capítulo 1 - del otro lado de la línea 📞

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Todo comenzó con una decisión que, en su momento, pareció inocente.

El padre de Steve Harrington pensó que unas vacaciones harían bien a la familia.

—Colorado será bueno para ustedes —dijo una mañana—. Aire fresco, montañas, tranquilidad.

Steve no estaba convencido, pero no discutió.

Finney tenía apenas doce años y Gwen once. Ambos parecían emocionados, sin imaginar que ese viaje marcaría sus vidas para siempre.

Colorado los recibió con frío… y con silencio.

Al principio, todo fue normal: una nueva casa, una nueva escuela, nuevas calles que parecían tranquilas.

Hasta que Finney desapareció.
Lo que ocurrió después fue un infierno.

Un sótano.

Un teléfono negro que no funcionaba… pero que sonaba.

Voces de niños que ya no estaban ahí.

Y un asesino y pedófilo que creía tener el control sobre aquel niño indefenso.

Pasaron cosas muy graves, como la muerte del hermano del raptor.

Finney sobrevivió a aquel día.

Pero nunca volvió a ser el mismo.

Gwen, por su parte, comenzó a tener sueños. Sueños que no eran solo sueños.
Visiones. Advertencias. Gritos que nadie más escuchaba.

Después de aquello, la familia Harrington se quedó en Colorado, pensando que todo volvería a la normalidad, pero…

No fue así.

Los años pasaron y los horrores continuaron.

La oscuridad no había terminado con el primer encierro.

Lo ocurrido después —lo que todos llamarían el segundo incidente— dejó cicatrices aún más profundas.

Finney y Gwen aprendieron a sobrevivir… pero no a vivir en paz.

Hasta que una noche, Finney tomó el teléfono.

Esta vez, sí funcionaba.

—Hola, Steve… —dijo con la voz quebrada cuando escuchó a su hermano—. Queremos volver.

Del otro lado de la línea, Steve se quedó en silencio.

—Queremos vivir contigo —continuó Gwen—. Ya no podemos quedarnos aquí.
Finney respiró hondo.

—Y… no vamos solos. Hay alguien más.
Un amigo.

Steve no preguntó nada más.
No pidió explicaciones.

—Está bien —respondió finalmente—. Solo pidan permiso… y tráiganlo. Yo aquí los cuido, ¿sí?

Luego, con una voz más firme, añadió:

—Después de todo lo que pasaron… no los voy a volver a dejar solos. ¿Escucharon? Hagan sus maletas y vengan a casa. Yo voy a recogerlos mañana a la estación.

Finney cerró los ojos.

Por primera vez en años, sintió algo parecido a esperanza.

Hawkins los estaba esperando.

Se pusieron a empacar para que, en la madrugada, tomaran el camión rumbo a Hawkins.

—Vamos, Gwen, hay que dormir.
Mañana será un día muy largo —dijo Fin.

—Claro —contestó Gwen, yéndose a su cuarto.

A la mañana siguiente, en Hawkins

El autobús se detuvo con un leve chirrido al llegar a Hawkins.

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