Lotos de sangre carmesi

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El invierno de la era Tenbu no llego con la nieve, si no con un silecio que pesaba mas que el hierro.

Una guerra entre Onis y Celestiales sacudio el mundo, durante dias la nieve blanca como la pureza de un niño, se vio manchada de petalos de sangre carmesi.

Esa sangre no solo empapó la tierra, sino que envenenó el flujo de energia que sostenía los cielos. El odio de los Onis y la soberbia de los Celestiales se volvieron una carga demasiado pesada para el tejido del mundo.

Entonces, el aire no se rasgó con un estruendo, sino con un suspiro agónico.

Justo debajo de el campo de batalla, el firmamento se astilló como un espejo golpeado por una piedra. No era un agujero en las tierra, sino una cicatriz en la existencia misma: una grieta invisible para los ojos mundanos, pero que hacía que las almas de los caídos, en lugar de trascender, se quedaran atrapadas en un limbo de agonía.

El mundo espiritual se separó de su ancla, y por esa fisura empezó a filtrarse un frío que no pertenecía a ninguna estación; un vacío que comenzó a devorar las emociones de los vivos para alimentar el hambre de lo que había quedado roto.


Pero de aquel desgarro no solo emanó frío. Desde las profundidades del Kegare, la impureza más absoluta comenzó a supurar hacia el reino de los hombres, arrastrándose como brea por los pliegues de la realidad.
De la grieta emergieron sombras que alguna vez fueron sagradas, ahora deformadas en pesadillas de carne retorcida y magia fuera de control; criaturas que no buscaban conquistar, sino devorar la cordura de un Japón ya de por sí agonizante.

El equilibrio se había convertido en un cristal roto.
Ahora, mientras las cenizas de la guerra aún flotan en el aire de invierno, el destino del mundo se divide en dos filos de una misma katana.

En las sombras, hay quienes canalizan su devoción para sellar la herida y restaurar la pureza perdida. Pero en los palacios y campos de batalla, otros han descubierto que el caos del Kegare otorga un poder embriagador, y están dispuestos a desgarrar el cielo por completo para ver el mundo arder.

La era de los dioses ha muerto. Ha comenzado la era de los hombres que juegan a serlo, mientras el eco de sus propias emociones dicta quién sobrevivirá a la oscuridad."

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⏰ Last updated: Jan 25 ⏰

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