Murder media

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La noche siempre había sido la mejor protección para sus actos, esta los había acompañado desde la primera vez en la que sus ojos se encontraron y también fue su última cómplice.

Aquel camino lleno de sangre comenzó en una noche de gala.

Había invitados exclusivos de la más alta alcurnia, entre los que se encontraba el renombrado Vincent Whittman, un distinguido conductor de noticias que se estaba convirtiendo en la voz de la verdad del país, volviendo su presencia algo elemental en ese lugar, por lo que era natural que estuviera ahí.

Alastor en cambio, era un invitado que, a pesar de su popularidad en la radio, tenía una fuerte competencia en el entretenimiento y era casi una suerte que estuviera ahí, pero lo que toda esa gente olvidaba era que el locutor de radio no sabía perder, además, Vincent era muy posesivo con la fama y no le gustaba compartir.

Ambos hombres, carismáticos, divertidos y atractivos, aunque abismalmente diferentes en físico y origen, por dentro eran mucho más parecidos de lo que cualquiera imaginaria. Parecía que en esa reunión no se miraron más que un par de veces por casualidad, sin saber que su destino ya estaba entrelazado.

Vincent tenía un secreto, el cual le había ayudado a subir rápidamente en el medio: que él personalmente se encargaba de no tener competencia. No siempre llevaba a cabo este método, sin embargo, el moreno de la radio le parecía muy popular y que recibía demasiada atención en esta velada para su gusto, por lo que debía encargarse de él.

La noche estaba en lo más alto, la fiesta había terminado y un hombre recorría las calles con calma, seguro de que había obtenido buenas asociaciones esa noche. Alastor, el cual tenía los instintos más elevados que el ciudadano promedio, podía sentir en su nuca la mirada pesada de un cazador nocturno que lo veía como una presa.

—Eres muy evidente. —Al decir esto, la cuchilla oculta entre su ropa llegó hasta su diestra mientras se giraba para encontrarse con su acechador.

Era él. Ese excéntrico hombre que la televisión admiraba tanto a pesar de que olía a sangre a kilómetros, con sus ojos heterocromáticos, normalmente fríos pero eufóricos ante la crueldad y una sonrisa diciéndole que él era un escalón para su triunfo, un obstáculo del que se pensaba deshacer en medio de la negrura.

El encuentro entre dos asesinos en la oscuridad de una noche brillante y glamorosa estaba marcado como inevitable.

—Haznos un favor a los dos y no te resistas demasiado, precioso, será mejor para ti, Al.

La voz de Whittman susurraba con la diversión bailando en ella mientras un cuchillo rozaba la mejilla de Alastor, ambos entrando en un callejón oculto, demostrando que estaban preparados para atacar a matar, ya que ninguno estaba dispuesto a ceder, burlándose de la familiaridad con la que lo trataban todos esos extraños, que nunca verían esos ojos inyectados de perversión.

Se lanzaban el uno al otro en una danza violenta en la que los desgarros en la piel comenzaban a mancharles tanto la ropa como la piel. Se encontraban en igualdad de condiciones porque, mientras uno contenía la fuerza y el ímpetu, el otro tenía agilidad y la crueldad de querer destrozar al contrario.

El primer cuchillo rasgó sobre la ropa del moreno, dejándole una larga marca sobre el pecho, el cual apenas y mostraba signos de incomodidad por ello, sonriendo ante la emoción de sentirse tan vivo gracias al dolor.

—No puedo creer que esto te emocione tanto. ¿Acaso el gran presentador Vincent Whittman tiene debilidad por verse en esta situación con un hombre? —El otro miró de reojo hacia abajo, distinguiendo un bulto bajo que delataba a qué tipo de "emoción" se refería, a pesar de encontrarse en las mismas condiciones.

Bodas negras [Murdermedia]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora