Lía Moreau aprendió a entrar a los lugares como si no dejara huella.
Cabeza en alto, pasos firmes, expresión neutra. Era un mecanismo de defensa. Si nadie notaba su miedo, nadie podía usarlo contra ella.
El instituto olía a rutina y a secretos ajenos. Risas en los pasillos, miradas curiosas, cuchicheos inmediatos.
-La nueva -susurraron.
Lía ignoró todo y se sentó al fondo del aula, junto a la ventana. Siempre cerca de una salida. Siempre lista.
Entonces ocurrió.
Sintió esa presión en la nuca. Esa sensación que solo aparece cuando alguien te observa con demasiada atención.
Alzó la mirada... y lo vio.
Adrián Vega estaba recostado en su asiento, con los brazos cruzados y los ojos fijos en ella. No sonrió. No apartó la vista.
Era una mirada oscura, profunda... como si intentara leer algo que ella había enterrado.
El corazón de Lía dio un golpe seco.
No por atracción.
Por reconocimiento.
Ese chico veía demasiado.
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CICATRICES QUE ARDEN TEMPORADA: 1
RandomAlgunas heridas no sangran... pero queman para siempre.
