Cheque Al Portamor

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Después del final, la memoria cobra intereses,
no en dinero, sino en regresos.
Cada recuerdo llega con firma,
fecha vencida,
monto emocional impago.
Te recuerdo en gestos mínimos,
en la forma de cerrar la puerta,
en el silencio después de reír.
El dolor no fue perderte,
fue archivar lo que fuimos.
El cuerpo lo entiende mejor,
se tensa cuando no debe.
Hay hábitos que aún te buscan,
como una mano sin destino.
La relación fallida dejó saldo,
y nadie explicó cómo pagarlo.
A veces es ternura mal contada,
otras, cansancio acumulado.
Nunca la historia completa,
solo estados de cuenta rotos.
Un lugar vacío en la cama,
un nombre que no se usa.
El olvido intenta negociar,
pero la memoria no firma.
Guarda lo no dicho,
lo prometido sin fondos.
La cicatriz parece orden,
pero dicta distancia.
Amar después se vuelve cálculo,
riesgo medido.
Hay noches sin nostalgia,
y duelen distinto.
Porque olvidar del todo
sería cancelar lo vivido.
Lo que quedó no es amor,
es su comprobante.
Una presencia sin voz,
pero con peso.
Seguir existe,
aunque tiemble.
La vida avanza
con una calma que no celebra.
Recordar ya no quema,
pero grava.
Es el costo de haber querido.
La memoria pasa el cheque,
sin rencor,
sin perdón.
Solo exige ser cobrada.

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