El silencio era demasiado perfecto. Demasiado absoluto. No era el silencio de una mañana productiva, sino el de una traición electrónica. Elisa abrió un ojo y lo vio: la pantalla de su teléfono estaba negra, muerta. Con un espasmo de terror, conectó el cable solo para ver cómo el logo de la batería aparecía con un cruel 1%.
Cuando el reloj marcó finalmente las 8:30 AM, el corazón de Elisa se detuvo. Tenía que estar en la Torre Global a las 9:00 AM para su inducción. No era solo un trabajo; era el trabajo. El que solo aceptaba a un mínimo porcentaje de los aspirantes. Y ella acababa de convertirse en el porcentaje que probablemente sería despedido antes de firmar el contrato.
Durante meses, había visualizado este momento: entrando por las puertas de cristal de Drako's & CO, impecable y segura. Elisa cruzó aquellas puertas como si viniera huyendo de una explosión. El aire acondicionado, gélido y con olor a sándalo, la golpeó de frente, contrastando con el sudor que sentía en la nuca. Se detuvo un segundo para intentar recuperar el aliento para luego acercarse a la recepción. Se acercó al mostrador de mármol negro, donde una mujer con un peinado tan tenso que parecía dolerle, tecleaba sin hacer ruido. El letrero frente a ella decía: “La puntualidad es el alma de la eficiencia”.
—Hola... yo... soy Elisa Fuentes. Primer día. Consultoría Estratégica —logró decir, tratando de ocultar que su pecho subía y bajaba violentamente.
La recepcionista no levantó la vista de inmediato. Miró un reloj digital integrado en el escritorio. 9:22 AM.
—La inducción para nuevos ingresos comenzó hace veintidós minutos en el piso doce, señorita Fuentes —dijo la mujer con una voz plana, entregándole un gafete que parecía pesar una tonelada—. El Sr. Garrison ya cerró la puerta de la sala de juntas. No se permite la entrada una vez iniciada la sesión. Puede subir y esperar en el pasillo. Si el Sr. Garrinson decide tomarse un descanso, quizás la deje pasar. Aunque, entre nosotros... —la recepcionista finalmente la miró, con una mezcla de lástima y desdén— nadie en esta empresa sobrevive a un mal primer paso.
Elisa suspira y se da media vuelta para caminar rápidamente hacia el ascensor que parecía alejarse en cada uno de sus pasos.
—Vamos, vamos. Apresúrate. —se decía a si misma
Al acercarse observó como aquellas puertas se empezaban a cerrar en sus narices, en un movimiento rápido y algo torpe logró entrar. Su mirada hizo un recorrido rápido por los botones y se extraña al ver seleccionado el piso al cual se dirigía.
–Que raro.—dice para si misma
Da algunos pasos hacía atrás los cuáles se interrumpen al toparse con alguien. Al voltear ahoga un grito al ver a una persona ahí.
–¡L-lo siento mucho! No te había visto, ni siquiera sabía que estabas ahí. No fue mi intención.— se disculpaba como si su vida dependiera de ello
Aquella chica solo la miro un par de segundos y llevo su mirada al frente. Vestía un traje de seda gris plomo que caía sin una sola arruga, y su postura era tan perfecta que hacía que Elisa se sintiera como un desastre natural en comparación. Sus ojos eran claros, analíticos y extrañamente tranquilos.
–¿Cómo no me pude dar cuenta que estaba ahí?
Aquellas puertas se abrieron en el piso 12, el cual se encuentra en un silencio sepulcral, lo que hace que sus tacones y sus pasos apresurados suenen como disparos. Al acercarse a la puerta toma la decisión de acercar su gafete al lector de proximidad, pero el aparato emitió un pitido rojo de rechazo.
—Maldición —susurró Elisa, golpeando el plástico contra el sensor otra vez. Nada.
La chica misteriosa se acercó por detrás. Sin decir una palabra, extendió su mano y acercó su propio gafete, el cual no tenía nombre visible, solo un diseño minimalista. Al contacto con el escáner, el aparato emitió un sonido de aprobación, un clic electrónico profundo y suave, y la luz se tornó de un azul brillante. La puerta se desbloqueó instantáneamente. Antes de que Elisa pudiera agredecerle, la chica ya caminaba por el pasillo principal con una seguridad que sugería que ese edificio, y quizás el mundo entero, le pertenecía. Elisa entró a la sala de juntas con la cabeza gacha, esperando una lluvia de reproches por parte del instructor. Sin embargo, el Sr. Garrinson estaba demasiado ocupado ajustando una presentación en la pantalla gigante. Aprovechando la distracción, Elisa se escabulló hacia el único asiento libre al fondo.
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Código de Lealtad
RomanceEn el despiadado mundo de la alta estrategia corporativa, Margo Blackwood es conocida como la "Directora de Hierro": una mujer cuya eficiencia robótica y frialdad quirúrgica han mantenido a flote el imperio de los Drakos. Sin embargo, su sistema per...
