Habían pasado algunas semanas desde la última vez que dormimos fuera de casa.
Volver a Los Ángeles se sintió distinto esta vez.
Billie tenía una semana libre. Una semana completa sin vuelos, sin camerinos, sin horarios imposibles. Y yo por fin podía verla sin contar los días al revés.
Esa tarde la casa estaba llena de globos sin inflar, cajas abiertas y papeles de colores sobre la mesa del comedor. Lauren corría de un lado a otro con una corona mal puesta, anunciándole a todo el mundo que su cumpleaños ya casi llegaba.
Y Billie estaba sentada en el suelo, intentando inflar un globo sin éxito.
— Esto debería venir con instrucciones —murmuró, soltándolo cuando el globo salió disparado por la sala.
Lauren rió tan fuerte que terminó cayéndose sentada.
— ¡Se escapó! —gritó, señalando el globo que rodó por el piso.
— Te dije que necesitaba instrucciones —repitió Billie, mirándome de reojo, fingiendo indignación.
Yo estaba agachada, acomodando unos dulces sobre la mesa baja, cuando sentí su mano rodear la mía sin aviso. No tuve tiempo de decir nada. Solo me jaló.
— Oye —alcancé a decir, pero ya era tarde.
Caí sobre ella, directo en sus piernas, soltando una risa que no pude controlar. Billie también se rió. Me sostuvo por la cintura para que no me fuera hacia atrás, y por un segundo nos quedamos así.
— Mami, ¡mírame! —interrumpió Lauren, arrastrando el globo hasta nosotras.
Se colocó frente a Billie con toda la seriedad del mundo, tomó aire exageradamente y trató de inflarlo. Sus mejillas se hincharon, pero el globo no reaccionó.
— Necesitas más práctica —dijo Billie, conteniendo la risa.— O pulmones de cantante.—
Lauren la miró ofendida y volvió a intentarlo.
Yo apoyé la cabeza en el pecho de Billie, todavía acomodada entre sus piernas, escuchando su respiración tranquila. Era en esos momentos cuando todo se sentía normal.
El sonido de la puerta abriéndose nos hizo levantar la vista.
— ¿Llegué tarde? —preguntó Alex desde la entrada.
Lauren soltó el globo de inmediato.
— ¡Tío Alex! —gritó, corriendo hacia él.
Alex apenas tuvo tiempo de dejar las llaves antes de agacharse para recibirla. Lauren se le colgó del cuello sin ningún cuidado y él la levantó en brazos.
— Wow, mírate —dijo, acomodándole la corona. — ¿Ya es el gran día? —
— Casi —respondió ella muy seria. — Estamos practicando. —
Billie se levantó del piso y yo con ella. Alex nos miró a las dos y sonrió, de esa forma tranquila que siempre tenía cuando nos veía juntas.
— Parece que hubo una batalla de globos —dijo Alex.
— Aún no —respondí— pero justo estábamos comenzando. —
Alex dejó a Lauren en el suelo y se acercó a abrazarme primero a mi, luego a Billie.
— ¿Como va la vida de superestrella? —le preguntó a Billie. — ¿Sigues sobreviviendo a la gira? —
— Por ahora —respondió ella. — Tengo una semana libre, así que aproveché para... —miró alrededor. — Inflar globos. —
