Capitulo 1- Un nuevo comienzo.

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   PRÓLOGO

¿

Alguna vez te has preguntado qué pasaría si la chica popular de la clase se enamorara de ti?
¿Sabría decirte lo que siente?
Las populares rara vez se enamoran de otras chicas, porque se supone que deben ser “las chicas hetero que aman a los hombres y los provocan”.
¿Pero una chica popular puede ser lesbiana o bisexual?
Eso mismo me preguntaba yo. Pensaba que no existía ninguna.
¿Cómo iba a ser una chica plástica, que rebaja a otras chicas, lesbiana?
Eso era imposible… ¿no?
¿Y si te dijera que no lo es?
¿Cómo reaccionarías?
Y, más importante aún…
¿cómo reaccionarías si te digo que enamoré a una?

Ross
Hoy empiezo en mi nuevo instituto.
La alarma no paraba de sonar, cada vez más fuerte, mientras yo seguía medio dormida, aferrada a la almohada. De repente, la puerta de mi habitación se abrió de golpe.
Era mi madre.
Tenía el ceño fruncido y los brazos cruzados. Mala señal.
—Teresa: ¡ROSS! ¡DESPIERTA YA! ¡VAS A LLEGAR TARDE AL INSTITUTO!
Me levanté de un salto, con el corazón latiéndome a mil por hora. La miré con los ojos abiertos como platos.
—Ross: ¡MAMÁ! ¡ME HAS ASUSTADO!
Miré el reloj.
7:30.
No.
No, no, no.
—¡Solo quedaba media hora!
Salí disparada hacia el armario y agarré lo primero que encontré: una camiseta blanca y unos vaqueros. Me los puse casi sin respirar y corrí al baño para colocarme mis típicas pinzas en el pelo.
Tenía que dar buena impresión.
Era mi primer día en un instituto nuevo, después de todo.
Cogí la mochila, abrí la puerta de casa y salí corriendo… sin desayunar.
Genial, Ross. Empezamos bien.
Cuando llegué al instituto eran las 7:50. El edificio era enorme y el patio estaba lleno de gente: grupos de chicas riendo, chicos empujándose entre bromas, miradas que parecían conocerse de toda la vida.
Yo no conocía a nadie.
Entré al edificio intentando no parecer perdida, aunque claramente lo estaba. Miré el horario en mi móvil mientras caminaba deprisa por los pasillos.
7:56.
—¡Genial…!
Mi madre me había dicho que mi clase era la 5-A1. Corrí por pasillos cada vez más vacíos hasta que, al fondo, vi una puerta con el cartel.
Ahí era.
Tragué saliva.
—Ross: Vale… es aquí.
Apreté el pomo y abrí la puerta lentamente, esperando encontrar una clase normal.
Pero no.
Nada me había preparado para eso.
Chicas subidas en las mesas, otras levantándose la falda sin ningún pudor para provocar a los chicos. Una pareja besándose contra la pared como si estuvieran solos. Risas altas. Miradas desafiantes.
Y entonces… silencio.
Todos se giraron hacia mí.
Sentí cómo me observaban de arriba abajo.
Mi camiseta blanca.
Mis vaqueros simples.
Mis pinzas en el pelo.
¿Me miraban raro por ser la nueva…
o porque yo no encajaba en ese lugar?
En ese instante supe una cosa:
Este instituto no iba a ser normal.
Y yo tampoco saldría intacta de él.

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