Prólogo

52 17 6
                                        

Prólogo: ¿Un año tranquilo? No lo creo.

Ron Weasley nunca imaginó que su tercer año en Hogwarts comenzaría de la peor manera posible.

La mazmorra de Pociones estaba tan fría y húmeda como siempre aquella mañana de septiembre. Ron se acomodó junto a Harry en su mesa de trabajo, bostezando mientras recogía algunos ingredientes. Al otro lado del pasillo, podía ver a Seamus Finnigan y Neville Longbottom inclinados sobre su caldero, cuchicheando nerviosamente.

—¿Crees que Snape esté de peor humor este año? —murmuró Harry.

—Imposible —respondió Ron con una mueca—. Ya está en su nivel máximo de desagradable.

La clase transcurrió con la tensión habitual. Snape paseaba entre las mesas como un murciélago gigante, criticando cada movimiento, especialmente los de Harry. Ron intentaba concentrarse en su Poción Vigorizante, cortando raíces de jengibre con cuidado mientras Harry removía el contenido de su caldero en sentido contrario a las agujas del reloj.

Fue entonces cuando lo escuchó.

Un siseo extraño proveniente de la mesa de Seamus y Neville, seguido de un murmullo alarmado de Neville: "No, Seamus, eso no va ahí..."

Ron apenas tuvo tiempo de girar la cabeza.

¡BANG!

La explosión no fue ensordecedora, pero sí lo suficientemente violenta como para hacer temblar las mesas cercanas. Un chorro de líquido verde brillante salió disparado del caldero de Seamus como un géiser.

Ron sintió el impacto antes de verlo: un líquido caliente y viscoso le salpicó todo el lado derecho del cuerpo, empapándole la túnica, el cabello y parte de la cara. El olor era nauseabundo, como huevos podridos mezclados con algo dulzón y empalagoso.

—¡Maldita sea, Seamus! —gritó Ron, limpiándose la cara con furia.

—¡Lo siento, Ron! ¡Yo... yo no quise...! —balbuceó Seamus, con la cara cubierta de hollín pero por lo demás ileso.

Neville parecía a punto de desmayarse de la vergüenza.

—¡SILENCIO! —La voz de Snape cortó el caos como un cuchillo—. Finnigan, veinte puntos menos para Gryffindor por tu incompetencia crónica. Weasley, límpiate esa porquería y...

Pero Ron no escuchó el resto.

Un mareo repentino lo golpeó como una ola, haciendo que la mazmorra girara violentamente a su alrededor. Las voces se volvieron distantes, como si estuviera bajo el agua. Sus piernas dejaron de responderle, y lo último que vio fueron los ojos alarmados de Harry antes de que todo se volviera negro.

—¡Ron! ¡RON!

La oscuridad se lo tragó por completo.

Cuando Ron abrió los ojos, lo primero que notó fue el frío.
No el frío húmedo de las mazmorras, sino un frío seco y cortante que le calaba hasta los huesos. Parpadeó confundido, esperando ver el techo de la enfermería de Hogwarts o tal vez el rostro preocupado de Madame Pomfrey.

En lugar de eso, encontró oscuridad.

Estaba tumbado sobre algo duro —¿madera?— y el aire olía a algo antiguo, como ropa vieja guardada durante años. Extendió las manos y tocó paredes a ambos lados, muy cerca de su cuerpo.

"¿Un armario?"

El corazón comenzó a latirle más rápido. ¿Qué demonios había pasado? ¿Dónde estaba Harry? ¿Por qué lo habían metido en un armario?

Ron empujó hacia adelante, buscando la puerta. Sus manos tantearon la madera hasta encontrar lo que parecía ser el borde de una abertura. Empujó y de repente, algo cedió.

La luz lo cegó momentáneamente.

Pero no era la luz cálida de las antorchas de Hogwarts. Era blanca, brillante, reflejándose en...

¿Nieve?

Ron salió tambaleándose del armario —y sí, definitivamente era un armario antiguo de madera oscura— y sus pies se hundieron en una capa gruesa de nieve fresca. El aire era gélido, su aliento se condensaba en nubes de vapor, y a su alrededor...

Árboles.

Un bosque invernal se extendía en todas direcciones, con enormes pinos cubiertos de nieve que se alzaban como centinelas silenciosos.

—¿Qué...? —Ron giró sobre sí mismo, buscando alguna señal de Hogwarts, de cualquier cosa familiar.

Nada.

Solo el bosque nevado y el silencio absoluto, roto únicamente por el crujido de sus pasos en la nieve.

Y entonces lo vio: a lo lejos, entre los árboles. Parecía un farol.

Ron tragó saliva, frotándose los brazos para combatir el frío. Todavía llevaba su túnica de Hogwarts, ahora completamente inadecuada para este clima.

No tenía varita. La buscó frenéticamente en sus bolsillos, pero no estaba.

"Genial. Simplemente genial."

Sin más opciones, Ron comenzó a caminar hacia el farol, hundiéndose en la nieve con cada paso. El bosque permanecía inquietantemente silencioso, como si retuviera el aliento.

A medida que se acercaba, pudo distinguir mejor el farol: era antiguo, de hierro forjado, montado sobre un poste alto.

Y justo debajo del farol, como si lo hubieran estado esperando, había cuatro figuras.

Ron se detuvo en seco, el corazón latiéndole con fuerza.

Eran niños. Dos chicos y dos chicas, todos vestidos con ropa que parecía sacada de otra época: abrigos gruesos, bufandas, ropas de lana. Todos parecían tan perdidos y confundidos como él.

La chica mayor, de cabello oscuro y expresión seria, fue la primera en verlo. Sus ojos se abrieron con sorpresa.

—¿Hay... hay alguien más? —dijo con voz temblorosa.

El chico mayor a su lado, rubio y de aspecto noble, dio un paso adelante, evaluando a Ron con cautela.

—¿Quién eres tú?

Ron abrió la boca, luego la cerró. ¿Qué podía decirles? ¿Que era un mago que había sido salpicado por una poción defectuosa y había terminado en un armario que lo transportó a un bosque nevado?

Antes de que pudiera responder, la niña más pequeña —de cabello castaño y grandes ojos curiosos— señaló detrás de Ron.

—¡Miren!

Ron se giró.

El armario del que había salido seguía allí, de pie en medio de la nieve como si fuera la cosa más normal del mundo. Sus puertas se balanceaban ligeramente.

—Yo... —Ron volvió a mirar a los cuatro niños, que lo observaban con una mezcla de miedo y asombro—. Me llamo Ron. Ron Weasley. Y honestamente, no tengo ni la menor idea de dónde estamos.

Los cinco niños se miraron entre sí, y Ron supo, con una certeza que le heló la sangre tanto como el aire invernal, que nada volvería a ser normal nunca más.

La aventura acababa de comenzar.

Crónicas De Un Accidente MágicoDes histoires addictives. Découvre maintenant