El No que Despertó al Poder

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El edificio de cristal se alzaba sobre Tokio como un altar moderno. Dentro, todo era silencio, trajes oscuros y miradas que evitaban sostenerse demasiado tiempo.

En la cabecera de la mesa estaba Shirayuki Kurogane.
La mujer más poderosa del país.
Su piel pálida contrastaba con el brillo dorado de sus ojos. Su cabello blanco caía recto sobre sus hombros, impecable, como si el mundo no tuviera permiso de despeinarla.
Sostenía una pluma.

-¿Confirmamos la adquisición de la universidad central? -preguntó uno de los directivos.

Shirayuki parpadeó lentamente.

-Sí -respondió-. Procedan.

Los documentos se deslizaron frente a ella.

-¿Desea revisar los contratos? -añadió otro.

-No será necesario.
Firmó.

Su trazo era perfecto, pero su mente no estaba ahí.

Se había quedado detenida en una cafetería pequeña.

-No es que no te aprecie -había dicho la joven-. Pero no siento lo mismo.

-Lo entiendo -había respondido Shirayuki-. Gracias por decírmelo sin rodeos.

No hubo reproches.

Solo una despedida limpia.
Y aun así, algo dentro de ella se había quebrado.

-¿Se encuentra bien, señora Kurogane? -preguntó su asistente.

Shirayuki alzó la mirada.

-Estoy bien -dijo-. Solo aprendí algo nuevo hoy.
Firmó el último documento.

-Puedes retirarte -añadió.

El asistente asintió, aunque no parecía convencido.

En otra parte de la ciudad, Aoi Hanazawa caminaba con libros bajo el brazo.

-Hanazawa -la llamó una secretaria-.

Necesitamos verte un momento.

-¿Ocurre algo? -preguntó Aoi, deteniéndose.

-Nada malo -respondió la mujer con una sonrisa-. Al contrario.

Dentro de la oficina, Aoi recibió un documento.

-Tu beca ha sido aprobada por la máxima autoridad del país.

-¿La máxima autoridad? -repitió Aoi.

-Sí. Shirayuki Kurogane.
Aoi sintió que el aire le faltaba.

-¿Ella...? -murmuró.

-¿La conoces?

-No -respondió rápido-. Solo... he oído su nombre.

Al salir, su celular vibró.

Un correo institucional.
A partir de hoy, Aoi Hanazawa queda oficialmente bajo mi tutela académica.
Shirayuki Kurogane.

Aoi frunció el ceño.
-Esto no puede ser real...
-Sí lo es.

La voz llegó suave.

Shirayuki estaba a unos pasos de ella.
-Señora Kurogane -dijo Aoi, inclinándose-. Yo no esperaba...

-No vengo por ti .-dijo Shirayuki-. No tendría sentido.

Su voz era correcta.
Educada.
Pero distante.
Aoi la miró con atención.

-Entonces... ¿por qué ayudarme?
Shirayuki sostuvo su mirada solo un instante.

-Porque el talento merece oportunidades -respondió-. Y porque los asuntos importantes no se dejan inconclusos.

-No quiero sentir que le debo algo.

-No me debes nada, amenos que lo deses. -dijo-. Tu futuro no es una moneda de cambio.

Hubo una breve pausa.

-¿Puedo seguir viéndola con normalidad? -preguntó Aoi.

Los ojos azules de Shirayuki se movieron apenas, como si midieran algo que no iba a decir.

-Eso no es algo que deba preocuparle ahora -respondió-. Tiene cosas más importantes que atender.

Miró su reloj.

-Y yo también.
Se inclinó levemente, formal.

-Buenas noches, Hanazawa-san.
Y sin esperar respuesta, dio un paso atrás.

Un asistente ya la esperaba a unos metros.

Shirayuki retomó el paso sin volver la mirada, como si el encuentro hubiera sido solo una coincidencia entre muchos asuntos del día.

Aoi la vio alejarse entre la gente.
Se sintió...
puesta en pausa.

Su vida ahora esta en llamas desconocidas.

*El No que Me Hizo Tu Dueña *Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora