Nunca quise volver a verlo.
No porque lo odiara —eso habría sido más fácil—, sino porque cada vez que pienso en él, mi memoria se parte en dos. En una mitad está lo que recuerdo. En la otra, lo que sé que olvidé a propósito.
Hay personas que dicen que el tiempo cura.
Mienten.
El tiempo solo entierra mejor las cosas.
Cuando entré a la universidad pensé que el pasado no tenía piernas para seguirme. Pensé que los pasillos nuevos borrarían los antiguos, que los nombres cambiarían, que los rostros se diluirían entre cientos de desconocidos.
Pero entonces lo vi.
Y supe, con una certeza que me heló el pecho, que nunca dejamos de ser enemigos.
Solo aprendimos a esperar.
Porque hay silencios que no se rompen.
Hay miradas que no se olvidan.
Y hay culpas que, tarde o temprano, regresan a pedirte cuentas.
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Lo que nunca dijimos
RomanceNunca fuimos del todo inocentes. Éramos arrogantes, orgullosos... y culpables mucho antes de saberlo.
