso. Y aunque a Neville le costara admitirlo -aunque le doliera aceptarlo-, había una verdad imposible de ignorar.
Draco Malfoy era, sin duda, uno de los chicos más atractivos de Hogwarts.
Y eso solo empeoraba todo.
Porque Theo Nott, su novio, también lo era.
Y Neville llevaba meses intentando convencerse de que lo que sentía por Theo era solo admiración. Solo curiosidad. Solo una tontería pasajera que desaparecería si la ignoraba lo suficiente.
Claramente, había fallado.
-Sé que te gusta mi novio -añadió Draco con calma, señalándolo ligeramente con la cabeza, como si estuviera comentando algo obvio, algo que cualquiera con ojos podía notar.
Oh, estaba muerto. Socialmente muerto. Emocionalmente muerto. Espiritualmente muerto.
Neville se atrevió a levantar la vista, y ese fue su segundo error del día.
Draco le estaba sonriendo.
Pero no era una sonrisa amable. Era lenta, ladeada, peligrosa. De esas que no necesitaban mostrar los dientes para hacer que la sangre se te helara en las venas. La sonrisa de alguien que tenía toda la información y estaba disfrutando cada segundo.
Lo sabe. Lo sabe. Lo sabe.
-Oh, por Merlín... -murmuró Neville para sí mismo, sintiendo que el calor le subía por el cuello hasta las orejas.
Siempre había pensado que era obvio, sí, pero en ese sentido trágico y silencioso en el que uno sufre en secreto mientras el resto del mundo sigue con su vida. Nunca imaginó que sería tan obvio como para que el novio del chico que le gustaba lo notara... y decidiera confrontarlo así, sin aviso, en medio de un pasillo.
Neville intentó decir algo, cualquier cosa que sonara como una negación convincente, pero su cuerpo entero temblaba. Sus manos sudaban, su corazón latía descontrolado, y su mente estaba completamente en blanco.
Draco dio un paso al frente, invadiendo su espacio personal sin el menor reparo. Luego levantó la mano y, con una confianza irritante, le dio un pequeño golpecito en la frente con un dedo.
-Vamos, Longbottom, no soy ciego -dijo con voz baja, casi divertida-. Babeas por él.
Y Neville, deseando poder desaparecer entre las piedras del castillo, supo que negar aquello ya no era una opción.
Neville, aun con el poco valor que sentía que le quedaba en el cuerpo, logró reunir suficiente valentía para hablar. Tenía el corazón desbocado y las manos ligeramente temblorosas, pero se obligó a mantenerse firme frente a Draco.
-¿Me estás diciendo que me acueste con ustedes dos?
Draco volvió a sonreír, esa sonrisa ladeada que parecía disfrutar del caos que causaba, pero esta vez Neville reaccionó antes de que el miedo lo paralizara. Lo apartó con una mano en el pecho, marcando distancia entre los dos.
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Una pareja perfecta
FanfictionNeville Longbottom está cansado de ser la opción conveniente. Después de años guardando sentimientos que nadie ve, recibe una propuesta que lo termina de romper: formar parte de la relación de Draco Malfoy y Theo Nott. No por amor. No por conexión...
