-Había una vez, aunque ya nadie lo recuerda, una historia que empezó con una mentira y un héroe que empezó siendo un villano...
- ¿Así es como vas a empezar la historia?
- Claro desde el principio.
- Nunca has sido buena para esto hermana.
- ¿ Cómo empezaría tú?
" El reino de Alderyn se extendía desde las colinas de piedra clara hasta las orillas del Lago de Eirath, un espejo de agua antiguo al que las leyendas atribuían memoria, poder y promesas incumplidas.
Decían que quien gobernara sus aguas gobernaría también el pulso del reino, pues de él nacían los ríos, la fertilidad de la tierra y el equilibrio entre las estaciones.
Durante generaciones, Alderyn había considerado al lago parte de su herencia, tan legítima como su corona.
Al otro lado del agua se alzaba Varkhal, un reino forjado en sombras y acero, cuyas fortalezas vigilaban la ribera opuesta con la misma convicción.
Para ellos, el lago no era frontera sino el origen de todo.
Sus antiguos textos hablaban de pactos rotos y juramentos olvidados, y aseguraban que Eirath les pertenecía por derecho más antiguo que cualquier tratado reciente.
Así, lo que comenzó como una disputa por límites se transformó en una guerra prolongada, sostenida más por orgullo que por una estrategia establecida para el control.
Nadie recordaba ya con claridad cómo había comenzado el conflicto, ¿cuál había sido el detonante?, pero lo cierto era que la guerra había dejado de ser una decisión y se había convertido en una costumbre.
Los niños crecían aprendiendo los nombres de las batallas antes que los de las canciones, y los muertos se contaban por estaciones, no por días.
Año tras año, ambos reinos reclamaron el lago como propio. Las aguas, tranquilas en apariencia, reflejaron estandartes enemigos, cuerpos caídos y castillos en vigilia constante.
Ningún bando estaba dispuesto a ceder, porque perder Eirath significaba algo más que perder territorio: significaba renunciar al futuro.
En Alderyn reinaba un rey endurecido por el paso del tiempo y por la guerra acompañado únicamente por su hija, la princesa, heredera de una corona que pesaba tanto como el silencio de las tumbas recientes.
Para su pueblo, ella era la continuidad; para la guerra, una pieza aún sin mover.
Mientras tanto, en Varkhal, el rey enemigo observaba el mismo lago desde la orilla contraria, consciente de que aquel espejo de agua era la raíz del conflicto y sin saber sería también sería el punto donde el destino comenzaría a quebrarse.
La guerra por el Lago de Eirath parecía no tener fin.
Pero las aguas guardan secretos, y ningún reino puede poseer aquello que, en realidad, decide a quién reclamar.
Así, mientras las banderas seguían alzándose y la sangre continuaba manchando la tierra entre ambos reinos, Alderyn y Varkhal permanecían enfrentados, ignorando que el destino ya había comenzado a tejer algo más peligroso que la guerra.
Y esta historia comienza aquí, cuando la guerra aún parecía eterna y nadie imaginaba el precio que exigiría.
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Donde callan las coronas
FantasyDos reinos, Alderyn y Varkhal, se enfrentan desde hace generaciones por el control del Lago de Eirath, un lugar legendario del que dependen la fertilidad, el equilibrio natural y el futuro del territorio. Ambos lo consideran suyo por derecho ancestr...
