El aire olía a electricidad gastada y promesas rotas.
Sunoo respiró hondo, sintiendo cómo el vestíbulo del exclusivo loft se cerraba a su alrededor como una campana de cristal. Al otro lado de las puertas dobles de madera barnizada, el latido sordo de un bajo penetraba en los huesos, una frecuencia que hablaba directamente a la médula. Se ajustó el borde de su suéter beige—demasiado claro, demasiado limpio para este lugar—y lanzó una mirada de auxilio a Jake.
"Todavía estamos a tiempo de irnos por unos ramen", murmuró, pero su voz se perdió en el estruendo que filtraban las puertas.
Jake solo sonrió, ese gesto despreocupado que siempre funcionaba como un salvoconducto universal. Con su chaqueta de cuero negro y el pelo teñido de un rubio ceniza, parecía pertenecer aquí. Como si hubiera nacido entre humo de máquina y neón.
"Relájate, Sun. Te lo prometo, es una experiencia cultural". Jake le dio un golpecito en el hombro. "Además, Jungwon dijo que tenías que salir de tu burbuja, ¿no?"
Mencionar a Jungwon fue un golpe bajo. Sunoo pudo casi escuchar la voz tranquila de su mejor amigo: "Observar es tu don, Sunoo-yah. Pero hay cosas que no se pueden entender desde la ventana. A veces hay que pisar el barro".
Las puertas se abrieron.
El impacto fue físico.
Una pared de sonido los golpeó: un ritmo industrial mezclado con voces etéreas, sintetizadores que se retorcían como serpientes. La luz era un animal vivo—latidos de neón magenta que iluminaban caras sudorosas, destellos de azul cobalto que congelaban gestos de éxtasis, ráfagas de blanco puro que cegaban por un instante antes de sumir todo de nuevo en la penumbra violácea.
"¡Vamos!" gritó Jake en su oído, tomándolo del brazo.
Sunoo se dejó llevar, su mente de coreógrafo registrando automáticamente la escena: los cuerpos no bailaban, flotaban, entregados al ritmo como ofrendas. El humo danzaba bajo los haces de luz, formando fantasmas efímeros. En el aire flotaba una mezcla de perfume caro, sudor, whiskey y algo más dulce, prohibido.
Se abrieron paso hacia una barra iluminada con luces LED azules. Detrás de ella, un hombre alto con el cabello perfectamente peinado hacia atrás y un traje que costaba más que el alquiler mensual de Sunoo, mezclaba cócteles con la precisión de un cirujano.
"Jay, este es Sunoo", presentó Jake, alzando la voz sobre la música. "Sunoo, Jay. El mago detrás de todo esto".
Jay lo evaluó con una mirada rápida y profesional que pareció registrar cada detalle: el suéter, la postura defensiva, la belleza etérea que Sunoo siempre había considerado incómoda. Una sonrisa cortés—ni cálida ni fría—apareció en sus labios.
"Heeseung mencionó que vendrías", dijo Jay, deslizando un vaso con un líquido color ámbar hacia Sunoo. "Agua de manantial noruego con gas. Creo que es más tu estilo".
Sunoo parpadeó. "¿Heeseung? ¿Me mencionó?"
La sonrisa de Jay se tornó un poco más genuina. "A Heeseung le gusta saber quién entra en su territorio. Especialmente las caras nuevas que parecen... fuera de lugar". Su mirada se desvió por un momento hacia lo alto, hacia la cabina del DJ elevada en una plataforma de acero y vidrio.
Siguiendo su mirada, Sunoo alzó la vista.
Y el mundo se detuvo.
O más bien, todo siguió moviéndose—la multitud, las luces, la música—pero para Sunoo, el tiempo adoptó la viscosidad de la miel.
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Slow Down | Heesun
FanfictionSunoo, coreógrafo controlado, conoce a Heeseung, productor musical peligroso y magnético. Lo que empieza como colaboración artística se convierte en una obsesión intensa y adictiva. Entre música, sudor y noches en el estudio, descubren que algunas a...
