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01.

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En Seúl, el invierno siempre olía a metal y café barato. Para Gi-hun, ese año también olía a alfa.
Nunca había planeado fijarse en él. Mucho menos en un profesor.
Pero In-ho no pasaba desapercibido: la voz grave que se colaba por el aula, la forma en que se quitaba el abrigo negro al entrar, el control casi cruel que tenía sobre sus propias feromonas. Un alfa impecable. Casado, además. Intocable.
Gi-hun, omega universitario, había aprendido a sobrevivir con supresores y silencio. Hasta que aparecieron los celos.
Todo empezó una noche absurda, después de ver a In-ho reírse con una profesora en un bar cercano al campus. Gi-hun no pensó, solo siguió el impulso, ese fuego bajo la piel que los omegas aprenden a temer. In-ho lo reconoció de inmediato, como si lo hubiera estado esperando.

—Esto es un error —dijo el alfa, ya demasiado cerca.
—Entonces no mires —respondió Gi-hun.

No fue amor. Nunca lo fue.
Fue rabia, fue orgullo, fue la necesidad de sentirse deseado aunque fuera por un instante.
Después de eso, se repitió. Siempre en secreto. Siempre con la excusa de que no significaba nada. In-ho jamás prometía quedarse, Gi-hun jamás pedía. Se encontraban entre clases, en apartamentos prestados, en hoteles impersonales donde nadie preguntaba nombres. El alfa siempre se iba antes del amanecer.

—Tienes que dejar de hacer esto —le decía In-ho cada vez.
—Cuando tú dejes de volver —contestaba Gi-hun.

Pero los celos cambiaron de forma. Ya no ardían hacia otras personas, sino hacia la vida que In-ho tenía fuera de él. La esposa invisible. El anillo que a veces olvidaba quitarse.

Gi-hun se enamoró sin darse cuenta. Lo supo el día que el olor de In-ho dejó de ser solo deseo y se volvió hogar. Lo supo cuando empezó a esperarlo aunque no hubiera mensaje. Cuando aceptó un dolor más hondo que el cuerpo.

El último encuentro fue distinto. In-ho estaba tenso, distante.

—No podemos seguir —dijo.
Gi-hun sonrió, cansado.
—Eso dijiste la primera vez.

El alfa lo miró como si quisiera memorizarlo. Como si ya se estuviera despidiendo.

—Mi esposa está embarazada.

Las palabras cayeron como nieve sucia. Gi-hun no lloró. Los omegas aprenden a no hacerlo delante de alfas.

—Felicidades, profesor —dijo, usando el título como una cuchilla—. Entonces ya está. Se acabó.

In-ho no lo contradijo. Se fue sin tocarlo.

Gi-hun dejó la universidad ese semestre. Consiguió trabajo lejos del campus. Cambió de rutina, de supresores, de vida. Se repitió que había sido solo un error químico. Que el amor era una fantasía cara.

Meses después, en una clínica del sur de Seúl, lo volvió a ver.

In-ho estaba sentado solo, sin anillo, con el rostro agotado. Cuando levantó la vista y lo reconoció, el aire se tensó de inmediato.

—Gi-hun...
—No deberías estar aquí —respondió—. Tu esposa.

In-ho negó despacio.

—Nunca hubo embarazo. Nunca hubo esposa como tú crees.

Le explicó entonces. Un matrimonio contractual. Un acuerdo antiguo para mantener su estatus como alfa "estable". Una mujer beta, ahora en otro país, libre desde hacía meses. Todo había sido una jaula bien decorada.

—Te dejé ir porque pensé que era lo correcto —dijo—. Pero perderte fue lo único que no pude soportar.

Gi-hun lo miró largo rato. El amor seguía ahí, silencioso y peligroso.

—No soy un error —dijo al fin.
—Nunca lo fuiste —respondió In-ho.

Afuera, Seúl seguía oliendo a invierno. Pero por primera vez, Gi-hun pensó que tal vez, solo tal vez, el futuro no tenía que doler tanto.

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tuve q publicarlo porq llevo con esta historia desde hace banda

In-ho y Gi-hun. 💘Bağımlısı olacağınız hikayeler. Şimdi keşfedin