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Miles de sentimientos, traumas, decisiones, y todos los humanos cargados de tales sensaciones

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Miles de sentimientos, traumas, decisiones, y todos los humanos cargados de tales sensaciones. ¿Un fallo en la programación? Quizá. ¿Un error de diseño en la creación? Tal vez. ¿Un don encumbrado en su imperfección? Es posible.

⠀ ⠀Pero nada de eso debía ser un problema en la majestuosa y perfecta ciudad de Yūgen, la capital de Parlamento. Un mundo plano y rectangular donde los tonos plateados y dorados cubrían kilómetros de mampostería excelsa. Columnas corintias, jónicas y dóricas se alzaban como monumentos a la elegancia perdida, en una mezcla sublime de arquitectura neofuturista, art déco y barroca. Allí, la biotecnología no solo avanzaba: parecía respirar, latir y evolucionar, igual que un corazón oculto dentro de sus cúpulas imponentes.

⠀ ⠀Bajo el domo de millones de pantallas bioluminiscentes, recreaban un mundo perfecto, una imitación del paraíso; el despertar de una estrella mayor, con el soñar de un astro menor. Cubiertos por el poder del Velo y furtivos de la existencia ajena, de la vida más allá de la vastedad universal.

⠀ ⠀Ellos, los entes, no conocían sentir y sonreír, era un algoritmo predispuesto en su código de serie. Sistematizados para el amplio trabajo de las Oficinas Sacramentas. Divididos para cumplir con sus objetivos en específico, y programados para hacer, terminar, seguir y no cuestionar su existencia que se reducía a cifras numéricas.

⠀ ⠀El Creador habría logrado la perfección, ese balance único e inigualable. Sus hijos eran la máxima representación de su perfeccionismo estipulado y de sus inmensas ganas de lograr la cúspide en su especie.

⠀ ⠀ΣA-01713-EQUIL era un ente, mejor conocido como un rango Sigma de clase Alta. Un Luminar al mando de la oficina Equilibred, responsable de supervisar el balance general del domo.

⠀ ⠀Era un cargo compartido por miles de su género. Su rostro, delicado y de acabado perfecto, podía repetirse en algún rincón de las infinitas creaciones. Sin embargo, jamás lo sabría ni se cruzaría con un símil. Y si el infortunio lo llevara a ello, nada cambiaría, pues su programación no debía alterarse en ninguna circunstancia.

⠀ ⠀Dicha clase tenía el privilegio de recibir los cuerpos más refinados. Cada línea había sido trazada con precisión absoluta, reflejando la paciencia de un dios cauteloso y meticuloso. No presentaban imperfecciones, y sus facciones, gestos y movimientos alcanzaban la máxima excelencia.

⠀ ⠀Caminó por las mismas calles y a la misma hora, directo a su oficina. Saludó y sonrió a los mismos compañeros de siempre antes de ocupar su lugar: un cuarto de cuatro por cuatro metros, donde lo aguardaba un rostro de idénticas dimensiones. Sus dedos descansaron sobre la lengua cubierta de botones y números mientras que en los ojos se reflejaban millones de líneas de equilibrio.

⠀ ⠀Esa habría sido la rutina desde su creación, hace veintiséis años.

⠀ ⠀Nada debía ser diferente. Si tan solo alguna creación alteraba la paz de la ciudad, los entes Vigilus de las oficinas Eirenium, siempre estaban dispuestos para cualquier altercado, sin que las demás creaciones se enteraran, pues nunca miraban hacia otro lado mientras trabajaban.

⠀ ⠀Esa repetitiva y bella tarde que ofrecía el cielo artificial de Parlamento, sería distinta. ΣA-01713-EQUIL miró la pantalla azulada que solo mostraba líneas y números, para luego suspirar. Se dispuso a preparar todo antes de partir, hasta que un mensaje llegó a su bandeja de entrada.

⠀ ⠀No era común, las alertas solo llegaban en momentos específicos, en circunstancias que regularmente alteraban el ciclo natural de manera homogénea.

⠀ ⠀—¿Has visto el cielo hoy...?

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