Hay una casa boca abajo que los ancianos llaman Úemer, se encuentra más a allá de los Bosques de Huesos, atravesando las Montañas de Cristal. Dicen que la colocó allí la Creadora de Mundos, y que así se mantendrá por infinitos siglos. Su situación es un misterio y sólo durante la época de los Mil Héroes, hubo un único ser que logró cruzar sus puertas de dientes afilados y nunca regresó.
No sólo los locos cuentan historias de la Casa Úemer, también ha quedado narrado en las antiguas pinturas que hay en los templos del Montículo, y en los viejos camposantos que albergan las fosas comunes de los que dejaron de vivir. Las paredes hablan de un acontecimiento ocurrido cuando la vida no habitaba el cosmos, cuando la Creadora de Mundos dibujó los seres que deseaba colocar en un lugar llamado Onur-ra...
Con los primeros rayos de las primeras estrellas, con la más primitiva energía, la Creadora de Mundos moldeó vida, codificó células autosuficientes para poblar el Onur-ra, pero pronto se dio cuenta de que había codificado multiformes abominantes que faltaban al respeto a la belleza cósmica. La deformidad no podía ser algo que habitara en un mundo regido por las leyes de la física y la Creadora, intentó destruir lo creado.
Pero el Onur-ra sobrevivió. Su expansión indomable no pudo ser detenida, ni siquiera por quienes ostentan las fuerzas más poderosas. Ya había dado comienzo, se estaba edificando un conjunto de universos crecientes imposibles de eliminar, lugares incontrolables que creaban otros lugares incontrolables. Sin embargo, la pericia de los seres primigenios es indiscutible, y la Creadora engañó a la materia dibujando un lugar nuevo, un lugar escondido en las paredes invisibles del cosmos y custodiado por los etéreos. Ese lugar lo llamó: En-ra.
Quizá no hayáis oído hablar de ese lugar, pues su situación escapa incluso del entendimiento de los horizontes de sucesos... En ese espacio se escondieron esas primeras creaciones; seres deficientes, faltos de claridad, individuos grotescos que nunca se plantearían la posibilidad de haber sido repudiados por su padre. Quienes vivimos en este olvido, sabemos que se dejó escrito en las estrellas, que En-ra y Onur-ra nunca sabrían el uno del otro, nunca se mezclarían, y solo habría un lugar donde los dos universos confluirían, sólo un túnel dimensional al que la Creadora llamó la Casa Úemer.
En el Nido, nos enseñan a temer a la Casa. Ese horrible lugar que se alimenta de nuestra abominación y deformidad. Somos el desperdicio del Universo, somos el prototipo inicial de una civilización que la Creadora desechó como defectuosa. En-ra es un lugar asfixiante y claustrofóbico, donde los días y las noches se mezclan, donde el plano de nuestra realidad tiene vértices finitos que terminan en una caída a las fauces de Akhentar, la Serpiente Crepuscular, la que devora mundos. En nuestra bóveda celeste se pueden ver los ecos del Onur-ra, y el brillo de las estrellas que nos llega desde hace millones de años. A veces, aparece un gran ojo en ese cielo y todos sabemos de quien se trata; es el vigía de Uthuer, aquel que todo lo ve. Cuando su gran ojo se posa en nosotros, significa que Akhentar ha saciado su apetito y pronto los restos de lo que no digiera vendrán a parar al En-ra.
Muchas fueron las noches en las que miré a ese cielo junto a Mèrope. Observábamos el Bosque de Huesos, y luego, las Montañas de Cristal. Una noche me llegaron los ecos de una melodía universal que atacó mi cordura y estremeció mis pieles. Absorbida por el canto, abandoné el Nido. Estaba decidida, tenía que saber que había al otro lado del umbral secreto de la Casa Úemer.
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La Casa Úemer
Science FictionHay una casa boca abajo que los ancianos llaman Úemer. Se encuentra más allá de los Bosques de Huesos, atravesando las Montañas de Cristal. Dicen que la colocó allí la Creadora de Mundos, y que así se mantendrá por infinitos siglos. Este es un viaje...
