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​En el mundo mágico, un cachorro no es simplemente un niño; es una extensión del alma de sus padres. Hasta los catorce años, un cachorro depende del vínculo biológico y la nutrición de sus progenitores para que su núcleo mágico se desarrolle. Sin embargo, Harry Potter, de apenas seis años, no sabía nada de esto.
​Sentado en el armario debajo de las escaleras, Harry se abrazaba las rodillas. Su aroma, que debería haber sido un faro de dulzura de leche y talco, estaba marchito, cubierto por el olor a polvo y productos de limpieza de los Dursley. Sentía un hambre que no era de comida, un vacío en el pecho que le dolía como una herida abierta.

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​En la oficina del director en Hogwarts, Albus Dumbledore, un Alfa cuya presencia emanaba una autoridad absoluta y manipuladora, observaba los instrumentos de plata que monitoreaban al niño.
​Dumbledore sabía la verdad que el mundo ignoraba: Harry no era el hijo de James Potter. Harry era el fruto de una unión prohibida y poderosa entre el Lord Oscuro, Tom Riddle, un Alfa dominante, y Severus Snape, un Omega cuya sumisión solo había sido doblegada por la marca de su verdadero compañero.
​Albus había orquestado la caída de Riddle y el encarcelamiento emocional de Snape, separando al cachorro de sus padres. Sabía que si Harry crecía con los Dursley, sin el "sustento" de sus padres, su magia sería maleable, débil ante su guía, y su voluntad sería fácil de quebrar.

​—Es por un bien mayor, pequeño cachorro —susurró Albus, ajustando sus gafas—. Tu aroma debe permanecer oculto hasta que seas el arma que necesito.

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​Mientras tanto, en las mazmorras, Severus Snape vivía una existencia de agonía silenciosa. Como Omega, sus instintos le gritaban que su cachorro estaba vivo y sufriendo. Sus pechos dolían con una presión física, un recordatorio biológico de que debería estar alimentando a su hijo, pero Dumbledore le había asegurado, bajo juramentos inquebrantables, que Harry estaba a salvo y que su cercanía solo pondría al niño en peligro debido a su pasado como mortífago.
​Severus se inyectaba supresores de aroma para ocultar el olor a tristeza y leche amarga que su cuerpo producía involuntariamente. Odiaba a Harry Potter porque Albus le había hecho creer que el niño era el vivo retrato de James, el hombre que le recordó su "fracaso", cuando en realidad, Harry tenía la forma de los ojos de Tom y la delicadeza ósea de Severus.

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​Una noche, en Privet Drive, el maltrato de Vernon Dursley cruzó una línea. Al ser empujado con fuerza hacia su armario, el miedo de Harry disparó una chispa de magia accidental. En ese momento, su aroma natural —ese aroma puro a leche tibia y talco de bebé — explotó, rompiendo por un segundo los encantamientos de ocultamiento de Dumbledore.
​A kilómetros de distancia, dos hombres reaccionaron:
​Voldemort, recuperando fuerza en las sombras, sintió un tirón en su alma Alfa. Un llamado de sangre. Su cachorro estaba llamando.
​Severus snape cayó de rodillas en el Gran Comedor, sollozando mientras sus instintos de Omega se encendían. El aroma de su bebé había llegado a él por el vínculo roto.

​Dumbledore se puso en pie, su rostro perdiendo la máscara de abuelo amable para mostrar la frialdad del Alfa manipulador.

​—Severus, regresa a tus aposentos —ordenó con voz de mando, usando su aura para aplastar al Omega.
​Pero Severus, por primera vez en años, mostró los dientes. El hambre de su cachorro, la necesidad de Harry de ser alimentado y protegido, era más fuerte que cualquier hechizo.

​—Lo huelo, Albus —siseó Severus, las lágrimas corriendo por su rostro—. Huele a miedo. Huele a que no ha sido reclamado. Me dijiste que estaba feliz. ¡Mi cachorro se está muriendo de hambre espiritual!

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​La historia que Harry conocía —la del sacrificio de sus padres contra un mago malvado— era un guion escrito por Dumbledore. Harry no era un héroe en entrenamiento; era un cachorro robado.

​Mientras Harry lloraba en la oscuridad, deseando una caricia que nunca había recibido, una figura alta y pálida comenzó a materializarse en el número 4 de Privet Drive, guiada por el aroma a leche y talco que Albus no pudo contener más. Lord Voldemort no venía a matar al "Niño que Vivió", venía a reclamar lo que el Alfa Dumbledore le había arrebatado: su sangre, su heredero, su cachorro.
​El drama apenas comenzaba. El mundo mágico temblaría cuando el Alfa Oscuro y el Omega traicionado descubrieran que su hijo había sido tratado como un paria por el "Líder de la Luz".

sombras de un velo de leche y talco ( Finalizada)Stories to obsess over. Discover now