La idea de enamorarme

3 0 0
                                        


Cada mañana despierto con la misma pregunta latiendo en el pecho, como un murmullo insistente que no se calla:

¿esto que siento es amor verdadero, o solo la ilusión de creer que lo es?

Me lo pregunto en silencio, mientras el día comienza, mientras mi corazón insiste en sentir antes de entender. Tal vez me enamoré de la idea de amar, de la posibilidad de que alguien existiera capaz de despertar en mí esta ternura profunda, esta necesidad genuina de cuidar, de acompañar, de estar. Tal vez no fue amor lo que nació, sino el deseo sincero de sentir algo real en un mundo donde casi todo se vuelve pasajero.

Te observo a la distancia, como se observa aquello que no se posee pero se admira. Tu sonrisa me atrae con una suavidad peligrosa, de esas que no avisan cuando comienzan a hacer hogar en el pecho. Tus ojos, de ese café claro que se enciende con la luz del sol, brillan cuando ríes, y en ese brillo algo dentro de mí se aquieta, se alegra, se siente en paz. A veces basta verte para que el día tenga sentido. A veces, solo pensarte me arranca una sonrisa involuntaria.

Y entonces aparece el impulso más honesto que conozco: querer estar para ti.

Cuidarte sin que lo pidas.

Celebrarte en tus logros.

Sostenerte cuando el cansancio te vence.

Acompañarte en la tristeza, incluso cuando no sepas ponerle nombre.

Eso, para mí, siempre ha sido amar.

Pero en medio de ese dar silencioso, surge la duda:

¿estoy enamorada de ti...

o de la versión de mí que aparece cuando amo?

Quizá lo que anhelo no es solo tu presencia, sino la reciprocidad. Que alguien me procure como yo procuro. Que me mire con la misma atención con la que yo observo. Que perciba el amor que se me desborda cuando estoy cerca. Que me abrace no solo con los brazos, sino con acciones, con cuidado, con intención.

Porque amar, para mí, nunca ha sido solo sentir.

Ha sido atender.

Escuchar.

Recordar.

Cuidar incluso en los detalles pequeños.

Y duele aceptar que no todos aman así.

Me pregunto si esta calidez que siento en el corazón es amor, o si esta opresión en el pecho, que aparece cada vez que no encuentro cuidado de tu parte, es decepción. Si esa ausencia de reciprocidad tiene nombre, y si ese nombre es desamor. Duele pensar que ambos sentimientos puedan habitar el mismo espacio, que amar también pueda lastimar cuando se ama sola.

Intento ocultar mis emociones detrás de risas, de conversaciones ligeras, de gestos que pretenden normalidad. Pero hay emociones que el cuerpo no sabe esconder. Sensaciones que aparecen sin aviso, que ni siquiera sabía que existían. Me pregunto si alguna vez notaste ese cansancio en mi mirada, ese instante en el que el alma pide ser vista. Yo sí vi preocupación en la tuya, y aun así, hubo momentos en los que entendí que quedarme era lastimarme.

A veces, alejarse no es falta de amor, sino una forma de cuidarse.

Cuando entregas todo lo que eres al amar, cuando cuidas con presencia y con intención, inevitablemente esperas un poco de procuración a cambio. No como exigencia, sino como reflejo. Como señal de que el sentir es compartido, de que no estás sola sosteniendo algo que pesa.

Y fue al mirarte de frente, sin excusas ni expectativas, cuando lo comprendí con una claridad dolorosa:

yo te cuido,

pero tú no me cuidas a mí.

No hay reproche en esta verdad.

Solo conciencia.

Solo la certeza de que amar también implica reconocer cuándo no estás siendo elegida, y aun así, permitirte sentir, aprender y avanzar.

You've reached the end of published parts.

⏰ Last updated: Jan 08 ⏰

Add this story to your Library to get notified about new parts!

¿Amar sin ser elegida?Where stories live. Discover now